Ecatepec, el peor lugar para ser mujer en México

femicidio afp

Alberto Nájar y Juan Paullier – BBC Mundo.-

A Dulce Cristina Payán Urvano se la llevaron de la puerta de su casa el domingo 15 de enero de 2012.

Su hermana Abigail vendía discos detrás de la entrada del hogar y escuchó cómo Dulce se reía con su novio.

A las 8.30 de la noche una furgoneta se detuvo y ambos desaparecieron. Al novio lo soltaron al rato, pero ella apareció muerta horas después. Tenía 17 años.

En la sala de la casa de los Payán, la recuerdan con un altar en un rincón, decenas de osos de peluche e imágenes suyas. “Descanse en paz”, dicen algunas, y están decoradas con dos lazos negros.

Su padre, Pedro, no disimula la indignación que le produce lo que le sucedió a su hija y lo que sigue ocurriendo en la zona donde vive.

La colonia Hank González es de las más vulnerables del municipio donde más feminicidios (asesinatos de mujeres por razones de género) han ocurrido en México en el último tiempo.

En todo el país no hay peor lugar para ser mujer que Ecatepec.

Si México es un país que se ha ido acostumbrando a convivir con la idea de que la vida no vale, lo que ocurre con las mujeres en esta zona del estado de México, apenas al norte del Distrito Federal, raya lo absurdo.

Es un lugar donde se combina el horror de la muerte fácil, el desprecio hacia la mujer, la inseguridad generalizada y la impunidad.

La noche que su hija murió asesinada Pedro quiso salir a buscarla en la patrulla y los policías aceptaron para que vieran que estaban haciendo su trabajo.

Después de unas vueltas por el barrio le dijeron que se fuera para su casa, queseguramente era un secuestro y que lo iban a llamar para pedir un rescate.

Horas después un familiar divisó el vehículo y alertaron a los policías. Y aunque fueron hasta el lugar y encontraron a uno de los presuntos responsables en la furgoneta, las autoridades le dijeron a Pedro que se fuera a dormir y que se presentara en la comisaría a las 8:00 am del día siguiente.

Horas después supo que el detenido había confesado dónde estaba Dulce. Perocuando llegó la policíala joven ya estaba muerta.

“Nada más lo tuvieron encerrado, y como no tenían más personal no podían hacer nada. No había secretarias, no había nadie de guardia. Por eso digo, para mí les falta mucha preparación,”, se lamenta Pedro.

Pedro no dejaba de ir a menudo a la fiscalía para conocer los avances de la investigación porque quería ver al responsable de la muerte de su hija tras las rejas.

Un día de marzo, el novio de Dulce reconoció al asesino en la calle, le avisó a Pedro y pensaron en hacer justicia por mano propia.

“Una rabia, una desesperación de que todo lo que leí en el expediente: como había tratado a mi hija esta persona, como la había golpeado, la golpeó con un autoestéreo en su rostro, me la apuñaló varias veces, si fue algo…”, recuerda.

“¿Cómo le puedo explicar? Cuando lo vi, quería hacerle lo mismo, pero como que algo me decía no. Sí lo llegué a golpear, sí llegó un momento en que lo quería asesinar, desaparecerlo, colgarlo en el parque, todo eso se me vino a la mente, pero varia gente me dijo que no haga tonterías, deja que venga la patrulla y hagan su trabajo”.

“Sí, fui yo, ¿y qué?”, les dijo el asesino.

Hoy está preso y todavía no ha sido sentenciado. En la familia Payán el dolor y el miedo no se van, y hablan del hueco que dejo Dulce.

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“Uno se pregunta cómo a la gente buena le pasa esto”, dice su hermana Abigail, de 25 años.

Por precaución cada vez sale menos de su casa, y a su hija, de 5 años, casi no la saca, asegura que no hay cómo protegerse, que le gustaría mudarse y llevarse a su hija, pero que es complicado.

