Caso Ostende: ¿por qué nos horrorizamos cuando la que mata es la madre?

OstendeBenjaminClaudiaAyalaCosecha Roja.-

Claudia Ayala está acusada de matar de un golpe en la nuca a su hijo de dos años años. El cuerpo de Benjamín apareció abandonado en un descampado de Ostende. En un primer momento habían detenido a un hombre llamado Leonardo Aguilera, que ese fin de semana no había estado en la localidad bonaerense.

“Me llevaron a la comisaría, no me querían decir nada, había un montón de gente afuera y me puteaban. Salí con la cara tapada, no entendía nada”, contó a los medios locales. También dijo que él no era el padre de Benjamín. Lo detuvieron porque Claudia lo acusó mientras declaraba en calidad de testigo. Aunque Aguilera tenía una coartada, la repercusión mediática fue instantánea.

El psiquiatra Enrique Stola lo analizó para Cosecha Roja:

“Crónica y algunos periodistas calificaron de “monstruos” al supuesto padre y a la madre. Esto es una forma de ponerlos fuera de lo que consideramos “seres humanos” por la idealización de la ideología humanista. De paso, quedamos en el bando de “los buenos”. Lo cierto es que así somos los llamados seres humanos: amamos, odiamos, podemos ser solidarios o egoístas, matamos para defendernos, porque nos place, porque decimos que es una “guerra justa” y por mil motivos que siempre justifican nuestra conducta. Las personas que cometen los actos más repudiables son sólo humanos y humanas, nunca monstruos”

Claudia fue detenida el mismo día. El miércoles -cuando Leonardo ya había dicho que no era el padre-, se negó hoy a declarar y a que le extraigan muestras de su ADN. Los vecinos de la mujer declararon ante el fiscal y dijeron que no alimentaba a su hijo, que lo maltrataba. Uno de los testigos contó que en una oportunidad le preguntó por Benjamín y ella respondió:

– Estaba tan en pedo ayer que no sé si lo regalé o no.

La Justicia imputó a Claudia por “homicidio calificado por el vínculo” y todos nos horrorizamos: ¿cómo puede ser que una madre mate a un hijo?

En el caso de mujeres victimarias, los jueces son rapidísimos para encarcelar y dar las más altas penas, además de acusarlas teniendo como base todos los estereotipos sociales que puedan usar. El asesinato de niños y niñas parece más grave cuando lo realiza una mujer.

En estos casos está muy presente la creencia acerca de la existencia del “instinto” materno, de la “realización como mujer” es ser madre, la idea de que no hay “nada igual” al amor de una madre. La realidad es que ese instinto no existe, no todas las personas aman igual ni están diciendo lo mismo con esa palabra. Y no todas las mujeres que tienen hijos e hijas los aman.

Millones de mujeres están atravesadas por la falta de educación sexual, la existencia de serios trastornos psicológicos producto de la falta de amor y contención socio-económica adecuada, la dificultad o imposibilidad de concretar abortos en el caso de embarazos no deseados. Ante esas problemáticas, aumentan las posibilidades de que en una situación de alto conflicto vincular, social o  epicrisis en una patología como adicciones o psicosis, esas mujeres lleguen a matar a sus hijos cuando no han sido deseados”, dijo Stola.

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En los últimos años varias mujeres como Celina Benítez y Yanina González fueron acusadas de matar a sus hijos aunque los responsables habían sido sus parejas o ex. El psiquiatra reflexionó:

“¿Prejuicios contra las mujeres en el Poder Judicial? ¡Por cierto! El Poder Judicial es en todo el mundo un poder conservador y mediocre, producto de la sociedad en la que se encuentra y que, por supuesto, tiene profesionales que trabajan muy bien pero no son ellas ni ellos los que dan la impronta a este poder, sino los representantes del poder patriarcal y machista. Las mujeres, niños y niñas siempre están sospechados y van a tener que luchar mucho para conseguir una sentencia adecuada a derecho si es que han sido víctimas”.

[Nota publicada el 22/10/2015]

Foto: dpinamar.com.ar

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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