Autocultivo de cannabis: el que quiere verde que le cueste

Un usuario de aceite medicinal cuenta el complicado paso a paso para entrar al Reprocann, el registro que ya tiene más de 30 mil solicitudes en espera. Profesionales que no quieren recetar y el sitio web caído durante más de un mes dificultan la gestión para consumidores terapéuticxs y aumentan el miedo a la criminalización.

Autocultivo de cannabis: el que quiere verde que le cueste

Por Natalia Arenas
17/09/2021

Gabriel tiene 38 años. Durante mucho tiempo convivió con analgésicos y bloqueos con corticoides en la columna que le calmaban temporalmente los dolores lumbares. Los fármacos muchas veces le traía efectos no deseados, como dolores estomacales. A eso se sumaba el temor a los efectos a largo plazo del consumo prolongado en el tiempo.    

Hace dos años descubrió el aceite de cannabis y abandonó para siempre los fármacos. Hoy lleva una vida prácticamente normal sin dolores. “Consumo algo que sé qué contiene y soy consciente de lo que tomo. Lo considero mucho más natural que los fármacos industriales que te traen otros problemas después”, dice a Cosecha Roja.

Elegir el camino de lo natural no es gratis. Por ser cultivador y usuario de cannabis, Gabriel vive con miedo. “Corrés el riesgo de que te allanen y hasta te lleven preso por el simple hecho de cultivar”, explica. 

Por eso, ni bien el ministerio de Salud de la Nación abrió el Registro del Programa Cannabis (REPROCANN), que habilita el autocultivo para uso medicinal, Gabriel comenzó su inscripción.

Pero el camino hacia la legalización de su propia medicina no le resultó nada fácil ni claro. El primer problema fue conseguir une profesional que avale y recete el cannabis. “El programa no tiene un listado de médicos a quien contactar”, cuenta. 

Ni en su obra social ni en la salud pública pudo encontrar alguien que acceda a hacerle la receta para el autocultivo. Recién un mes y medio atrás se contactó con una médica que pertenece a un colectivo de médicxs cannábicxs y le firmó la autorización que requiere el Registro. 

La carrera de obstáculos no había terminado, Cuando volvió a la página web para seguir con su inscripción, apareció este mensaje:

registro

Cosecha Roja se comunicó con el Programa nacional de Cannabis Medicinal para saber cuándo se habilitaría nuevamente el registro. La respuesta fue: “Se está trabajando en poner nuevamente la aplicación activa y seguramente esta semana estará funcionando”. Mientras, Gabriel y otrxs usuaries estuvieron más de un mes a la espera de una solución, hasta que la página volvió a funcionar.

Para Gabriel, “el no poder inscribirte, cuando ya existe el registro correspondiente para hacerlo, te expone nuevamente a la desidia de las leyes vigentes y al miedo de que te lleven preso por cultivar. Genera mucha impotencia realmente”. 

El miedo a la criminalización no es infundado. Como contó Emilio Ruchanzky en esta columna, en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, el delito que más creció es la tenencia de drogas para uso personal, mayormente marihuana, luego del traspaso de figuras menores de la ley de drogas del fuero federal a la órbita de la Justicia local. 

“Continúan en nuestro país, e incluso han aumentado, las detenciones de usuaries, cultivadores, activistas de cannabis y eso tiene que parar”, suma Ignacio Canabal, fundador de la Asociación de Usuaries y Profesionales para el Abordaje del Cannabis (AUPAC), y señala la contradicción del Estado al proponer marcos regulatorios para producción, inversiones millonarias y 10 mil puestos de trabajos, mientras se persigue a jóvenes por estar consumiendo esa misma planta. 

La nueva regulación de la ley y el Registro vienen, en principio, a proteger sólo a les usuaries medicinales.   

La apertura del REPROCANN fue festejada tanto por consumidorxs y cultivadorxs como por organizaciones que hace años luchan por la descriminalización del consumo y la regulación de su uso medicinal.

La creación de este registro venía en línea con un cambio de paradigma histórico: en noviembre del año pasado, el Gobierno nacional publicó una nueva reglamentación de la ley 27.350 que habilitó el autocultivo para uso medicinal. En junio de este año el Ejecutivo presentó en el Congreso un proyecto de ley para regular la producción industrial de la planta de cannabis, sus semillas y derivados a partir de la creación de la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME). Un mes después, el proyecto tuvo media sanción en el Senado.

En julio se conocieron los primeros números del Registro: en tan sólo cuatro meses  17 mil personas ingresaron una solicitud. En agosto, desde el Programa de Cannabis Medicinal del Ministerio de Salud confirmaron que esa cifra se duplicó: 30 mil personas se inscribieron y 8 mil ya recibieron la aprobación oficial. 

“Es la primera vez que en nuestro país se puede obtener un permiso por parte del Estado para acceder al cultivo de hasta nueve plantas de cannabis, ya sea por uno mismo, por un tercero cultivador solidario, o mediante una asociación”, dice Canabal.

“Es el comienzo de un nuevo marco regulatorio que quita a la planta de un lugar tabú, regula su uso medicinal en salud y prepara el terreno para avanzar en otros campos que son el verdadero problema de fondo: la regulación del uso adulto o recreativo”, agrega.

Las organizaciones y asociaciones civiles cumplen un rol fundamental: en su gran mayoría son las que garantizan el acceso al aceite y otros derivados del cannabis. Incluso, les profesionales de la salud que recetan esta medicina natural también están vinculades con organizaciones civiles. Por eso, muchas veces para les usuaries como Gabriel es difícil encontrar une profesional de la salud que avale la necesidad del medicamento.

“En la provincia de Santa Fe, de 18 mil médicos matriculados, sólo una veintena está anotado y solicitó permisos en el Reprocann”, cuenta Canabal. “Esto evidencia un enorme desconocimiento. Hemos recibido muchas consultas en relación a la responsabilidad del profesional y las implicancias de su firma y consentimiento autorizando el autocultivo”.

Más allá de las cuestiones técnicas, que dificultaron la inscripción y generaron una sensación de desprotección en la gran cantidad de usuaries que esperan por la aprobación de su solicitud, desde AUPAC también ponen el ojo en la necesidad de avanzar sobre la formación de profesionales de la salud para que se animen a recetar.

Para Canabal es muy importante que organizaciones y universidades hayan abierto espacios de capacitaciones, posgrados, maestrías y diferentes modos de acceso a un conocimiento que durante años fue omitido de las currículas: “Es por el camino del acceso a la información confiable, la investigación, y los espacios de formación que se podrá avanzar en esta temática específica, donde hay un gran interés por parte de los usuaries y una necesidad de formación de los profesionales de la salud”.

Natalia Arenas

Natalia Arenas

Licenciada en Periodismo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Diplomada de la Universidad de Buenos Aires en Géneros y Movimientos Feministas. Redactora en Cosecha Roja. Colaboradora en distintos medios. En 2018 ganó el Premio Lola Mora en la categoría prensa digital por su trabajo en Cosecha Roja.
Natalia Arenas