Terminó el Taller de Crónica: narrativas de la narcocultura en América Latina.

Del 1 al 5 de agosto de 2011, 15 periodistas de América Latina participaron del taller de la FNPI que coordinó el maestro Cristian Alarcón y tuvo como invitada de lujo a Gabriela Polit.

Día 5: El sentido de los tiros

Por María Mansilla –Relatora del taller

“La escena de la violencia tiene que tratarse con sacralidad. La muerte de alguien amerita que la escritura sea doblemente sentida y experimentada, no voy a ubicarla en cualquier momento. Antes, tengo que darle unos besos al lector, hacerle mimos, caricias que no duelan.” Esto señala Cristian Alarcón en el último día del encuentro, a propósito del trabajo de edición de los textos producidos por los talleristas. Clima melancólico. ¡Se termina!

Es un cierre con misión. La de volver a casa y armar una vida paralela. En palabras de Kapuscinski: el propio taller. Darle aliento al tema que nos obsesiona. Girar hacia la biblioteca. “Incluir la literatura en la vida cotidiana  es más importante que anotarse en cursos. ¡Ahí están los maestros!”, reconoce Alarcón. Cuando le dicen que es uno de los nuevos Cronistas de Indias, repite que él y compañía, según cómo se mire, en todo caso son los nuevos indios de la crónica. Y que no es necesario publicar en Gatopardo ni en Etiqueta negra ni en Anfibia ni tener un libro para asumir que el periodismo es literatura.

“Más allá de la figura ideal de un cronista, la literatura habilita a descubrir universos de sentido. Permite ver en el crimen algo que no se vio antes. Nos ayuda a construir el punto de vista, a transformarnos en sujetos críticos pero no pesados. No creemos todo, pero no desconfiamos de todo. Tenemos siempre una pregunta nueva. Historizamos para bajar el prejuicio. Usamos la metafora de la cancha de fútbol, ahí se mezclan los pibes. La violencia no empieza ni termina en el delincuente. Es más complejo, está en el aire. De ahí tenemos que partir.”

Día 4: Hay que entrevistar a las cifras

¿Qué tiene que ver la penalización del consumo de drogas con este taller de crónica?“Ustedes son un target clave. Pueden generar masa crítica, impactar en una posible transformación de las políticas vigentes”, señaló Graciela Touzé, presidenta de la Asociación Civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas  -Intercambios (www.intercambios.org). Habló también de cómo la ilegalidad de algunas drogas sirve para generar formas contemporáneas de colonialismo. La presentación sirvió de ayudamemoria: 1) por qué tenemos, siempre, que entrevistar a las cifras. 2) Y traducir el lenguaje técnico con el que las fuentes suelen referirse a las realidades que nos importan.
A la tarde, Cristian Alarcón se dio el gusto: leyó, comparó, analizó, subrayó, piropeó, preguntó, acarició, masculló, gritó, disfrutó, alabó la estrategia narrativa de Capote y Walsh. Con generosidad, desnudó cada recurso y argumentó su valor. Invitó a los talleristas a construir sus propios Livragas, Giuntas, Clutters, Dicks. Después el maestro miró el reloj, se agarró la cabeza, hizo el nudo de su bufanda y marchó rumbo a la charla Transas, mulas y traquetos que dió junto a Gabriela Polit en el barrio de San Telmo de Buenos Aires.

Día 3: Borrar los “adjetivos sicarios” y las palabras burocráticas

Esta mañana, Gabriela Polit comparó al cronista con un ratón. “Como entrevistadores, con mucha intuición tienen que olfatear por dónde meterse dentro de la casa del personaje”, dijo, invitada a reflexionar sobre los resultados de la entrevista colectiva hecha ayer a un ex narcotraficante, hoy abogado. Alarcón reforzó la idea: reconoció qué difícil puede ser abordar a alguien de la misma clase. “Como recién empieza a ser retratada, la clase media es un terreno virgen. No la vemos porque estamos con orejeras siguiendo el meollo de lo criminal. Hay una cuestión que tiene que ver con los consumos y la relación con el dinero que es interesante, que genera una doble moral.” Volviendo al método, sugirió un trueque para no fracasar con las re-preguntas: preferir el “cómo” versus el “por qué”.

