Blanche Petrich de La Jornada entrevista a Javier Sicilia tras el encuentro con Calderón.

No me arrepiento del abrazo a Calderón; eso no nos iguala

Por Blanche Petrich. La Jornada, 30 de junio de 2011.

El poeta Javier Sicilia no niega que el del Castillo de Chapultepec fue un diálogo de sordos entre el Ejecutivo y las víctimas de la violencia, al menos en cuanto al cambio en la estrategia de seguridad que estamos exigiendo.

Pero no admite que sea un fracaso para el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que él encabeza. Ni una claudicación. Logramos romper el monólogo del poder, y ese es un primer paso en un proceso que seguramente va a ser muy largo.

El escritor reconoce que en el entorno del gobierno calderonista se va a manipular el contenido de estos acercamientos y se va a intentar desvirtuar la esencia del proceso. Pero no por eso podemos dejar de acudir. Negar el diálogo es alimentar la violencia, polarizar al país más de lo que ya está.

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Tres notas de opinión acerca del encuentro del jueves 23 de junio de 2011 en el Castillo de Chapultepec entre el Presidente Calderón y el poeta Javier Sicilia, que estuvo acompañado por  otros integrantes del Movimiento por la Paz en México.

¿Hacia dónde va el movimiento por la paz?

Por Pietro Ameglio. La Jornada, 26 de junio de 2011.

La acción de dialogar públicamente con el Poder Ejecutivo fue consensada entre Javier Sicilia y la gran mayoría de los familiares de víctimas que han construido este movimiento, no sólo con el objetivo de visibilizar a nivel nacional los rostros e historias personales de miles de víctimas de esta guerra civil sin sentido, sino también ayudar para que sus familiares, como sujetos sociales, avancen en un proceso colectivo de trabajo por la justicia, verdad y dignidad, y no sólo por el esclarecimiento de sus casos personales. En todo momento estuvo claro que ese diálogo se trataba de una de sus acciones de lucha social. Por ello los discursos fueron construidos colectivamente con exigencias muy precisas a los poderes.

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Calderón y Sicilia, abrazados

Por Álvaro Cueva. Milenio, 26 de junio de 2011.

Me siento muy mal conmigo mismo porque se supone que debería estar verdaderamente contento por lo que pasó la mañana del jueves pasado entre Javier Sicilia y Felipe Calderón, pero no, no es así.

Por más que me trato de convencer de que aquello fue maravilloso y a pesar de que muchos de mis amigos más queridos se la han pasado diciéndome que ahora sí México se va a unir y va a cambiar, no me la creo.

Debo ser la criatura más pesimista del universo, pero ese encuentro entre el Presidente y algunos de los familiares de las miles de víctimas de la guerra contra el crimen organizado que todos estamos padeciendo se me hizo un vil evento de relaciones públicas.

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Cara a cara, las víctimas y el poder

Por Miguel Ángel Granados Chapa. Reforma, 26 de junio de 2011.

Algo cambió en la relación de gobernantes y gobernados el jueves 23 de junio, en el Castillo de Chapultepec. Por primera vez en la historia estuvieron frente a frente, cara a cara, las víctimas y el poder. Un sistema político entre cuyos rasgos cuenta el desdén del gobierno a los ciudadanos experimentó una mudanza cuyos alcances están todavía por definirse. Porque la reunión en la antigua residencia presidencial fue, al mismo tiempo, culminación y comienzo, logro y expectativa, exposición de agravios y avistamiento de remedios.

Javier Sicilia no logró que el presidente Calderón pidiera perdón a la nación como le demandó hacer. Calderón se parapetó en circunloquios para no ceder en ese momento central del diálogo con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Reconoció la necesidad de hacerlo, pero en vez de dar el paso éticamente obligado: hacer lo que admitía como necesario y expresarlo sin ambages, aprovechó el requerimiento de Sicilia para reiterar su terco aferramiento a una estrategia probadamente fallida. En un desliz verbal aceptó sin querer su renuencia a pedir perdón: al contestar el reproche sobre la impertinencia de un desfile militar en Ciudad Juárez, a fines de mayo: “Lejos de mi intención el ofenderlos, y ahí sí les pido, si es una ofensa para ustedes, me perdonen”.

Ahí sí. En el planteamiento de fondo no.

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