Colombia: Tres suicidios que se convirtieron en asesinatos

Cosecha Roja.-

Las muertes de los colombianos Luis Andrés Colmenares, Alejandra Pulido y María Claudia Castaño no están claras. Aunque parecían accidentes o suicidios, hoy son investigadas como homicidios.

En cada historia hubo necropsias realizadas por peritos oficiales, pero después, ante la duda de unos resultados poco concluyentes, los familiares contrataron profesionales privados para practicar nuevas pruebas a los cuerpos y a los lugares donde ocurrieron los decesos. En los tres casos, de Bogotá, Cúcuta y Ciudad de México, los dictámenes de externos contradijeron a las autoridades legales.

Luis Andrés Colmenares

El 30 octubre del 2010, el joven de 20 años se disfrazó de diablo para ir la fiesta de Halloween con sus compañeros de la Universidad de Los Andes. Las personas que lo acompañaban dicen que enloqueció, salió corriendo y horas después apareció muerto.

Sus amigos dicen que lo vieron por última vez a las tres de la madrugada. El estudiante de ingeniería abandonó el bar “Penthouse”, en el norte de la ciudad, con su novia, Laura Moreno, y una amiga, Jessi Quintero. Estaban comiendo en un puesto de comidas rápidas. Minutos después, Luis Andrés desapareció en circunstancias confusas.

El cadáver fue hallado doce horas más tarde en un caudal de agua canalizada que atraviesa el parque El Virrey, cerca del bar. El cuerpo presentaba evidencias de un golpe fuerte en la frente. Las autoridades, basadas en las versiones de Laura Moreno y Jessy Quintero, concluyeron que el joven universitario se suicidó.

Luis Alonso Colmenares, padre de la víctima, no se conformó con esa carátula y decidió contratar a dos investigadores del Servicio de Investigación Criminal (SIC) y dos médicos forenses. Las nuevas pesquisas revelaron que el cadáver de “Luigi”, como era conocido Luis Andrés, además del golpe en la cabeza, presentaba siete contusiones en el cráneo y sangre coagulada en varias partes del cuerpo.

Con esta evidencia, los padres acudieron a las autoridades para que desarchivaran el caso. La investigación llegó a manos del fiscal 11, Luis González, quien inició los llamados a varios de los presuntos implicados.

Las primeras capturadas fueron Laura Milena Moreno Ramírez, novia de Luis Andrés, y Jessy Mercedes Quintero Moreno, compañera de la universidad. Las jóvenes, desde el pasado 8 de octubre de 2011, tienen prisión domiciliaria; están imputadas por homicidio agravado y falso testimonio. Además de ellas, a Carlos Cárdenas, también matriculado en la Universidad de Los Andes y ex novio de Laura Moreno, lo acusan de participar en la muerte de Colmenares; estuvo en la Cárcel Modelo desde junio de este año, pero la jueza del caso María del Carmen Vallejo revocó hace una semana la medida de prisión preventiva.

El proceso judicial, seguido paso a paso en los medios de comunicación y las redes sociales, tiene ahora a varios testigos que han aportado una versión de los hechos muy diferente a la que inicialmente se conoció. Según la investigación de la Fiscalía, la muerte de Luis Andrés Colmenares no fue un suicidio, sino un homicidio: al joven lo golpearon, lo mataron y luego lo llevaron al caño del parque El Virrey. Pero la historia todavía no está clara, aún están por confirmarse los testimonios, así como por determinar la responsabilidad de los actuales implicados.

Alejandra Pulido

La cantante colombiana Alejandra Pulido murió el 6 de julio de este año al caer de un séptimo piso en Ciudad de México. Los medios señalaron que ella se lanzó, pero su familia puso en duda que la joven de 27 años fuera capaz de suicidarse o que, como se añadió a la noticia, hubiera consumido alcohol o drogas, lo cual fue negado en la necropsia.