“Las autoridades no hacen nada, quieren tapar. No hay seguridad, no te sirve de nada”, se queja.

Las mujeres aquí cambian sus rutinas, vuelven a casa más temprano, intentan no salir solas. Y se aprende a convivir con el temor y la desconfianza.

“Es eso de no saber qué es lo les pasa a los hombres por su cabeza para hacer tanto daño… se les hace fácil, no les tiembla el corazón, asesinar a una mujer, qué poco hombre. Es de no tener amor hacia la mujer”, lamenta Abigail.

“Vivo en una sociedad enferma, hay mucho odio. Pero tengo la esperanza de que esto cambie, de que mi hija no viva en una sociedad así. Tenemos que inculcarles valores a nuestros hijos, educarlos, eso empieza desde chiquitos. Las personas que hacen esto, que no les importa asesinar a su mujer, ¿cómo los educaron? “, le dice a BBC Mundo.

“Pinches putas, pónganse a trabajar”

A unas cuadras de distancia, con 18 años, Tere busca educar y crear consciencia sobre la situación en Ecatepec.

Para llegar a su casa se pasa junto a un camión de basura donde dejaron abandonado el cuerpo de una mujer, y en la puerta del hogar, su madre Alicia, señala hacia la esquina: “Aquí nomás se las llevan, de ahí”.

Recordatorios de la cotidianidad de lo atroz.

Tere es Teresa Martínez Velasco, una chica de Ecatepec que en julio terminó la preparatoria y piensa estudiar psicología social y criminología.

“Pinches putas, pónganse a trabajar”, eso tuvo que escuchar de la boca de unos hombres tiempo atrás cuando junto a un grupo de mujeres realizaban una representación en el municipio.

Rescataron sus vestidos de fiesta de 15, se maquillaron como si hubieran sido golpeadas y salieron a las calles para alertar sobre la violencia contra la mujer.

Les tiraron agua caliente. Las insultaron. Las denigraron.

“Es muy precario ser mujer en esta zona, somos el blanco más fácil para la violencia, somos una presa fácil”, le dice a BBC Mundo.

No más femicidios - manuel amador

Tere teme que la ataquen fuera de la puerta de su casa, intenta no salir mucho de noche e ir acompañada, y cuando lo hace siempre está enviando mensajes a su madre para reportarse.

“Hay que acabar con esto, muchas veces he pensado en mudarme. Esos hombres no tienen nada en la cabeza, hay misoginia y quieren que sigamos calladas”.

“Desde chicos tienen esa idea de que la mujer no es nada, incluso que desde niños les dicen no llores porque es de niña, acaso ser niña es malo? Desde ahí empieza el odio”.

Las preocupaciones de los adolescentes

Tere se empezó a involucrar en el activismo cuando conoció a Manuel Amador, un sociólogo profesor de la Escuela Preparatoria Oficial General Francisco Villa 128.

Además de dirigir el Taller Mujeres, Arte y Política, donde conoció a Tere, Amador dicta la materia Métodos y Pensamiento Crítico.

El día que BBC Mundo visitó Ecatepec, Amador recién terminaba de dictar clases y de recoger la tarea que le había encomendado a sus alumnos de entre 14 y 15 años.

La consigna: “Escribe al menos tres problemas que en lo personal y/o social a ti te preocupan de los cuales es importante discernir sobre ellos”.

De un total de 50, solo un puñado no menciona la violencia o la inseguridad:

  • “La delincuencia, maltrato físico o verbal hacia la mujer”.
  • “La violencia: porque ahora en estos tiempos ya no puedes confiar en salir a la calle porque asaltan o golpean”.
  • “La delincuencia es preocupante porque no puedo estar segura sabiendo que no puedo salir a la calle tranquila”.
  • “A mí me preocupa la inseguridad ya que por esa razón mi mamá casi no me deja salir a fiestas y tampoco me deja andar sola en la calle”.

