El asesino de Facundo Cabral, en la ruta de la cocaína

Julie López – Plaza Pública .-
El costarricense Alejandro Jiménez González, alias “El Palidejo”, tiene 16 razones para sentir miedo. Encarcelado en Guatemala, acusado de ser el autor intelectual del asesinato del cantautor argentino Facundo Cabral (el 9 de julio de 2011), Jiménez podría resultar involucrado en un proceso por narcotráfico y lavado de dinero contra 16 sujetos en una corte en Brooklyn, Nueva York. Los acusados pertenecen al grupo “Los Rastrojos”, y sus cabecillas, los hermanos Javier Antonio y Luis Enrique Calle Serna, son identificados como las personas que protegerían a Jiménez cuando llegara a Colombia, según afirmó el presidente de ese país, Juan Manuel Santos. “El Palidejo” fue detenido hace casi dos semanas en la costa colombiana del Pacífico, a donde había llegado en barco desde Panamá. Días después fue extraditado hacia Guatemala por el caso Cabral.

No era casualidad que Jiménez llegara a costas del Pacífico de Colombia. La zona era la guarida de Javier Antonio y Luis Enrique Calle Serna, alias los “Combatientes” o “Comba”, que deben su mote a su anterior militancia en el Ejército Popular de Liberación (EPL) en el departamento sur de Putumayo. Algunas fuentes de prensa los identifican como ex paramilitares, como lo son un alto porcentaje de los Rastrojos.

El costarricense salió de una isla panameña con rumbo a Chocó en la costa colombiana. La policía lo interceptó poco antes de encontrarse con sus contactos colombianos, quienes, según el diario colombiano El Tiempo, le habían tramitado “cédula y pasaporte original” colombianos y expedidos en febrero pasado “con el nombre de Carlos Emilio Cardona Martín”.

Los Comba y los Rastrojos, que también operan en un sector de Venezuela (a decir de autoridades colombianas), figuran entre las cuatro organizaciones de narcotráfico más fuertes de Colombia, de acuerdo con el presidente Santos. También operaban en Ecuador, donde otro hermano Calle Serna (Juan Carlos) fue capturado el pasado 16 de marzo por narcotráfico.

El director de la policía colombiana, Óscar Naranjo, reveló que “El Palidejo” era un nexo entre un cartel de Colombia y el mexicano Cartel de Sinaloa, liderado por Joaquín “El Chapo” Guzmán. Luego la policía de investigación explicó que “El Chapo” había pedido la protección del costarricense a los Rastrojos.

La fiscalía en Guatemala maneja la hipótesis de que Jiménez contrató a tres sicarios para asesinar al nicaragüense Henry Fariñas, supuestamente porque éste no le quiso vender un casino o un establecimiento nocturno en Costa Rica. Otras versiones extraoficiales rezan que una transacción fallida de lavado de dinero originó la vendetta, que sólo dejó a Fariñas herido, pero mató a Cabral, que viajaba en el asiento de copiloto. El nicaragüense llevaba al cantautor al aeropuerto para discutir la organización de otros conciertos en Centroamérica.

En Costa Rica, Jiménez está acusado de lavado de dinero, por amasar inexplicablemente una fortuna en una década posando como “distribuidor de frutas y verduras”, y Nicaragua investiga si el sindicado tiene vínculos con el narcotráfico en ese país.

Pero Jiménez jugaba en ligas aun mayores.

“Jiménez movía grandes cantidades de cocaína para los Rastrojos hacia Centroamérica, principalmente por Guatemala, y le entregaba toneladas de droga a los carteles mexicanos, incluido el de Sinaloa”, según Michael Vigil, ex agente especial de la Agencia Federal Antidrogas de EE.UU. (DEA, por sus siglas en inglés). Vigil, retirado en 2004, y quien trabajó encubierto en Colombia y México, reveló que el costarricense también lavaba millones de dólares (en bancos y compra de propiedades) para los mexicanos. En esencia, era la bisagra entre varios de los narcotraficantes más buscados por la justicia estadounidense.

Sálvese quien pueda

En diciembre de 2011, los “Comba” demostraron estar dispuestos a lanzar al agua hasta a sus principales socios en el narcotráfico, para salvarse. En el diario colombiano El Tiempo divulgó que los hermanos Calle Serna negociaban su entrega a la justicia de su país y un trato benevolente con la justicia estadounidense, por medio de la DEA. Luego, en febrero pasado, el presidente Santos reveló que los “Comba” también estaban anuentes a facilitar información que llevara a la captura de “El Chapo”.

Las autoridades en México y Colombia no revelaron si la fallida captura del líder del Cartel de Sinaloa, en Los Cabos, Baja California, en febrero pasado ocurrió por la información que divulgaron los hermanos Calle Serna.

Todo esto sucedía mientras “El Palidejo” Jiménez buscaba una guarida dónde ocultarse. Se desconoce si antes de su llegada a Colombia (donde fue capturado), ya había visitado ese país. Lo cierto es que eligió la protección equivocada, y se metió por cuenta propia en las fauces del león. Inteligencia de la policía colombiana indicaba que llegaría un emisario de “El Chapo”. Además, debido a las negociaciones en curso de los hermanos Calle Serna, las zonas donde se movilizan están fuertemente vigiladas. Y es ahí donde el costarricense, acusado de ordenar el atentado en el que murió Cabral, se fue a esconder.

