Masacre de Pablo Podestá: allanamientos y pedidos de captura para dos sospechosos

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Cosecha Roja.-

El lunes a la noche, casi al filo de la madrugada, un auto negro frenó delante del paredón de París al 1600, en Pablo Podestá, en el conurbano bonaerense. Por las ventanillas del lado derecho, dos jóvenes dispararon indiscriminadamente contra un grupo de 15 jóvenes y asesinaron a tres de ellos. Los amigos de las víctimas identificaron a los tres jóvenes que iban en el auto. Ayer, la Justicia pidió la detención y allanó las casas de los dos tiradores, que siguen prófugos.

Jeremías V. y Jonathan G. fueron señalados por los sobrevivientes de la masacre como los dos jóvenes que el lunes asesinaron a Fernando Bravo, de 16 años, Alexis Bracamonte, de 17, y Lucas Díaz, de 18. Los atacantes dispararon más de once balas contra el grupo de jóvenes que hacía tiempo en el paredón para ir a la casa de Fernando, que es día cumplía años.

Ayer, la Justicia ordenó la detención de Jeremías y Jonathan, quien sería menor de edad-. La policía allanó las casas de los jóvenes, que continúan prófugos.

El lunes, Fernando Bravo cumplió 16 años. En su casa estaba todo preparado para que sus amigos fueran a festejar. Él agarró la moto y se fue para la esquina de París y Churruca, en Pablo Podestá, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Ahí, contra el paredón en el que solían juntarse, estaban sentados en un tronco de madera Alexis Bracamonte, de 17 años, Lucas Díaz, de 18, y otros 12 amigos. Hacían tiempo para ir a la casa de Fernando.

Ese mismo día a la tarde, Nachi, de 17 años, había discutido con uno de los adolescentes que esa noche estaban en el paredón. Esta información fue confirmada por fuentes judiciales a Cosecha Roja.

-Yo puse tres mil pesos y una moto para que salgas de la comisaría –dijo Nachi- y vos me cagaste. Ahora voy a buscar el fierro a casa y los cago a tiros a todos-, amenazó.

La modalidad es común en el conurbano: cuando algún miembro de una banda cae, sus compañeros juntan dinero, negocian con la comisaría y compran la libertad del detenido.

Nachi y Alexis se conocían bien. Cuando la familia de Nachi llegó desde Córdoba, los Bracamonte les prestaron un a pieza hasta que lograran acomodarse. La madre de Alexis era una de las que se turnaba para atender a la abuela de Nachi, que estaba muy enferma.

La discusión quedó ahí. A la noche, joven que recibió las amenazas –cuyo nombre no trascendió- fue a festejar el cumpleaños de Fernando.

A medianoche, desde la esquina de Hugo del Carril se acercó lentamente un Fiat Punto negro con vidrios polarizados. El auto estacionó a veinte metros del grupo de jóvenes y aceleró de golpe.

El que había discutido con Nachi se puso nervioso.

-Ese auto no me gusta- dijo.

Sacó un arma y la amartilló. Después se sabría que no tenía balas.

En el auto iban tres personas. Los tres eran conocidos del barrio, los tres vivían a menos de diez cuadras del lugar. Laqui y Jerez, de 20 años, y Nachi, de 17. Dos de los jóvenes sacaron sus armas por la ventanilla y abrieron fuego indiscriminadamente contra el grupo sentado en el paredón.

Las pericias confirmaron que los atacantes dispararon entre once y 15 balas de 9 mm y 0.45. Alexis quiso correr, pero no pudo: a él, a Fernando Bravo y a Lucas díaz las balas le dieron en la cabeza y el torax.Un primo de Alexis alcanzó a agacharse y empujó a varios amigos. Las balas impactaron contra el muro a la altura apenas unos centímetros encima de sus cuerpos.

El auto negro desapareció. Uno de los jóvenes contó a Cosecha Roja que el chico que había discutido esa tarde con Nachi logró cambiar el cargador y disparó mientras el auto huía. Los que resultaron ilesos cargaron a dos de los chicos en sus motos. Al tercero lo llevaron en una camioneta. Los tres murieron camino al hospital.

El Fiat Punto apareció abandonado a las pocas cuadras. Luego de la masacre, los asesinos escaparon en remis.

Frente al paredón hay un pasillo angosto. En el fondo, distribuídos en cinco casa, vive la familia de Bracamonte. Alba, la madre de Alexis, estaba terminando de bañarse cuando escuchó los disparos. “Salimos corriendo a ver que pasaba y los encontramos a los tres chicos tirados”, contó la mujer a Cosecha Roja. Un chico de ocho años, sobrino del joven asesinado, vio toda la escena desde la vereda de enfrente.

La familia de Alexis negó que el joven estuviera involucrado en alguna actividad ilegal. En el barrio, las versiones apuntan a una venganza entre miembros de una msima banda. “Lo vinieron a buscar a este pibe”, dijo una joven en referencia al muchacho que había discutido con Nachi, “Pero son unos cobardes. En vez de bajarse y agarrársela con el que tenían bronca, mataron a tres pibes que no tenían nada que ver”.

La investigación está a cargo del fiscal de San Martín Marcelo Sendot, quien dispuso una fuerte custodia policial en la zona ante el temor de que este episodio pueda generar una guerra de pandillas.

La noticia instaló un debate en los medios: por la virulencia de los asesinatos se pensó en un ataque del crimen organizado, al estilo de las maras centroamericanas o el narcotráfico mexicano. En una entrevista con Radio Mitre, Cristian Alarcón, director de Cosecha Roja, explicó que Argentina está lejos del fenómeno de pandillas de Centroamérica. “Hay que distinguir”, dijo, “cuando hablamos de crimen, entre organizado y larval, de poca monta”.

“Gabriel Kessler conoce bien el tema y lo señala”, explicó. “Acá hablamos de formas semi-organizadas. Hay una mezcla entre lumpenaje suburbano, policías provinciales y de Capital Federal también, fuerzas de seguridad que son terreno fértil para la corrupción. Son crímenes ligados a lo relacional: es gente que se conoce. La gente en Argentina mata a conocidos”.

“No hay sicariato, que sería una estructura organizada con inteligencia donde hay un mercado de la muerte y se contrata gente para matar. Esto sería México, Colombia, algunas ciudades de Brasil. Nosotros tenemos muchos estallidos pequeños. La participación de los jóvenes, en términos estadísticos, está lejos del fantasma de los jóvenes sacados y asesinos de la tele. Los jóvenes participan muy poco en los homicidios en ocasión de robo. Estas historias impresionan, pero tienen una explicación per se, no podemos dar una explicación de lo que pasa en toda la provincia por un caso.”

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