Ciudad de Dios en el conurbano bonaerense

Cosecha Roja

-¡Se me salió el ojo! ¡Se me salió el ojo!- Tatiana gritó y se llevó la mano a la frente. María, su hermana mayor, corrió sobre los tablones de madera que atraviesan el zanjón frente a su casilla, en el barrio 13 de julio. El asentamiento, conocido como Ciudad de Dios, es una de las 135 villas del Partido de San Martín, al norte del conurbano bonaerense.

Después de cruzar ese puente precario María llegó hasta el quiosco donde había dejado a su hermana minutos atrás. De ese lado del riacho el barrio se llama Villa Curita, ambas son parte del Barrio Independencia. Ahí, en Curita, María se encontró con su hermana Tatiana de 13 años. Estaba en el piso, quejándose. Una vecina de su edad la miraba paralizada. Dos mujeres desde las entradas de sus ranchos también eran espectadoras de la tragedia. Un balazo había derribado a la nena.

Era la noche del 9 de mayo de 2011. Dos bandas de narcos se disputaban el territorio a los tiros. Desde que se formó la nueva villa, Ciudad de Dios, entre el canal José León Suarez Sur y las vías del tren, el mercado no alcanza para todos. Las balas se escuchan con más frecuencia pero sus estruendos no llegan más allá de las vías del ferrocarril Mitre o el Camino de Cintura, las fronteras del barrio Independencia. Las peleas dejan tras su paso daños colaterales. Tatiana Casco es uno de ellos. Por ese balazo hace más de un año que no puede mover la mitad de su cuerpo. El hombre que le disparó está en libertad.

Ese día Tatiana había vuelto con su hermana en tren desde Retiro, donde trabajaban en un puesto de panchos. Caminaron las diez cuadras que separan la estación de José León Suarez de su rancho, por la calle San Martín y cuando llegaron al fondo de Curita cruzaron a Ciudad de Dios. Hacia el final del asentamiento la única manera de pasar para el otro lado y entrar es por estos puentes armados por los mismos vecinos. Las pasarelas de chapa y maderas viejas desembocan en las entradas de sus casillas. La villa es casi impenetrable para quien no vive allí.

Una vez del otro lado, las hermanas entraron al rancho. Celia, su madre, cocinaba un guiso. Desparramados entre sillas y camas esperaban la cena los seis hijos de Celia de un matrimonio anterior y los cuatro de su actual pareja. Dos bebés, sus nietos, dormían en una reposera. La televisión acompañaba la charla a los gritos de los más grandes y las peleas de los más chicos.

Iban a empezar a comer. La cena, como siempre, estaba organizada en turnos. No hay platos para todos. Comenzarían los más chicos, después seguirían los mayores. Pero algo faltaba: una gaseosa. Por esa gaseosa las recién llegadas María y Tatiana salieron a comprar.

-Me tenés que traer el envase-le dijo la quiosquera a la más grande.

María volvió al rancho en búsqueda de la botella. En la entrada se cruzó con su hermano.

-Apurate que se van a agarrar los transas- le advirtió el chico.

Quiso ir a buscar a Tatiana, que se había quedado en la calle hablando con una vecinaa, pero era tarde. La balacera ya había empezado.

Tati estaba en el piso con las manos en la frente conteniendo la herida. Dos cosas le preocupaban: que se había hecho pis encima y se le había salido el ojo, en ese orden. El ojo estaba en su lugar pero ella no lo sentía. La bala de9 milímetroscon la punta de metal torneada había entrado por arriba de su ceja izquierda. No sangraba: la masa encefálica taponaba la herida.

-Tenía como una flor en la frente-recuerda su hermana, un año después.

Los disparos siguieron. Una nena de 13 años tirada en el piso no iba a detener broncas entre narcos. María les pidió que parasen. No lo hicieron.

La presión de los dedos sobre la herida hizo que el líquido rojo comenzara a brotar. Llamaron a la ambulancia y a la policía. Ninguno apareció. Los vecinos que habían salido a la calle a ver qué pasaba volvieron a entrar. Temían tener que ser testigos si llegaba la policía. Tampoco querían llevar a la nena al hospital. Solidarizarse con la víctima podría traer represalias de parte de los transas.

-Por favor. Le juro que no le cuento a ni nadie que me llevó- le suplicó arrodillada la mamá de la nena a un vecino.