A la tarde, taller de escritura: lectura y edición en equipo. Hubo muchos recursos para abandonar la corrección periodística y dejar salir al cisne negro, que de eso se trata el género. Reconocer las frases-guía que llevan a un tono.  Borrar los “adjetivos sicarios” y las palabras burocráticas. Reconocer a las musas traidoras. El maestro advirtió: “No alcanza con darles un Decálogo de Consejos Técnicos y Estilísticos. Lo más importante es el cambio de posición. Tiene que ver con el uso del tiempo, el compromiso con la lectura, la autocrítica permanente y la posición política que tenemos con los temas que trabajamos.”

Día 2:  “Narrar el crimen es narrar a una sociedad”

Tres rayas y cuatro palabras: personajes, territorios, tema, conflicto. Con esta fórmula el maestro Cristian Alarcón despunta el segundo día del encuentro. Las líneas encolumnan la catarata de nombres, datos y mil caminos que surgen durante una investigación. Organizan, ayudan a encontrar la estrategia narrativa. El asunto sobre el que trabaja una tallerista sirve de ejemplo para poner a prueba la técnica de las columnas. Ayuda a pensar la crónica como una idea fija: qué (otro) tipo de información es fundamental.
Cómo llegar al carácter del personaje. Por qué las preguntas con contenido no sirven. Los 4 pactos de rigor -con las fuentes y los testigos, con el protagonista, con el “lenguaraz” (guía y traductor), con el lector-. Releer y releer a Walsh y a Capote. La intuición como garantía de seguridad. Ensayar un tono aunque todavía no tengas “la” historia.

El día se divide en tres: seminario, taller, clínica. El momento del taller consiste en hacer una entrevista colectiva a un personaje del mundo narco. ¿Cómo se prepara un cuestionario si lo que planeamos armar es un perfil? “Lo importante, en este caso, no es que explique las rutas internacionales sino obtener información que les permitiría describirlo”, subraya Alarcón. Grabriela Polit, la experta invitada agrega: “Narrar el crimen es narrar a una sociedad. A partir de un personaje se puede ver lo macro. Sumergiéndote en su mundo entras en un mundo enorme, en un mundo local.”

Llega el invitado. Después de tres horas de pregunta-respuesta los talleristas se ponen a escribir. Parafraseando a Tomás Eloy Martínez, Alarcón regala: “En una hora, un párrafo”. Junto a Polit merodean las mesas de trabajo, y cada tanto hacen reverencia ante una notebook. La misión se completará mañana. Habrá lectura y edición colectiva de los perfiles realizados.

Día 1: Comenzó el Taller de Crónica: narrativas de la narcocultura en América Latina.

Parar para nutrirse. Leer para formarse. ¿Por qué es tan poco habitual ver a un periodista leyendo un libro? Como quien cuenta una de las reflexiones del seminario que inauguró el tratamiento de este tema de parte de la Fundación Nuevo Periodismo, en México, en 2009, Cristián Alarcón, maestro de la FNPI, inaugura el taller. Sacude conciencias, despereza voluntades. Repasa el programa. Los talleristas comparten el proyecto de investigación que tienen en mente y sobre el que se pondrán a escribir hoy mismo. Cada presentación, de alguna forma, actualiza el mapa de situación de sus regiones. En el intercambio surgen hipótesis, estrategias, obstáculos y recursos comunes a todos los periodistas de la crónica roja.
Cómo narrar a un niño sicario. El lugar de las estadísticas. Por qué meter la cabeza en los clanes mafiosos. Cómo leer la dominación simbólica. ¿Qué es una primicia cultural? Tono y estilo como método de investigación. Entre la verdad y la verosimilitud. Por qué no todos los relatos son posibles. Qué tiene que ver hacer este trabajo con devorarse un manual de autoayuda. Entre la neurosis del periodista y la duda existencial del personaje. ¿Qué tiene de especial el lector de narrativa policial? ¿Cómo mirar la realidad sin moralina? Cuando el personaje es el territorio. Cuando el cronista es el otro personaje de su propia entrevista. Los medios y el miedo. El mundo satélite de criminales con nombres de fantasía.

Luego, Gabriela Polit, la experta invitada, hace historia del género desde los tiempos de la conquista española, y de Martí a Monsiváis. Cita a Oliver Twist para hablar de la fundación de la novela policial. Después se pregunta cómo repensar la cobertura de narcotráfico y violencia en América Latina desde una nueva óptica. Subraya la importancia del punto de vista. Y remata: “Don Quijote no sería tal sin la mirada de Sancho”.

Estas son algunas de las cuestiones que animarán el trabajo y las discusiones de los 15 talleristas que están reunidos en Buenos Aires, Argentina. En www.fnpi.org los mantendremos al tanto de los aprendizajes y el intercambio de experiencias que surjan de esta actividad.

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