Oriunda de Manizales, se había ido de Colombia en septiembre del 2011, con el proyecto de grabar un disco de música electrónica. No era, como explicó un familiar, alguien que estuviera pensando en quitarse la vida. Santiago Hernández, primo de la chica, habló con la prensa: “Creemos que de pronto fue una persona que la estaba acompañando esa noche y que hubo alguna discusión, y por eso, nos vamos por la línea de un asesinato”. Según el diario El Sol de México, la joven estaba semidesnuda y su cuerpo tenía varias cortadas. Una vecina del edificio declaró ante las autoridades que esa noche escuchó gritos de una mujer pidiendo que “no la botaran”.

José Gabriel Ortiz, embajador de Colombia en México, tampoco cree en la hipótesis del suicidio: “La niña (Alejandra Pulido) es llamada por un sujeto desconocido a decirle que le interesaba hacer un demo, la cita en un sector muy céntrico, en Polanco. Ella llega a las 4 en punto y entra a su apartamento. No se conoce qué pasa entre esa hora y más o menos la 1 de la mañana, cuando ella es lanzada por un balcón del séptimo piso, cae y fallece”.

Con el rumor de crimen, las autoridades mexicanas y colombianas procedieron con la investigación. Hasta el momento, tiene orden de captura Julio Jiménez, el supuesto productor musical que habría citado a Alejandra Pulido. De acuerdo con la hipótesis actual, el presunto autor del crimen se movilizaba en una camioneta negra. El embajador informó a la prensa que el hombre en realidad sería un subcontratista de soldadores de obra que habría engañado a la cantante.

María Claudia Castaño

Medicina Legal dictaminó que María Claudia Castaño, esposa de un político de Cúcuta, se disparó en la cabeza, en su propia casa, el 16 de julio del 2010. La historia parecía el trágico final de una ama de casa deprimida, pero algunas circunstancias que rodearon el supuesto suicidio hicieron sospechar a los familiares la posibilidad de un crimen.

Los padres de Castaño no quedaron conformes con el dictamen inicial y contrataron a un perito privado para que repitiera los análisis. Según el forense Máximo Duque, ex director de Medicina Legal, la bala que mató a la mujer entró por el lado izquierdo del cráneo y ella era diestra, lo que ya implica un manejo irregular del arma de fuego. Los familiares de la víctima empezaron a sospechar del esposo, el concejal Julio César Vélez, cuya responsabilidad no ha sido aclarada todavía.

Según el concejal, se trató de un suicidio, como consecuencia de una pelea conyugal. Llevaban cuatro meses de matrimonio. Julio Vélez explicó que durante la discusión, su esposa amenazó con quitarse la vida, y que minutos después, frente a él, accionó el arma.

La familia de María Claudia Castaño no está segura de esa versión. Es extraño para ellos que el hombre se demorara en llevarla al hospital y que, al hacerlo, la metiera en el baúl de su camioneta, envuelta en una sábana, y no en los puestos de atrás. Además, afirma la madre, Patricia Avendaño, “María Claudia estaba llena de ilusiones por pasarse al apartamento en el que viviría con su esposo”.

Sin certezas

Aunque las muertes de Luis Andrés Colmenares, Alejandra Pulido y María Claudia Castaño no han sido aclaradas por completo, los casos ponen a pensar en la eficacia de los peritos judiciales y en por qué las familias de los supuestos suicidas terminan contratando profesionales externos para presionar que un hecho se investigue como homicidio.

Se trata de la “libertad probatoria”, existente en Colombia y en otros países de América Latina, que permite a las partes querellantes de un caso aportar pruebas cuando así lo consideren. Para hacerlo, la parte interesada debe solicitar al fiscal o al juez que Medicina Legal actúe: realice nuevas pruebas, haga exhumaciones, o tome en cuenta otros datos.

Debido a que muchas veces el proceso legal se demora en tomar esa decisión o no la considera viable, las familias recurren al trabajo de peritos externos, que suelen tener altos costos sin que se garantice una conclusión diferente a la ya dada por entidades oficiales.

Según el antropólogo forense Máximo Duque, contratado por las familias Colmenares y Castaño, la prueba forense no es de monopolio exclusivo del Estado, por lo que se les permite a los parientes de las víctimas de homicidio o suicidio llegar hasta el fondo de las investigaciones. Algunas veces con el propósito de cambiar la carátula del caso y evitar la impunidad, pero casi siempre con el objetivo de conocer hasta el último detalle de la muerte de un ser querido.

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