Charapa y trans: de la selva peruana al mundo

De niña soñaba con ser Carola, pero en su pueblo no son aceptadas las mujeres trans. Por eso decidió migrar a la Argentina. Junto a otras compañeras fundó OTRANS.

Charapa y trans: de la selva peruana al mundo

Por Cosecha Roja
01/11/2019

Por Vanessa Valverde*

Hace 12 años Carola salió de la región amazónica de Perú hacia la capital. Huía de las miradas conservadoras, de las imposiciones religiosas y la heteronorma. Quería sentirse libre, vivir su identidad. Unas amigas argentinas la ayudaron a llegar a Lima, para luego hacerla cruzar la frontera e instalarse en la Ciudad de La Plata.

Ahora tiene treinta y seis años, la piel morena y una sonrisa que no pierde mientras cuenta su historia. Se reivindica ‘charapa’, término que se usa para nombrar a aquellas que vienen de la Amazonía peruana.

«Yo soy de una zona de la selva donde somos descendientes de pueblos originarios. Somos muy pegadas a nuestras costumbres, a nuestras fiestas, a nuestra gastronomía y nos une mucho el deporte que nosotras jugamos: el voley», cuenta.

De niña soñaba con ser Carola, pero en su pueblo no son aceptadas las mujeres trans y sentía que le estaba faltando el respeto a su familia, a sus amigos. Por eso decidió migrar. En Lima se inició en la prostitución y comenzó a explorar su expresión de género.

«La transición la inicié en la capital, pero solo en modo de comienzo. O sea, como que recién empezaba. Solamente era Carola en la noche, al momento de salir a la situación de prostitución. En el día era un chico gay. O aparentaba serlo».

A pesar de reconocer que existe machismo en Argentina cuando llegó se sintió más acompañada y protegida. Por eso asumió su expresión de género a tiempo completo.

Sus amigas le brindaron ayuda para conseguir un lugar dónde vivir y un espacio en la calle para ejercer la prostitución.

Muchas mujeres trans de las provincias del Perú siguen el mismo camino: viajan a Lima y de ahí a Argentina, con la esperanza de llegar hasta Europa. Este viaje es hecho a través de redes migratorias, en las que las mujeres que ya están instaladas en Argentina o Europa envían dinero y ayudan a sus amigas a llegar hasta estos destinos.

«Yo ayudo a unas dos o tres compañeras, y ellas, las que vienen traen a otras dos o tres amigas y así sucesivamente. Nos apoyamos, nos pagamos los pasajes y nos apoyamos en el momento de llegar, de conseguir una zona donde estar en situación de prostitución, obvio, para poder solventar los gastos», explica.

La llegada a Europa es vista como un gran logro. «Es como estuvieses culminando algo», dice.

Algunas deciden quedarse en Argentina. En La Plata Carola comenzó a organizarse con otras mujeres trans para conocer sus derechos. Junto a otras compañeras conformaron la organización OTRANS La Plata en 2014, que luego pasó a llamarse OTRANS Argentina en el 2016, actuando a nivel nacional.

Esta experiencia la hizo pensar en no seguir el camino hacia Europa. «Cuando llegué a la Argentina comienzo a conocer sobre mis derechos, empiezo a militar, empiezo a conseguir un trabajo», dice.

Las migrantes trans como ella son las que más sufren acoso y violencia por parte de las autoridades. Según el informe que OTRANS presentó este mes, uno de los principales impedimentos que tienen es regularizar su estatus migratorio con documentación que no está adecuada a su autopercepción, y las que lo inician, en muchos casos deben interrumpir el proceso por ser privadas de libertad.

Trans y cárceles

La mayoría de las mujeres trans y travestis privadas de libertad son migrantes. Casi el 100% de ellas están detenidas por la Ley 23.737, la Ley de Drogas.

«Es un mecanismo que se utiliza para criminalizar nuestras identidades. Antes existían los códigos de faltas civiles policiales, ahora la 23.737 es utilizada como una herramienta discrecional para detener a compañeras trans y travestis», explica Claudia Vázquez, actual presidenta de OTRANS Argentina.

Los policías las arrestan sin una investigación u orden judicial previa, y según Claudia, muchas veces las causas son ‘armadas’ para mantenerlas en prisión. Las mujeres trans y travestis tienen 8 veces más posibilidades de ser arrestadas que cualquier otro ciudadano.

«Las compañeras han denunciado que hay policías corruptos que las obligan a ellas a vender droga y si no, les arman causas. Y sobre todo cuando decimos armados de causas es porque la cantidad con que las encuentran después son elevadas, porque son causas armadas. Si son dos o tres gramos, terminan poniéndoles demás o sumándole lo que pesan con la bolsa… un montón de irregularidades», agrega.

Ambas mujeres se conocieron en los inicios de OTRANS. Claudia estudiaba en la facultad de comunicación de la Universidad de La Plata, y esto le impactó a Carola. Desde entonces pensó que ella también podía continuar estudiando, conseguir otro trabajo y no solo dedicarse a la prostitución.

Ella ingresó a estudiar Trabajo Social, pero no fue fácil continuar, pues había dejado de estudiar hacía muchos años y la cultura argentina le resultaba extraña. A eso se le sumaron problemas económicos, así que decidió dejar el estudio por un tiempo.

Juntas han ayudado que más mujeres trans y travestis ingresen a la universidad. Actualmente contabilizan entre 15 y 20 compañeras de la organización que estudian en alguna facultad.

A pesar de contar con un trabajo formal, Carola ha regresado a ejercer la prostitución para cubrir sus gastos y ayudar a sus familiares y amigas en Perú.

«Con todo este cambio de gobierno, la inflación que subió y subió, no puedo llegar a fin de mes. Yo quisiera estar en mi casa a la noche mirando una película, comiéndome algo pero no; tengo que salir porque no llegó», comentó Carola.

Carola sigue ayudando a sus amigas ‘charapas’ a llegar a Argentina o a defender sus derechos. Ella considera que es una sociedad más abierta que Perú y aquí tiene más espacios para participar políticamente.

«Obvio que no fue de la noche a la mañana, fue gracias a la lucha de otras compañeras que ya no están presentes y entonces por eso nosotras estamos acá, reivindicando estas voces, siguiendo la lucha de ellas; para que las compañeras que vengan después de nosotras encuentren una sociedad más justa e igualitaria», concluyó.

*Vanessa es periodista de El Mundo de Costa Rica y becaria de la Beca Cosecha Roja.
Este reportaje fue realizado en el marco de la Beca Cosecha Roja y publicado también en ElMundo.Cr

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales
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