Carta de una marica chilena a su amiga en tiempos de dictadura

En un intercambio epistolar entre Argentina y Chile, dos amigas maricas cuentan los días de un país en llamas. Y sueñan con ese abrazo que se darán cuando todo termine.

Foto: Migrar Photo

Por Pabli Balcazar

Foto: Migrar Photo

Amiga, sé que si estuvieras en este territorio que llaman Chile, estaríamos brillando con lentejuelas para detener la injusticia de vivir 30 años con el legado del dictador. Hace más de una semana comenzó una revolución hermosa gracias a jóvenes estudiantes que me recuerdan los días de 2006 cuando marchábamos para demostrarle a la sociedad que debíamos cambiar el modelo neoliberal en la Revolución Pingüina.

Esas pingüinas locas crecieron sin transar su rabia, volvimos  a la calle a incendiarlo todo porque nos quitaron todo. El ministro de Salud hace poco decía a los medios que los jóvenes le han perdido el miedo al Sida y, querida, qué bueno que hoy se den cuenta que le perdimos el miedo a ellos.

Foto: Dani Zárate

Llevamos casi una semana con toque de queda, los militares custodian las calles con sus armas, hay muertos, desaparecidos y torturados. Retornamos a 1973 porque vieron nuestra furia loca clamando por justicia y, sin embargo, todos los días salimos a llenar las calles y enfrentamos sus armas con ollas y palos. “El derecho de vivir en paz” suena en todas partes, la gente se organiza, nos volvemos a mirar a la cara y nos sonreímos porque recuperamos nuestra dignidad y ese sentimiento no se detiene con balas, es un fantasma que recorre América Latina y el Caribe y llegó a despertarnos a todas, locxs, viejxs, marikas, putxs, enfermxs, monstruas que hemos sido apaleadas desde antes que sacaran a los asesinos a la calle. 

Nosotras no tenemos miedo, seguiremos en esta lucha hasta que el pedacito de cielo rojo por el que luchó Lemebel sea el cielo entero para todes. Por fín somos resistencia y no solo poemas, yo me voy ahora pal centro por las que no pueden.

Besos rebeldes.

Diego Zamora, tu amiga Zeta.

Foto: Dani Zárate

Mi niña, mi amiga Zeta,

Te leo y lloro como una magdalena, te he pensado tanto estos días.

Qué ganas de estar juntas en esas mismas calles donde jugábamos a la escondida con otras maricas, lamiendo cuerpos ajenos y tomando una chela mirando el río.

Hoy pensaba que las maricas cuidamos por años la ciudad de noche esperando este momento, con nuestros sexos furtivos e ilegales, ilegales como las protestas hoy en Chile, y pensaba en nosotras caminando por la alameda hasta donde termina el río antes de irnos a nuestras periferias, buscando chiquillos y  hablando por horas de esta utopía que hoy es un poquito menos utópica.

Nos recuerdo caminando por esas calles que fueron nuestro refugio cola, y que hoy son fuego y resistencia.

Foto: Dani Zárate

Me duele tanto ver toda esa violencia y represión contra la gente, pero Chile siempre nos dolió, siempre fue violento, la dictadura no era sólo un recuerdo, y no sé qué chucha era esta wea llamada democracia.

Desde acá me siento impotente, no tengo esa adrenalina hermosa que compensa la rabia y la pena, vemos una y otra vez las noticias que nos llegan por las computaciones y nos llenan de angustia.

A veces no sé qué hacer desde acá, salgo a protestar pero acá he visto cómo pechos fríos apagan los fuegos por pequeños que sean y le quitan las capuchas a los encapuchados. El otro día frente al consulado me lagrimeaban los ojos cuando los mismos manifestantes celebraban que el fuego, que ha sido el símbolo de esta lucha, se extinga a manos bienintencionadas.


Te puede interesar:
Chile: los ciegos que dejó la represión


Intento escribir y que la escritura sirva de algo, visibilizar al menos, pero  siento que no basta con escribir. La escritura no me quita la angustia, gritar como una vieja con otrxs maricas si. Y aunque no me gusta saltar, salto como una ondina cuando gritamos el que no salta es paki, porque eso sí, hay homofobia hasta en la protesta, pero tanto allá como acá hay maricas furiosas que ponen el culo compañero, como dice la pedro.

Pero sabes que a veces después de llorar tanto pienso en que esta lucha quedará en la memoria de Chile sin importar qué pase, y ya no lloro de pena sino de alegría.

 Espero podamos encontrarnos pronto y abrazarnos. Espero que la próxima vez que nos veamos algo de nuestra historia haya sido reparada, y ese abrazo que nos daremos sea el más bello, maricón y libertario que nos hemos dado nunca. 

Con amor y admiración.

Tu amiga Pabli