Crónicas de femicidios: Andrea Pajón

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Daniel Riera – Infojus Noticias.-

“Hay que luchar para que le den bola a la mujer cuando hace la denuncia”

A Andrea Pajón la mataron el 27 de agosto de 2008 dos sicarios contratados por su marido, Claudio Sartal. Un día antes, no le habían tomado la denuncia en una Comisaría de la Mujer. Seis meses después, hallaron muerto a la última pareja de Andrea. Sartal tiene perpetua y está preso desde 2011, pero no tiene sentencia definitiva. “Vamos a estar pendientes de todo lo que haga hasta la que la sentencia quede firme”, dicen los padres de Andrea.

Andrea Pajón había hecho 12 denuncias en la Comisaría de la Mujer contra su ex marido Claudio Sartal, por reiteradas amenazas de muerte. No le tomaron la número 13 porque le dijeron que tenía que ir a la jurisdicción correspondiente. El 27 de agosto de 2008, poco antes de las siete de la mañana, dos sicarios contratados por Sartal la asesinaron cuando llevaba al colegio a uno de los hijos de ambos. Andrea tenía 39 años. Seis meses después, Fabián Durán, el último compañero de Andrea, fue hallado muerto en su casa. Fabián también tenía 39 años. Sartal tiene cadena perpetua y está preso desde 2011, pero aún no tiene una sentencia definitiva. Mario Pajón y Marta Fernández, los padres de Andrea, aún no están tranquilos. “Vamos a estar pendientes de todo lo que haga y deje de hacer este tipo hasta que la condena quede firme”, prometen.

–Vamos a ir al Ni una menos. Yo voy a todas las marchas y siempre estamos los mismos, así que si ahora va mucha gente me parece buenísimo – dice Marta.

– Hay que luchar para que le den bola a la mujer cuando hace una denuncia, que los aprieten un poco a estos tipos –dice Mario.

La relación entre Sartal y Andrea comenzó cuando él tenía 14 años. A los 17 años se casaron. Convivieron 22 años en una cierta armonía. Él trabajaba como bobinador de motores, en su propia casa. Ella era maestra de escuela. Tuvieron dos hijos: Leandro y Alan. Hasta que un día de 2006 sonó el teléfono en la casa que compartían en San Justo. Marta, que conoció los hechos a través del relato de su hija, lo cuenta con tanto detalle que parece que ella misma hubiera estado ahí.

– A este buen señor se le ocurrió andar con una chica muy joven,  que tenía la edad de mis nietos. Un día estaban tomando mate cuando esta chica llamó y pidió hablar con Claudio. Andrea le pasó el teléfono, él atendió y lo único que decía era “Sí, sí, bueno, bueno…”  Entonces él le pasó el teléfono a Andrea, y la chica le dijo que ella andaba hace dos años con Claudio, y le preguntó cuándo lo iba a dejar. Mi hija le dijo “¿Cómo decís? ¿Qué?” La chica le dijo que habían ido al hotel, que  le había regalado una remera y un par de anteojos. Él había venido justo con una remera y un par de anteojos. La chica le dijo: “Hace dos años que andamos juntos y él dice que no le querés dar la separación porque te querés matar y por el nene”. Ella le cortó el teléfono y lo encaró. Él le dijo que estaba loca, que no podía ser que la otra le hubiese dicho eso. Cuando mi hija le preguntó por la remera y el par de anteojos, le dijo que los había comprado por la calle. Todo esto lo supe un lunes: yo la llamaba todas las mañanas antes de que se fuera al colegio y esta vez le noté la voz rara y me fui para allá. El día anterior iban a venir a casa a comer y ella había suspendido, y me di cuenta de que pasaba algo. Cuando llego estaba con los ojos que parecían dos huevos fritos, de tanto que había llorado.  Ahí me contó todo. Al rato llegó él y hablamos.

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– Claudio, ¿qué pasa?

– Su hija está loca.

– ¿Por qué decís que está loca?  Andrea me contó lo que pasó…

– No, no…

– Claudio, ¿por qué no ponés los huevos sobre la mesa?  Ya que tenés otra mujer, andate, dejala tranquila con sus hijos y nada más.

– No, porque yo a ella la quiero.

–Vos sabés  bien cómo es Andrea, que ella nunca te iba a soportar una infidelidad. Andate y después  reconquistala.

– No, yo de mi casa no me voy a mover.

Marta recuerda que Claudio abrió la campera  y debajo tenía el revólver. Ese día él la golpeó.    Andrea se fue a dormir a la habitación de sus hijos. Una noche oyó un tiro. Se despertó asustada: pensó que él se había matado. Llegó al dormitorio que ahora ocupaba  él, solo, y Claudio estaba con el arma en la mano. Había tirado un tiro en el colchón para amedrentarla.

Cuando Andrea decidió irse de su casa, empezaron las amenazas. Él le cruzaba el coche, le decía “te voy a matar, tenés que volver a casa”, la esperaba a la salida del colegio. Ella se mudó a dos cuadras y media de la casa de sus padres e inició los trámites de divorcio. Él mantenía la relación con su amante, pero sin embargo nunca dejó de hostigar a Andrea. Ella consiguió una restricción domiciliaria. Él se acercaba, de todos modos. Una vez, Mario lo interceptó y se agarraron a trompadas. Cuando fue a hacer la denuncia a la comisaría 3era, no se la quisieron tomar porque Claudio había denunciado antes la agresión.

