Cuatro y cinco años de prisión para narcos en La Plata

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Radio Futura-. Un mexicano y un colombiano fueron detenidos hace dos años en pleno centro de La Plata con 50 kilos de cocaína de máxima pureza. La investigación se construyó en base a un supuesto informante de la policía. Dio detalles de la operación y los señaló como parte de una célula del cártel mexicano de “Los Zetas”. Sin probar ninguna conexión internacional la justicia terminó por avalar un acuerdo entre la defensa y la fiscalía que los condenó a 5 y 4 años de prisión.

Luis Rafael Ulibarri del Río y Francisco Javier Núñez lo asumieron ante la justicia: habían venido a Argentina para hacer un “negocio” y salió mal. El 27 de septiembre de 2011 la Policía de la Provincia de Buenos Aires entró en el departamento que alquilaban. Era el A del tercer piso del edificio N°416 ubicado sobre la avenida 7, una de las calles más transitadas de la ciudad de La Plata. Además de los inquilinos, los uniformados de la Delegación Departamental de Investigaciones encontraron las llaves de una caja fuerte y de un local ubicado a cuatro cuadras que inmediatamente allanarían. Se trataba de “Equipamientos Terapéuticos S.A.”, ubicado en calle 6 N° 595.

El narcotráfico despierta la creatividad al momento de camuflar la droga. En La Plata se utilizó un método conocido pero poco usual. En su fachada, la empresa “Equipamientos Terapéuticos”, se dedicaba a la venta de almohadillas térmicas.  El plan de Ulibarri y Núñez consistía en retirar el gel que se encuentra en ellas para reemplazarlo con otro con la cocaína diluida. Cuando la policía entró al comercio halló una importante cantidad de almohadillas y una caja fuerte marca “Steelock”, de 1,45 metros de altura. Bien resguardados se encontraban allí 48 ladrillos de cocaína.  Los “panes” contenían en total 31.858 gramos. Mientras tanto, en las almohadillas se hallaron 25.821. El total da casi 58kg, aunque en su fallo la justicia habló de 51,4kg.

La segunda parte del plan de los traficantes consistía en exponer las almohadillas en un stand reservado en la “Expo Medical”, una importante muestra de tecnologías en salud. La misma se realizaría entre el 28 y 30 de septiembre de 2011 en el Centro Costa Salguero de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el stand reservado por los narcos era el 2-J06. En los días siguientes a la exposición la cocaína camuflada sería llevada a otra similar en la capital de Portugal, Lisboa, para de esta manera introducir la droga en el mercado europeo.  Si bien el stand en Bs. As. estaba confirmado, el destino de Portugal fue uno de los tantos datos aportados por el supuesto informante de la policía y que nunca llegó a comprobarse.

La  cocaína hallada en el operativo era de una pureza mayor al 80%, lo que conformaba para los investigadores un indicio de que no era para el mercado argentino. A pesar de su máxima pureza, la especulación sobre el valor realizada por el gobernador Daniel Scioli voló por los cielos. Tras los allanamientos hechos en La Plata, éste posó para la foto junto a la cúpula de la policía bonaerense. El estruendoso grito de que habían descubierto una célula del cártel de “Los Zetas” los convocaba. En este marco, el gobernador anunció que la droga hallada tenía un valor de 20 millones de euros. Según el cálculo del gobernador, el kilogramo se vendería a 400.000 euros en Europa. Sin embargo, según estimaciones de organismos especializados, el kilogramo de cocaína se adquiere en ese continente por 35.000 euros. Esto indica que el valor real de la incautación era en realidad de menos de 2 millones de euros.

La ciudad de La Plata fue el centro de atención de los medios nacionales y algunos internacionales. La nacionalidad de los detenidos los convocaba: Núñez de 26 años era de Colombia, mientras que Ulibarri del Río de 50 años era de México. Sin embargo, la alerta provino de las declaraciones de la policía y Daniel Scioli. Afirmaron que el mexicano sería un importante y agresivo integrante de la banda de narcotraficantes “Los Zetas” de México, reconocida por su sanguinaria forma de enfrentarse a las bandas contrarias y a las fuerzas de seguridad.