Amador busca que sus alumnos piensen de manera diferente, generar una esperanza de que se puede cambiar ese destino que parece trazado para muchas mujeres aquí, pero es consciente de que es necesario que su esfuerzo se multiplique.

“Quiero que las chicas aprendar a denunciar, a saber que como mujeres importan, porque la sociedad construye esa idea: ‘Tú no importas, tú debes quedarte callada’. Eso influye mucho en que esto siga sucediendo”, le explica a BBC Mundo.

Y el maestro repasa algunos casos: las chicas que sacaron de un bar, las violaron, las mataron, y las tiraron en la acera de enfrente; la mujer que iba con su bebé y vio cómo asesinaban a otra y entonces también la mataron; la chica que a las siete y media de la mañana salió a comprar leche y ya no volvió.

Y podría seguir.

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Las historias son conocidas, pero no siempre hay denuncias. La gente, dice, ya tiene miedo hasta de denunciar, temor de enfrentar a las autoridades.

Les piden plata para mostrar un expediente, para hacer unas copias, dinero hasta para mantener el caso abierto, que investiguen el homicidio puede costar 2.000 pesos (US$120): la justicia tiene su precio.

Para Amador hay una clara intención de parte de las autoridades de “silenciar o de obstaculizar. No se visibilizan los casos porque también las autoridades dicen: ‘No denuncies porque si tú denuncias puedes entorpecer todo esto'”.

Desconfianza

Algo similar ha experimentado Guadalupe Reyes Martínez, de 43 años, en los últimos meses.

Su hija Mariana estaba finalizando los trámites para solicitar una beca para estudiar ingeniería y en la noche del 14 de septiembre pasado salió a hacer unas copias.

Fue sola porque su padre se había roto el pie y no la podía acompañar. Mariana nunca regresó.

Desde entonces sus padres viven una pesadilla.

Un mes después les dijeron que habían encontrado restos en el Río de los Remedios, una corriente que se ha convertido en fosa común de las víctimas de feminicidio.

El año pasado se reportó el hallazgo de hasta 40 cuerpos desmembrados.

Cuatro meses después de la desaparición de Mariana les entregaron los resultados de un estudio de ADN donde decían que algunos de los restos hallados eran 99,9% compatibles con ella.

Las autoridades daban por cerrado el caso. Reyes desconfiaba.

Les decían que los restos estaban demasiado descompuestos, que su estado anímico no era el mejor para ver las fotografías de su hija, que no podían ver el expediente por la delicadez del caso.

Pero él y su esposa dudaban y decidieron pedir una segunda opinión, consultaron con un investigador privado que terminó fugándose, contrataron a peritos forenses independientes y dos meses atrás se realizó una exhumación.

Todavía esperan por los resultados.

“Tal vez hasta las mismas autoridades estén coludidas con esta situación, porque hemos visto, y no sólo en mi caso, que para sacar unas copias (del expediente) te piden dinero, en el caso mío no nos permiten verlo”, cuenta Guadalupe.

“Si quieres hacer una búsqueda, algún movimiento, te piden dinero. Todo movimiento es mediante una cantidad. Si tienes el dinero, vas a poder mover el expediente, si no, no”, agrega.

A casi un año de la desaparición de Mariana y pese a que las autoridades aseguran que falleció, su madre cree que está viva.

“Tenemos la idea de que sigue viva, sabemos de que sigue vive, así lo queremos ver nosotros. Hasta el momento que no nos entreguen la certeza de que es Mariana, nosotros la seguimos buscando viva. Sigue vive porque así como me lo hicieron ver de que esto era mi hija, perdón, estos son papeles. Nosotros seguimos buscando a Mariana. Mariana vive”.

Reyes asegura que los ataques contra las mujeres son frecuentes porque hay un mínimo esfuerzo de las autoridades en buscarlas y en resolver los casos.

Lo primero que le dicen a los padres, explica, es que no se haga ruido con la desaparición de una persona porque la “ponen en riesgo”, y desalientan que hagan búsquedas por su cuenta, coloquen carteles en las calles o hasta hagan campañas en redes sociales.