El hombre accedió. La subieron al auto y comenzó un tour por los hospitales de la zona. La gira terminó lejos, en el Hospital de Niños Sor María Ludovica deLa Plata. Tatianaquedó internada tres meses. Los neurocirujanos que la operaron creían que no iba a sobrevivir, pero para sorpresa de todos un día se despertó. Ahora, después de más de un año, está con la mitad derecha del cuerpo paralizada. Tiene que hacer un tratamiento neurológico, kinesiología y tomar una medicación diaria. No puede ir a la escuela, ni andar en bicicleta. Lo que más le molesta es tener el pelo corto como un varón. Para operarla y sacarle la bala los médicos tuvieron que rasurarle la cabeza y el cabello no volvió a crecer. Cuando se acuerda cómo era antes les tira del pelo a sus sobrinas.

Según la familia de la nena, los narcos que se tiroteaban ese día siguen haciéndolo. Por el caso hay dos detenidos, pero los vecinos aseguran que no estuvieron involucrados en el hecho. La causa recayó enla U.F.I. 7 de San Martín, a cargo del fiscal de Sergio López, y fue caratulada como tentativa de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Después de un año, el fiscal pidió elevar la causa a juicio.

De acuerdo con estadísticas dela Procuración Generaldela Suprema Cortede Justicia dela Provinciade Buenos Aires de las 76.408 Investigaciones Penales Preparatorias en el Fuero Criminal y Correccional iniciadas en el año 2011en San Martín, 35.885 no registraban imputados en la causa a comienzos de este año. En el ranking de “delitos impunes” San Martín tiene el segundo lugar, con respecto a los otros departamentos judiciales de la provincia, lo antecede Lomas de Zamora.

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La historia de del barrio Independencia comienza en los ´60. Las familias llegaron desplazadas de la capital y el interior del país. Construyeron sus casas sobre tierras fiscales y bautizaron al lugar como Villa Curita.

Hasta hace siete años la avenida San Martín y el zanjón trazaban los límites del barrio. Pero el 13 de julio del 2005 un grupo de vecinos expandió la frontera de lo posible cuando ocupó el terreno entre el canal José León Suarez Sur y las vías del ferrocarril Mitre. Expulsados de Curita por el aumento de los alquileres de las piezas en las que vivían hacinados hicieron un nuevo asentamiento. Donde antes había un basural y una canchita de fútbol, hoy viven allí casi 600 familias.  Primero se llamó 13 de julio, pero la expansión del barrio sobre un “morro” de basura hizo que lo nombraran Ciudad de Dios, por la favela de la película brasilera.

La falta de pasillos entre una casilla y otra y el acceso el barrio a través de tablones convirtió al barrio en un lugar hermético, algo clave para que algunos vendedores de droga se refugien tras las chapas y el cartón. Acovachados allí, se confunden entre la gente que subsiste gracias a la recolección de basura.

En el fondo de Ciudad de Dios está el rancho de la familia Casco. Antes de la toma vivían de prestado en la casa de un compadre de Celia. Todas las tardes Tatiana cruza el puente de madera en silla de ruedas. Espera que la operen, que le coloquen la prótesis que le prometieron. Sabe que mientras, si se golpea la cabeza con algo puede morirse.

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Diez años atrás, cuando Tatiana tenía apenas 4 años, las bandas de Independencia que ahora se dedican al narcotráfico realizaban secuestros extorsivos. El cambio de rubro fue una estrategia de marketing: hacerse un lugar en el negocio de la droga resultó más redituable.

Antes de la existencia de Ciudad de Dios los dealers de Curita eran los únicos en el territorio. Los más conocidos eran los hermanos Omar y Diego Arruti ambos apodados de forma indistinta como “el Rengo”, vinculados al secuestro de familiares de jugadores de fútbol. Los transas respondían a ellos y el territorio estaba controlado. Con la nueva villa el mercado no se amplió para ellos. Por el contrario, aparecieron nuevos vendedores que pusieron en jaque el territorio de los transas históricos.

-Las bandas se pelean más seguido entre sí porque perdieron clientela. No se la agarran con los de este lado porque ni siquiera saben quienes son. Son gente que se esconde en casillas donde no podes pasar- aporta una vecina de Ciudad de Dios.

El día que cayó Tatiana se enfrentaban los hermanos Jara con los Baez, ambos de Curita. Daniel Baez, más conocido como “El gordo”, es señalado por los vecinos como quien disparó a la nena. Hoy está prófugo de la justicia.

-Hay transas que tienen contacto conla Carcova. Laparte de atrás de Ciudad de Dios está conectada con esta villa. Esto inquieta a los que venden en Curita y filtra un mercado que tenían controlado-relata un político de San Martín.