Un gran caso, una pequeña investigación

La policía ya sabía qué iba a encontrar en aquella supuesta ortopedia. La investigación comenzó a varios kilómetros de la capital de la provincia de Buenos Aires, en Lomas de Zamora. El 21 de septiembre de 2011 el Comisario Julio César Robledo, titular de la Delegación Departamental de Investigaciones -DDI – de Necochea, se acercó al Fiscal Federal de la Fiscalía n°1 de Lomas de Zamora, Alberto Gentili. El oficial le dijo que se enteró de los planes de Ulibarri y Núñez a partir de una persona que sostuvo haber tomado conocimiento del plan “involuntariamente”. Robledo agregó que la persona se negaba rotundamente a declarar por temer por su vida. Fue así que el fiscal le encargó a través de tareas de inteligencia “individualizar correctamente las empresas, domicilio y personas que se encontrarían involucradas en la denuncia recibida”. Sin embargo, ese encargo habría sido realizado de forma verbal; ya que el pedido de instrucción fue requerido por el fiscal al día siguiente. De esta manera la investigación inicial duró menos de una semana: los allanamientos y detenciones se realizaron a seis días de que el Comisario Robledo presentara la denuncia.

La investigación sobre los supuestos peligrosos narcotraficantes duró cinco días. Empezó con la declaración del jefe de la DDI y acabó con los allanamientos. Deteniendo a los únicos que se conocía como parte de la operación y enseñándolos al mundo, la posibilidad de seguir el rastro de la droga y  detener a los compradores finales en Europa se desintegró.  Así también la de confirmar o negar que los detenidos formaran parte de poderosas bandas criminales internacionales.

Mientras Núñez y Ulibarri eran detenidos, otros tres allanamientos se realizaban en distintos puntos de la provincia. El “operativo Lisboa”, como fue bautizado por las fuerzas de seguridad, sólo arrojó resultados positivos en uno de ellos. Se obtuvo en Banfield, donde en Martín Capello al 500 se detuvo al que se consideró el contacto argentino. Se trataba de Rubén Eduardo Reale, un comerciante que sería luego sobreseído. Según la justicia se pudo establecer que proveyó de las bolsas térmicas a Ulibarri y Núñez, pero no que conocía sus intenciones. En cuanto a los resultados en los restantes domicilios no se realizaron declaraciones públicas. Tampoco se dijo qué era lo que se buscaba.

Durante casi un año la causa fue tramitada por el juez Alberto Santa Marina, titular del Juzgado Federal N°1 de Lomas de Zamora. Sin embargo, a mediados del 2012 la causa pasó a manos del juez platense Humberto Blanco al considerar la cámara de apelaciones que no era correspondiente la jurisdicción del juez de Lomas de Zamora. Así, la investigación fue a parar a manos del fiscal platense Sergio Alejandro Franco.

Finalmente el 13 de marzo de 2013 la causa llegó a manos del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1. Las partes habían llegado a un acuerdo: cinco años y cuatro meses de prisión. De esta manera, los imputados se reconocían como culpables del delito de almacenamiento de droga y evitaban la larga espera de un juicio que podía conllevar una pena mayor. Finalmente, el 26 de septiembre, el tribunal convalidó el acuerdo, aplicando la pena solicitada por el fiscal a Ulibarri, pero reduciéndola a cuatro años y seis meses a
Núñez.

El nexo internacional

La elaboración del plan daba claras señas de que la organización diseñada requería de mucho más que Ulibarri y Núñez. La inversión realizada para la operación no era menor: el alquiler de dos propiedades en pleno centro de la ciudad y la maquinaria comprada para diluir la droga en gel. También se debe señalar la infraestructura requerida para la entrada y el traslado de la droga en la Argentina y posteriormente el ingreso de la misma en el mercado europeo.

En la estructura del narcotráfico más clásica, Ulibarri y Núñez vendrían a ocupar un lugar gris. De acuerdo a la declaración del policía Robledo, ellos planeaban transportar la droga hasta Portugal con la excusa de una feria médica. Sin embargo, eran los mismos encargados del camuflaje. En este sentido cumplirían un doble rol: transportistas y acondicionadores, papeles que suelen estar distanciados, y que a su vez responden a dos perfiles sociales diferentes. Mientras los acondicionadores se destacan por su capacidad de diseñar mecanismos para esconder la droga, los transportistas son los eslabones más vulnerables del narcotráfico, arriesgando muchas veces su vida.

 

(Una investigación de Radio Futura: http://fmfutura.com.ar/)

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