Aquí vive un represor

“El que vive acá es Alfredo Omar Feito, alias ‘Cacho’. Integró el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército y fue miembro de la patota de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio El Banco y El Olimpo”. Así empezó el escrache en repudio a la prisión domiciliaria del condenado por delitos de lesa humanidad, con la lectura del documento de HIJOS Capital, la organización convocante. Antes, cientos de personas habían caminado las más de diez cuadras que separan el Olimpo -punto de partida de la movilización- de la casa de dos plantas de Feito, en Moreto 1131, en el barrio porteño de Floresta.

El recorrido empezó en lo que fue uno de los centros donde Feito torturaba y hoy es un espacio de memoria, en Ramón Falcón y Olivera. Aún conserva las ventanas tapadas con cemento, como cuando funcionaba como un engranaje del terrorismo de Estado, en un predio que perteneció a la Policía. Una multitud caminó por el barrio y bordeó el Parque Avellaneda camino a la casa del represor. La encabezó el viejo camión, cedido por ATE para los escraches de antaño, con las icónicas señales con las gorras de Juicio y Castigo y globos de colores.

A sus 84 años, Lita Boitano, de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, caminó las primeras cuatro cuadras detrás la bandera y después recorrió lo que faltaba hasta la casa de Feito en la cabina del camión. Desde allí se arengaba: “Olé Olé Olé Olá/Venga vecino/ venga a escrachar/si no hay justicia hay escrache popular”. Detrás, iba la bandera: “El único lugar para un genocida es la cárcel común”. La sostenían muchas de las manos que armaron los escraches pioneros en los 90. El primero, en 1997, fue al médico Jorge Magnacco, cuando el hombre que había atendido en la ESMA los partos clandestinos de bebés robados trabajaba en el Sanatorio Mitre.

El clima era distinto. Ayer en Floresta, desde el zaguán de una casa, un hombre en calzoncillos se sumaba aplaudiendo a través de la reja. A medida que la multitud ocupaba más de tres cuadras de largo y recorría las calles, los vecinos hacían llegar muestras de apoyo con bocinas y aplausos.  Los integrantes de HIJOS Capital y las organizaciones que se integran a la Mesa de Escrache repartían volantes con la biografía de Feito. Muchas personas se sumaban a la columna, como Susana, una mujer que estaba haciendo las compras. “Vivo por acá, sabía del Olimpo pero no de este torturador entre nosotros. Es horrible. Los acompaño”, dijo Susana, y con las bolsas en la mano se sumó a las filas.

De la movilización participaron organizaciones de todos los tamaños y sectores: familiares y víctimas, agrupaciones políticas, ATE, Foetra, organismos de derechos humanos, Mesa Olimpo, Comisión Club Atlético, Barrios por Memoria y Justicia, APDH, Liga Argentina por los Derechos del Hombre, entre otras, así como organizaciones comunitarias con presencia territorial y las murgas Los descarrilados de Parque Avellaneda y Suerte Loca.  

Cuando la multitud llegó a la vivienda de Feito, ya estaba fuertemente custodiada por policías. “Te venimos a escrachar porque hay un solo lugar para los genocidas y es la cárcel”, expresaron desde el camión los HIJOS. Mientras se leían los antecedentes criminales de Feito (“prófugo hasta 2012”, “condenado a 18 años de prisión por el circuito represivo ABO”, “se probó su participación en más de 100 casos”) en la puerta de su casa se desató la acción.

Unos colocaron stencils sobre el asfalto y pintaron una flecha apuntando a la puerta de la casa de Feito: “Acá vive un genocida”. Otros se subían a los postes a colgar carteles señalizando la vivienda del represor. Actores disfrazados de presos y de personajes del poder judicial, sostenían una enorme torta de cumpleaños de utilería. “Vinimos a celebrar que cumplió 70 años”. Y recordaron al leer el documento: “Con los cambios del gobierno de Macri, en agosto pasado, apenas Feito cumplió los 70 años, los jueces Rodrigo Giménez Uriburu, Jorge Alberto Tassara, del Tribunal Oral Federal N° 2, y Ariel Lijo, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 4, le dieron el beneficio de la prisión domiciliaria, sin importar su peligrosidad y el riesgo de que se fugue nuevamente”.