El ataque armado dirigido contra Fariñas ocurrió después que la fiscalía de Nueva York presentó la acusación contra 16 sujetos. A todos los identificó como miembros de los Rastrojos y solicitó su captura. La orden fue emitida por una corte de Brooklyn. En el expediente (abierto desde 2006) se les acusa de ser sospechosos de traficar al menos 33.1 toneladas de cocaína por Centroamérica, con la intención de enviarla a EE.UU., entre enero de 2004 y febrero de 2011. Los documentos de la corte tienen tachados 6 de los 16 nombres de los acusados. Entre los visibles, figuran sujetos con el apodo de “Dulcecito”, “Animalito”, y “Niño Malo”.

La fiscalía neoyorkina no revela aún si entre los nombres ocultos con marcador negro figura el de Jiménez. Eso porque, según Vigil, el costarricense era un hombre clave para el movimiento de cocaína de los Rastrojos hacia México. Tampoco aparece el nombre de Luis Enrique Calle Serna, pero sí el de su hermano Javier Antonio, aunque Santos y Naranjo anunciaron este año que los dos hermanos son parte del mismo proceso en EE.UU.

La captura de Jiménez ocurrió nueve meses después del asesinato de Cabral, y después de iniciada la acusación contra los Rastrojos y sus cabecillas en Nueva York. Y el traslado del costarricense a una cárcel guatemalteca no pudo ocurrir en peor momento. Para él. La extradición desde Colombia a Guatemala sólo lo acercó más a los tentáculos de “El Chapo”, que tendrá razones para desconfiar de “El Palidejo” si —como dicen las autoridades colombianas— se encontró o se encuentra bajo la protección de los Calle Serna, quienes pretenden entregar al líder del Cartel de Sinaloa para salvarse.

Jiménez tendría sobrados motivos para estar nervioso si es identificado como proclive a los sujetos que ayudan al brazo de la justicia estadounidense a alcanzar a “El Chapo”. Unos días después de negarse a prestar su primera declaración ante un juez en Guatemala, el costarricense anunció que temía ser asesinado en la cárcel. No ofreció más detalles. Pero no es difícil adivinar por qué tiene miedo. Después de todo, los asesinatos en cárceles guatemaltecas —aunque no son frecuentes— sí han ocurrido, con el agravante que rara vez se identifica al responsable. Y, claro, “El Palidejo”, con sus propias razones para temer por su vida, tiene por qué preocuparse. No faltarán socios suyos que se pregunten si él (Jiménez), con el afán de salvarse, sea capaz de lanzarlos al agua como los Calle Serna lanzaron a “El Chapo”.

Un ejército narco

Los Rastrojos no son poca cosa. Al menos no en tamaño. Mientras que algunas autoridades estadounidenses sitúan el número de sus militantes en “cientos”, una edición de octubre pasado del diario colombiano El Espectador los describe como una tropa de unos 2 mil sujetos. Eran suficientes para que, según la acusación en EE.UU., le cobraran “impuesto” (o derecho de paso) a otras organizaciones del narcotráfico para llegar a la costa por territorio rastrojo.

El Comba Enrique tampoco era pieza pequeña. Es un piloto aviador entrenado, que también opera desde Ecuador (colindante con Putumayo, en Colombia), de acuerdo con Vigil. En sus inicios en las avenidas del narcotráfico, fue uno de los matones de Wilber Varela Fajardo, alias “Jabón”, del Cartel del Norte del Valle, mejor conocido por su nombre ficticio de Milton Jiménez, alias “El Cabo”, en la teleserie colombiana “El Cartel de los Sapos”.

El autor del libro del mismo título, Andrés López, describe al Comba Enrique como un hombre sanguinario, “uno de los hombres más fieros de Varela, que había ganado fama porque no había dejado escapar con vida a uno solo de los hombres que le habían puesto al frente”. El ex agente de la DEA, en tanto, dice que Varela era “muy eficiente en asesinar narcotraficantes rivales, informantes y policías que interfirieran con su negocio de cocaína”, que incluía el envío de trasiegos a Guatemala y México.

Desde Venezuela, el Comba Enrique era el principal suministrador de cocaína para Varela, a quien ayudó a ocultarse en ese país. “Mientras tanto, [el capo] le ordenó a Diego Pérez Henao, alias Diego Rastrojo organizar a un grupo de criminales para proteger sus laboratorios y pistas de aterrizaje clandestinas, y eliminar rivales”, explicó Vigil, quien es consultor de Mission Essential Personnel en EE.UU., una empresa asesora de seguridad. “Pérez Henao reclutó a miembros de las Autodefensas de Colombia (paramilitares) y grupo, que fue conocido como ‘Los Rastrojos’, creció hasta alcanzar los 500 miembros”.

Mientras se ocultaba en Mérida, Venezuela, Varela fue asesinado en enero de 2008 por decisión del Comba Enrique y Pérez Henao, para tomar control de su organización. Así lo declaró la policía colombiana ese año, y también lo confirma Vigil.

Este es el ejército narco que, según el presidente Santos, protegería a “El Palidejo” en Colombia. Ahora, 16 de estos hombres (defendidos por abogados de Miami y Nueva York) se han convertido en un riesgo adicional para el costarricense. Por un lado, porque se mostraron capaces de apuñalar por la espalda al sanguinario Varela y por la traición contra “El Chapo”, porque preso Jiménez ya no les sirve para traficar, y porque tienen muchas otras rutas. Por otro, por la colaboración de los hermanos Calle Serna con la justicia estadounidense, y porque nada le garantiza a Jiménez que los “Comba” también lo lancen al agua para optar a una condena benévola en la corte neoyorkina.

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