-La droga que pasan dela Cárcovaes más barata. Ahora que empezó el entubamiento del arroyo, los transas primero se opusieron porque va a estar todo conectado, pero después no les quedó otra -cuenta una señora del asentamiento mientras ceba mate.

A comienzos de este año empezó la primera fase de una obra histórica para el barrio impulsada por el Municipio de San Martín yla Provinciade Buenos Aires. A través dela Dirección Provincialde Saneamiento y Obra Hidráulica se están entubando500 metrosdel canal de José León Suárez Sur, es decir, las primeras 5 cuadras que separan Curita de Ciudad de Dios. El proyecto implica una inversión de $ 14.137.318 y solucionaría los problemas de inundaciones. Además, se planea convertir el lugar en un espacio verde.  Un avance histórico para el barrio.

-Hace unos años habíamos conseguido máquinas y material para entubar el zanjón, pero salió uno de los transas de Ciudad de Dios armado y amenazando a la gente de los camiones -cuenta un militante que conoce la zona.

El entubamiento traerá beneficios en términos urbanos pero con el riacho hecho calle, el acceso hacia Ciudad de Dios será directo. Los dos barrios quedarán conectados. Los clientes cruzarán más fácil para comprar más barato.

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Los vendedores de droga no solo comercializan entre los jóvenes del barrio.  Según las fuentes consultadas, los narcos abastecen a las localidades de Villa Ballester, Loma Hermosa y Villa Adelina.

-Muchos vienen a comprar de afuera. El otro día me crucé un chico que era de Belgrano. Me preguntó, una calle y nos quedamos hablando. Ese pibe ¿qué iba a hacer acá?-cuenta un joven del barrio que prefirió preservar su identidad.

Desde hace dos años, la vedette de los transas de esta zona es una sustancia conocida como “la peruanita”. Cuesta 30 pesos y es cocaína mezclada con residuos que deja el proceso, similar al paco pero de mejor calidad. “Se la compran a los peruanos de las villas de capital por eso le dicen así”, dice el mismo chico.

-No por nada San Martín es conocido como el “shopping de la cocaína”. La justicia y la corrupción policial son cómplices de que haya crecido tanto el negocio. El 75% de las causas por drogas que hay en el Partido son por tenencia para uso personal, cuando acá se sabe que hay bandas de narcotraficantes enormes- dice un abogado de la zona.

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Desde que balearon a Tatiana la familia no se cansó de pedir justicia por la nena.

-Dejensé de joder- los amenazó por teléfono un día un subteniente dela Comisaría4ta.

La hermana de la chica lo denunció enla UFI N° 7 de San Martín. El agente fue trasladado a la 5ta de Billinghurst.

Los familiares de uno de los narcos, que estuvo el día de la balacera, también hostigaban a los Casco y llegaron a golpear a una de las hermanas embarazada de la nena.

-Un día me cansé y lo mandé a mi hijo que le pegara al hijo de ellos. Ahí no molestaron más-cuenta la mamá de Tatiana, mientras le da de comer a uno de sus nietos.

El día que balearon a Tati la policía nunca llegó al lugar, a pesar de que la comisaría queda a 5 cuadras de la entrada al barrio.

-La policía entra si el intendente viene a inaugurar algo en la salita o en la escuela, sino ni los ves. Todos saben que arreglan con los transas- explica Brian, un joven que vive en el barrio y trabaja en un programa social.

La connivencia de las fuerzas policías y los narcos no es un tema oculto para los vecinos. “Abajo del puente de la estación vos ves que se encuentran los policías de civil con alguno de los que venden”, cuenta el mismo chico, en un bar lejos del barrio.

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De día por las calles de Curita y Ciudad de Dios no se ven jóvenes en las esquinas. Tampoco circulan hombres ni mujeres. Por las tardes el barrio está muerto. La mayoría de los vecinos están revolviendo la basura en alguna montaña del CEAMSE, el vertedero de basura de la provincia.

– A las 4 todos van a la quema. Cuando vuelven los pibes están tan cansados que no se ponen a consumir, por eso es difícil verlos fumando porro como en otros barrios. Los ves a la noche o los fines de semana-explica una trabajadora social que recorre al barrio a diario.

Antes de quedar hemipléjica Tati también era quemera: iba con su papá y sus hermanos en bicicleta hasta el Complejo Ambiental Norte III. Todos los días recorrían casi10 kilómetroshasta encontrarse con una montaña de basura de 11.300 toneladas. Volvían exhaustos. Celia, la mamá de Tati, iba con ellos.