Hoy Feito está siendo juzgado en el tercer tramo de la causa ABO, donde la decisión del tribunal de permitir a los acusados no asistir a las audiencias generó un enorme malestar entre las víctimas y familiares. Cada vez que declaran recuerdan este gesto.

Ayer, Feito debe haber estado allí adentro, del otro lado de las persianas bajas y la oscuridad del frente, porque así lo marca la ley. Debe haber escuchado cuando los oradores anunciaron: “Desde acá te decimos a vos, “Cacho” Feito: no querés escuchar, pero son los testimonios de las víctimas los que te condenan como genocida y te los trajimos hasta acá para que el barrio se entere de quién sos y qué hiciste”. Entonces los testimonios de algunas sus víctimas, fueron reproducidos a todo volumen en la calle. “Fui secuestrada por Feito el 28 de junio de 1978”.

Ayer Raquel Robles, una de las mentoras del “Si no hay justicia, hay escrache”, cuando integraba HIJOS, después de años de alejarse de la militancia orgánica, volvió a sostener la misma bandera y a reencontrarse con sus compañeros de lucha. “Me parece importante este escrache, en muchos sentidos. En principio, por encontrarnos y movernos. Cuando te pegan fuerte, puede haber un momento de inmovilidad, pero después de un año hubo un movimiento efectivo, fuerte, claro. Es el inicio de una búsqueda”, dijo a Cosecha Roja Raquel.

Muchos de los que se movilizaron comparaban los escraches de los 90 con el de ayer. Ella decía: “Nunca se vuelve, siempre es de ida. Pero algo empezó. Hay un reencuentro de algún modo con algo que ya hiciste, aunque sea distinto por hacerlo de vuelta. Lo que queda ahora es imaginar qué significa el escrache, que es sacar a la luz lo que está oculto, en este contexto. Habrá que ver, entre todos los que conformen la Mesa de Escrache, qué significa en este momento histórico: qué es lo que hay que develar. Da felicidad sentirse acompañados contra la impunidad, eso también fue HIJOS en su momento. Es imprescindible volver a tender lazos”.

Silvia Delfino, activista por los derechos humanos, profesora en Letras y Comunicación en varias universidades (UBA, UNLP, UNER) y miembro de la FALGBT, comentaba: “Frente al estupor que produce que se permita a los acusados no asistir a las audiencias de los juicios, como pasa con Feito en ABO, esto posibilita el derecho a la memoria y al testimonio. Instituye ese derecho frente a su propia casa: si no venís al juicio, te lo traemos. Inscribe al testimonio fuera de la escena de la justicia. Por otro lado, me parece importante que esta acción vuelve a reinsertar en la escena a HIJOS como un  sujeto político”.

El documento de HIJOS que se leyó ante la casa del represor, funcionó también como un balance del primer año de gobierno en derechos humanos: “A 40 años del Golpe del 24 de marzo de 1976, el gobierno de Macri intenta permanentemente minimizar la dimensión del genocidio cometido contra nuestro pueblo, a través de discursos reaccionarios, negacionistas y reivindicatorios de la “teoría de los dos demonios”, a la vez que genera un grave retroceso en políticas de Estado de Memoria, Verdad y Justicia. El retroceso del último año en materia de derechos humanos es muy grave: volvimos a tener persecución política, represión y criminalización de la militancia popular. Volvimos a tener un país con presos políticos, por eso exigimos la inmediata liberación de Milagro Sala y todas las compañeras y compañeros de la Organización Tupac Amaru. Hoy venimos a escrachar la domiciliaria del genocida Feito y a decir: ¡basta de impunidad para los genocidas! ¡basta de retrocesos en nuestros derechos! ¡basta de agraviar las luchas por Memoria, Verdad y Justicia!”.

María Eugenia Ludueña
María Eugenia Ludueña

Periodista y escritora, autora de Laura. Vida y militancia de Laura Carlotto.

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