Desplazan a un jefe policial en Córdoba por torturas en una comisaría

Policía-de-Córdoba-630x350Cosecha Roja.-

Lo llevaron a un cuarto, lo sentaron en una silla, le pusieron una bolsa en la cabeza, le taparon la boca y le dieron: en la cara, en el tórax y en los genitales. Así relató Ariel Hilves a los medios locales la tortura que sufrió junto a su hermano menor y un amigo el sábado 27 de septiembre en la comisaría de Justiniano Posse, Córdoba. El Jefe de Policía provincial, Julio César Suárez, pasó a disponibilidad a los tres agentes acusados, le dio licencia a otros ocho oficiales y desplazó al Jefe de la Departamental Unión, Héctor Antonio Garis. Suárez dirige una fuerza que durante la primera mitad cometió siete casos de gatillo fácily puso de moda la exposición de los “delincuentes” en un corralito para los medios.

Los hermanos Hilves declararon ante la fiscalía de Bell Ville, a cargo de Oscar Aliaga, y describieron físicamente a los cuatro oficiales que los golpearon y también dieron información sobre otros -de la Departamental Unión y de la Caminera- que estaban ahí, vieron todo y no lo detuvieron. Habían sido detenidos el sábado a la noche por un incidente en un boliche de Justiniano Posse, en donde la policía les tiró gas pimienta. El 1 de octubre, la comunidad de Justiniano Posse se movilizó bajo la consigna “No a la violencia”.

“Entraron como cuatro policías al menos, me pusieron una bolsa de nailon en la cabeza. Con una mano me taparon la boca y me empezaron a pegar. Yo me asfixiaba. El nailon se me metía en la boca. Intentaba que no me peguen en el pecho para no quedarme sin aire. Se me pegaba la bolsa, era imposible respirar”, contó Ariel a La Voz de la Interior.

Suárez, el jefe de Policía, dijo: “Si delinquen, se tienen que ir de la fuerza: desprestigian el uniforme y no lo vamos a tolerar”. Desde que él asumió la policía está más presente en los barrios populares. Es, dicen, un “policía de tropa”. Fue nombrado a finales de 2013, después del acuartelamiento y el narcoescándalo, en el que se demostró que el narcotráfico era sostenido por la estructura policial.

Cuando una policía mató a Lautaro Torres en abril, Suárez fue el que dijo que el muchachito ya estaba “acostumbrado”. “Los delincuentes saben que si salen a robar armados pueden tener la desgracia de terminar muertos”, dijo. Fernando “Were” Pellico murió en los brazos del abuelo por un disparo policial en julio. El 24 de marzo acribillaron a balazos a Ezequiel Barraza, un pibe de 20 años al que acusaron de haber robado. El 7 de abril asesinaron a un joven de 15 años en Villa Corina. El 12 de mayo, en el barrio Observatorio, mataron a Pablo Nicolás Navarro de 29 años. El 18 de julio, el agente Martín Montes de Oca asesinó a Miguel Ángel Torres  El 8 de julio, en el barrio San Vicente, un policía vació el cargador de su arma contra una Trafic llena de jóvenes. Gastón Lusio, de 17 años, terminó herido de gravedad. El agente fue imputado por “lesiones graves” y detenido en la Unidad Penal 9.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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