Los anfibios de la violencia

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Cosecha Roja-.

Hace casi cien años, Roberto Arlt se preguntaba si hacer literatura con la violencia cotidiana podría ser una fórmula para volverse liviano y vivir feliz. “Creo que no”, se contesta, “pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo”. Ayer, una fotografía suya estuvo detrás de los cuatro intérpretes de la mesa debate “Revista Anfibia: Los cronistas de la violencia”, que se desarrolló dentro del segundo festival Buenos Aires Negra. BAN!

La periodista y escritora Sonia Budassi, de Revista Anfibia, presenta los invitados que participaron de crónicas donde la violencia (física, simbólica, explícita o no), fue protagonista: María Fernanda Berti, maestra de una escuela primaria de Ingeniero Budge; Alejandro Rebossio, experto en análisis de economía; y Sebastián Hacher, periodista y editor.

María Fernanda Berti, que escribió junto a Javier Auyero la crónica “Toda violencia se paga”, contó cómo en un barrio de Ingeniero Budge la ley del ojo por ojo encadena una red de venganzas en la que no se salvan ni los alumnos de uña escuela primaria. “Auyero quería hablar de cómo la contaminación impacta en la vida cotidiana y la investigación nos llevó hacia otro lugar que no pudimos dejar de ver”, dijo Berti y analizó que “el discurso de la inseguridad está dominado por las clases medias y altas, pero lamentablemente los que ponen los números a estas cifras son siempre las clases populares”.

En la crónica “Contrabando: estafa, viveza y tradición”, Alejandro Rebossio iluminó el entramado de ilegalidades y zonas grises que nació en la época del Virreinato y hoy, dólares blue mediante, crece y muta según los vaivenes y las barreras a las importaciones. “Hay un discurso muy reducido de aquello que significa inseguridad, ¿cuántos robos hay por contrabando y evasión tributaria?”, pensó Rebossio en público y se contestó: “la gente que va a la cueva siente que no hay ilegalidad, sin embargo cuando hablás de narcotraficantes sí”.

Sebastián Hacher, que narró la última de las cuatro ferias de La Salada en “La china invisible”, contó la forma en la que conectó una ciudad de 60 mil personas en Ingeniero Budge con mercancías que viajaron desde China vía Chile y Bolivia. “La violencia es un capital y un bien de cambio más de la feria”, dijo Hacher, y ese orden de capitales distinguió entre lo marginal y lo popular, para destacar el “prejuicio y lugar común de decir que los de La Salada son marginales: no son marginales, el discurso hegemónico los margina”.

Cuando Budassi estaba por dar su conclusión de cierre, apareció entre el público el escritor Ernesto Mallo (director del BAN!), e hizo su pregunta incisiva: ¿Por qué escribir estas cosas tremendas? “Porque los hechos me arrastran”, “Para contar mundos complejos”, “Porque los lugares me hablan”. Arlt, como una omnipresencia que gobernaba la sala, quizá hubiera dicho, con su teoría del cross a la mandíbula, que se escribe para vivir y que “cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal”. BAN!

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Foto Laura Muñoz

1 comentario
  1. “No estábamos equipados para estudiar este tema. Por eso, al principio decidimos no prestarle atención, pensábamos que nos distraía de nuestro objetivo. Pero la frecuencia en los registros y la insistencia de los relatos nos terminó forzando a indagar en esas violencias”, confiesa Auyero tres años después de ese punto de inflexión, y a una semana de que La violencia en los márgenes, publicado por la editorial Katz, llegue a las librerías.

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