Aborto y religión: el síndrome de la iglesia vacía

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Por María de los Ángeles Roberto*
Faltan cuatro reuniones informativas para que se termine el debate por la despenalización y legalización del aborto en la Cámara de Diputados en la Argentina. La Iglesia católica ya está haciendo su balance y parece que le da saldo negativo, según la nota editorial de mayo de la revista católica Criterio, publicación alineada con el ala más conservadora de esa religión.

Antes de analizar ese texto conviene hacer la cronología de las declaraciones emitidas por los obispos sobre el tema del aborto en lo que va de 2018. La primera comunicación fue “Respetuosos de la vida”, la difundieron el 23 de febrero de 2018. Los obispos afirmaban en ese mes que la vida humana es un don pero admitían que hay casos en los que “la concepción de esa vida pudo haber sido consecuencia de una acción de abuso y violencia hacia la mujer”. Proponían escuchar tanto a las madres embarazadas que sufrieron una terrible violencia sexual, como contemplar el derecho a la existencia de los inocentes que no pueden defenderse. La pregunta que realizaron en ese documento fue “tal como sucedió con la sanción de la Ley “Asignación Universal por Hijo” ¿no se podrá continuar por ese camino legislativo?” Efectivamente, algunos expositores Pro Vida propusieron que se otorgara una partida de dinero al feto, similar a la AU por embarazo. Quedó demostrado a lo largo del debate que ese intento estaba condenado al fracaso porque, por cuestiones de políticas públicas, es inviable.

Otra de las soluciones que propusieron en esa primera declaración fue priorizar “la educación sexual integral de la ciudadanía”. Seguramente se olvidaron de que las instituciones religiosas tanto católicas como evangélicas son las que frenan el ejercicio pleno de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) —sancionada en 2006— porque están disconformes con el material enviado por el Programa de Educación Sexual Integral del ministerio de Educación. Lo acusan de estar sustentado en lo que el fundamentalismo religioso denomina “ideología de género”.

En abril, ya en el marco del debate en el Congreso, después de una semana de deliberaciones, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) ratificó la posición de la Iglesia en contra de la despenalización del aborto. Con el mensaje transmitido por YouTube “Proponemos una mirada amplia. Toda vida vale”, los obispos reiteraron la postura de la Iglesia en contra de los proyectos de despenalización del aborto. Inauguraron en ese mes el tópico de la defensa de las dos vidas y le sumaron el ingrediente de las condiciones sociales desfavorables, insistieron en que “muchas de estas realidades tienen que ver con la pobreza no resuelta”.

En la nota editorial de mayo de la revista Criterio los obispos admiten su renuncia a expectativas de máxima sobre la despenalización y legalización del aborto. Entre las explicaciones a esa concesión se destacan los siguientes argumentos:

1) No hay ningún texto del magisterio de la Iglesia que afirme directamente que el embrión es persona;

2) La Iglesia reconoce que su tradición en este punto no es unánime, ya que importantes autores (entre ellos, Santo Tomás) defendieron la tesis de que el alma espiritual no es infundida en el cuerpo desde el principio sino sólo cuando ha alcanzado cierto grado de organización;

3) La severidad de la pena del aborto varió según el período de la gestación, y nunca se lo equiparó completamente a un homicidio;

4) La condición humana que algunos le adjudican al embrión no es un tema científico sino filosófico y es imposible llegar a un acuerdo extendido sobre el carácter de persona del embrión humano.

En relación a los casos de violación o donde existe riesgo de vida para la madre y más allá del juicio moral, “la pregunta pertinente –dice Criterio– es si un Estado democrático tiene poder para imponer a la madre bajo sanción penal continuar el embarazo hasta su término”. Sólo les faltó reconocer que no hay ningún texto de la Biblia que mencione al aborto con carácter punitivo y que en 2015, por primera vez en la historia de la iglesia católica, un Papa, el Papa Francisco, a través de una bula, la MisericordiaeVultus (el rostro de la Misericordia), concedió a todos los sacerdotes que absolvieran lo que la Iglesia considera el “pecado del aborto”.

¿A qué se debe este cambio? ¿Qué pasó desde febrero a mayo para que una institución que se mueve con tanta lentitud renuncie a sus expectativas de máxima con respecto al aborto? Por una parte, hay una sociedad que ya no cree que la Iglesia sea la única fuente de conocimiento y sabiduría. Quedó demostrado en la controversia parlamentaria. Por otra parte, desde la misma Iglesia emergieron las voces que cuestionaron su postura. Entre las expositoras en el debate del Congreso hubo teólogas, biblistas y pastoras feministas que quitaron el velo a las prohibiciones de la Iglesia. Desplegaron argumentos bíblicos, eclesiológicos, teológicos y pastorales que dieron cuenta de la falta de información con la que las jerarquías de todas las denominaciones cristianas engañan a sus fieles.

El patriarcado eclesiástico sostiene una estructura basada en la culpa, una culpa que recae casi exclusivamente sobre las mujeres. Es la que oprime a las personas cristianas que han abortado porque, según la religión, son pecadoras y asesinas. Estas expositoras han demostrado lo que la Iglesia ahora se anima a admitir: no hay ningún texto bíblico que haga referencia al aborto, ni magisterio de la Iglesia que afirme directamente que el embrión es persona; ni tradición uniforme sobre el momento en el que se infunde el alma al cuerpo.

Es momento de que la Iglesia deponga las armas y deje decidir a las mujeres, que son las que llenan las calles y concurren a los templos. Sin ellas, las iglesias estarían vacías.

*Profesora en Letras, Magister en Sagradas Escrituras (ISEDET), con una Diplomatura en Prevención de la Trata de Personas (UCA). Es miembro de la Iglesia Evangélica Metodista, integrante del Paro Internacional de Mujeres 8M y del equipo de Comunicación de Madres Víctimas de Trata
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