Andrea conoció a un hombre, Fabián Durán. Inició una relación con él. El hostigamiento se hizo constante. Una vez, Fabián y Andrea fueron a pasar un fin de semana a Gualeguaychú. Estaban en una pileta cuando se encontraron a Sartal con su amante. Sartal le sacaba fotos a Andrea. Ella le sacó la cámara y se la estrelló contra el piso. Fabián lo agarró a trompadas. Sartal amenazó de muerte a Fabián. Le dijo “A vos también te voy a matar, hijo de puta” Luego los denunció en la comisaría.  Esa noche, según contó su amante, Paula Soledad Silveyra, llamó a Gabriel Varas. Antes de llamarlo, le dijo a Soledad que se fuera, que tenía que hablar a solas, pero ella se quedó escuchando el diálogo. Según Soledad, Sartal quería que Varas viniera a Gualeguaychú y Varas le dijo que no, porque en el peaje “saltaba todo”.

Andrea Pajón fue asesinada en la puerta de su casa, en Castelar. Estaba sacando el coche para llevar a su hijo menor al colegio. El hijo vio que se acercaban dos tipos. Uno de ellos le tiró dos tiros a Andrea. Luego se fueron caminando, como si nada. Andrea fue internada de urgencia y murió a las 38 horas. La noche anterior al crimen había ido llorando a la casa de sus padres, desesperada porque no le habían tomado una denuncia. Les dijo: “Qué tengo que hacer para que me hagan caso, me tienen que traer acá en un cajón”.  Por increíble que parezca, los de la Comisaría de la Mujer se aparecieron el 27 de agosto a las ocho de la noche a ofrecer su colaboración en la clínica, mientras los médicos trataban de salvar la vida de Andrea. Mario no lo pudo soportar.

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–Me puse loco y los eché a la mierda. Les dije “ahora me quieren ayudar, anoche a esta hora mi hija fue a hacer la denuncia y no se la quisieron tomar,  váyanse  de acá”. Ellos me dijeron: “No, pero nosotros no estábamos en ese momento”. El viejo truco: yo no estaba, no lo vi…

Leandro, el hijo de Claudio y Andrea, jamás dudó de que su propio padre fue el instigador del asesinato, y así se lo dijo a su abuelo, que pese a los antecedentes, no lo podía creer.

–No me entraba en la cabeza, pero empecé a atar cabos. No apareció en el velorio, no les dio el pésame a sus hijos. Al más chico le dijo: “Papito, quedate tranquilo que papá no fue”. Nadie en ese momento lo acusaba de nada. Entonces yo dije: “mi nieto tiene razón”.

El 27 de agosto de 2008, Claudio Sartal fue a atender su asma en un hospital. Paula Soledad Silveyra lo acompañó. Por la radio del auto escucharon que le habían pegado un balazo a una maestra de Castelar. “Esa fue Andrea”, dijo Sartal.

Él se llevó a Soledad a vivir a la misma casa donde antes había vivido con Andrea y sus hijos. Según cuenta Marta, él se asoció con un comisario y puso un prostíbulo en Morón. Allí conoció a una mujer y decidió dar por terminada la relación con Soledad. Ella no se quería ir de la casa. Entonces él le dijo: “A vos te va a pasar como Andrea, que yo pago 10 mil pesos y te saco de la tierra”. Soledad decidió hacer la denuncia en una fiscalía. Habían pasado dos años desde la muerte de Andrea. Claudio Sartal fue encontrado culpable del asesinato de su esposa y condenado a cadena perpetua. Nunca se supo la identidad de los sicarios. Gabriel Varas fue interrogado, pero zafó. Sobre la muerte de Fabián Durán, el último compañero de Andrea, hay una única certeza: murió de amor.  La familia de él no quiso investigar si fue un suicidio o si alguien lo mató, o si alguien lo indujo a suicidarse. La familia Durán cree que en algún lugar Fabián está junto a su amada y que eso es lo que importa. Marta está en cada detalle del proceso judicial y no le pierde pisada a las actividades de Sartal. Cuando supo que tenía un celular en la cárcel, lo llamó.

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– Hola, quién habla.

–Cómo,  no me conocés.

–Espere un momentito. ¿Marta?

–Sí, Marta.

–¡Que Dios la bendiga!

– ¡Que te bendiga a vos, hijo de mil puta!

–No, Marta, pero no se llene de odio , de rencor, porque le va a hacer mal!

–Mal me hiciste vos, hijo de puta,  porque yo a mi hija la tengo en un cajón.

–No, pero usted está equivocada. ¿Por qué me echa la culpa a mí? Yo estoy acá por usted.

–¿Por mí? Vos te olvidaste que por tu hembra, que te hizo separar de mi hija, estás vos ahí.

–No, pero usted se equivoca. ¿Por qué no fueron por el gordo [se refiere a Fabián]?

–¿De qué gordo me hablás? Al gordo lo mandaste a matar vos. O te creés que soy tarada.

–No, pero no es así. Yo estoy acá por usted. ¡Que Dios la bendiga!

–¡Que te bendiga a vos, hijo de puta! ¿Y sabés qué, la concha de tu madre? Arrodillate todos los días y pedile a Dios que yo me vaya de este mundo, porque yo voy a ser tu cruz! Grabátelo. Mientras yo viva, voy a ser tu cruz.

Marta cuenta que Claudio terminó cortando. Y que, desde ese día, nunca más le atendió el teléfono.

Fotos: Ezequiel Pontoriero

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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