-Ahora ya no -se lamenta- Uno de los policías de la entrada me dijo que si quería pasar tenía que acostarme con él. Hay algunas que lo hacen, yo ni loca. Me fui, pero antes me agarré a las trompadas con las otras porque ellas me decían que tenía que hacerlo.

Son alrededor de 1800 niños, jóvenes y adultos que durante una hora por día revisan la basura, custodiados por policías de la comisaría 5ta de Billinghurst.

Los quemeros no son solo de José León Suarez. Muchos llegan desde Zárate, Escobar y hasta del Partido de Morón.

-Hay una mujer -dice Sandra, una joven de Escobar – la gorda Laura, que le decimos la puntera de la basura. Ella te dice que si querés pasar tenés que estar con algún policía y si te quejas te golpea

En la quema la clave está en los camiones de las empresas que descargan directamente productos excedentes allí.

-La policía deja entrar a un grupo antes y aprovecha las mejores cosas. A las mujeres le piden favores, a nosotros a veces nos cobran 200 pesos por pasar-dice un quemero ahora que es de mañana y no está trabajando.

El circuito de la basura no es improvisado. Una vez que recolectan lo que las empresas desechan, fuera del predio hay productores que compran la mercadería a los quemeros.

-Le cambian la fecha de vencimiento y lo revenden en las ferias, en las estaciones de tren- cuenta el mismo chico.

María, la hermana de Tati, fue durante años al lugar. Ahora se las rebusca con otras changas.

-En la quema hay de todo: carne picada en bolsas enormes que tira la empresa que hace las hamburguesas, salchichas, chicles, shampoo. Todo se recupera y se vende a gente que después lo puede vender en la estación de trenes. Si te comes una hamburguesa acá seguro es de carne de la quema- explica María en el andén de la estación de José León Suarez mientras espera el tren para ir a trabajar.

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En Independencia todos parecen vivir en calma. Hasta que un fin de semana o entrada la noche una disputa familiar, una pelea entre narcos por el territorio o un engaño amoroso se resuelve a los tiros.

-La historia de Tati no es la única. En la otra cuadra hay una mujer que está esperando una prótesis porque la hermana de un transa le dio un tiro en el estómago- dice un vecino que vive en la calle Malvinas Argentinas.

-Acá venían a dar un taller de panadería unos chicos de Capital, pero un día se balearon los de este pasillo con los del otro y no podíamos salir a la calle. No vinieron más. Nosotros no tenemos miedo, acá es así. Estamos acostumbrados -cuenta una mujer del fondo de Curita.

En el rancho donde vive Tati todo es excesivo. Los hermanos, sobrinos y primos son siempre muchos. El silencio es un imposible. La casilla está cubierta de chapa. El piso es de tierra, excepto en el fondo que es donde la pareja de Celia levantó la piecita de material en la que ahora duerme Tatiana. Con la plata de un subsidio por discapacidad pudieron hacerla con paredes de ladrillo.

La humedad se siente y los hermanos de Tati tienen, casi todos, asma. Celia le hecha la culpa a la genética.

Sentada en la puerta de su casa, Celia arma cajas de chicles que su pareja le trajo de la quema. Tiene una bolsa de 5 kilos entre sus piernas. Si un chico se le acerca, le pega con un palo. No mira si es hijo o su nieto. Celia estira el brazo, agarra el palo y le da. Tiene que terminar de envasar esos chicles que luego alguien venderá en el tren. El nene ni siquiera llora, se levanta y sigue.

María sale del rancho para tomarse el tren. Se va a trabajar a Retiro, como esa noche en la que cayó Tatiana. Arrastra la silla de ruedas de su hermana por el puente. Pareciera que no se preocupara por hacer equilibrio. Su hijo de tres años la sigue y se va con ellas.

En el camino los vecinos los saludan con una sonrisa poco natural. Son los mismos que no quisieron llevarla al Hospital cuando Tati se desangraba de un tiro en la frente.

-Hola linda. ¿Cómo va esa piernita?- le pregunta una señora gorda a Tati. La nena sonríe con la misma falsedad.

En la estación,  María con un brazo sube a su hermana al tren y en el otro lleva a su hijito.

-Tenes que hacer justicia por mano propia, porque si esperas de la justicia ya nos hubiéramos muerto -dice la chica de 17 años. Parece que está a punto de desbordarse en su tarea. Se le cae el chico o se le escapa Tatiana. Le ofrecen ayuda para subir al vagón. Pero ella dice que no, que sola puede.

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