“México está en riesgo. Las autoridades nos están dando omisiones, negligencia en su trabajo, no hay búsqueda, no saben cómo buscar las personas, no saben cómo encontrarlas… no hacen su trabajo”.

Batalla por las cifras

Tampoco parece haber interés de las autoridades en que se conozcan las cifras que dimensionan la magnitud del horror que vive Ecatepec.

María de la Luz Estrada preside el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, una entidad no gubernamental que agrupa a 49 organizaciones de derechos humanos y de mujeres.

En conversación con BBC Mundo explica que desde fines de 2010 le han pedido a la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) que revele los datos sobre feminicidios.

Necesitaron casi cuatro años y ganar amparos judiciales.

Son cifras pero alcanzan para helar la sangre: 1.554 mujeres desaparecidas en el estado, 400 en Ecatepec, la mayoría de entre 15 y 17 años.

El Observatorio dice que se han cometido 1.003 feminicidios en todo el estado, que comprende 125 municipios, entre 2012 y 2015, y 183 de ellos ocurrieron en Ecatepec.

Sin embargo, la PGJEM asegura que sólo tiene el registro de 160 feminicidios, de los cuales el 60% se han resuelto.

Cuando la magnitud de feminicidios en Ciudad Juárez fue tal que el escándalo llegó al resto del mundo, se calcula que ocurrieron casi medio millar de asesinatos de este tipo entre 1993 y 2010.

Pero la situación en el Estado de México, con incluso peores cifras, no ha tenido el mismo impacto.

“El Estado de México es un corredor de trata de mujeres y Ecatepec es un foco rojo”, señala Estrada.

“Es uno de varios municipios en los que, aparte de operar la delincuencia común y organizada, creemos que están implicados agentes del Estado en este problema, policías municipales y estatales, eso es súper complejo”, le dice a BBC Mundo.

Con 1,7 millones, es el municipio con más población del país, pero Estrada hace hincapié en la debilidad del argumento de quienes dicen que la violencia es mayor en Ecatepec por la sencilla razón de que hay más gente.

La pobreza estructural, el régimen de impunidad y la discriminación contra la mujer explican, según Estrada, la situación: “No valemos nada, en un contexto tan negativo, pues mueres en el intento”.

El Observatorio lleva desde 2010 solicitándole al gobierno que declare la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) en el Estado de México, algo que las autoridades apenas hicieron a fines de julio.

La alerta, que como instrumento fue aprobado ocho años atrás, aplica a 11 municipios de la entidad, entre ellos Ecatepec, e implica un conjunto de acciones gubernamentales para hacerle frente a la situación de violencia y erradicarla.

Tras la declaratoria para el Estado de México, hubo otra para Morelos, en el centro del país, y hay otros siete casos bajo estudio.

El gobierno hizo mea culpa por la lentitud para declarar las alertas y la titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia (Conavim), Alejandra Negrete, aseguró que estas “ya no se politizarán”.

De hecho, el Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Snpasevm) rechazó la declaratoria de alerta de género en el Estado de México en enero de 2011, cuando la entidad todavía estaba gobernada por el ahora presidente Enrique Peña Nieto.

Amador recuerda cuando un par de años atrás acompañó a un grupo de periodistas para mostrarles tumbas de víctimas de feminicidios y una de ellas estaba hecha con un bote rojo del Partido de la Revolución Institucional (PRI) con la cara de Peña Nieto.

“Los regalaron en la campaña, muy simbólico, me pareció interesante ver esa imagen porque retrata mucho lo que pasa, es decir, lo qué le ofrece el sistema a las mujeres en el Estado de México, este gobierno: un bote que después sirva para poner flores en su cruz porque fue asesinada”, se lamenta.

La epidemia

Seis de cada diez mexicanas mayores de 15 años han sufrido algún incidente de violencia, de parte de su pareja u otras personas, de acuerdo a cifras oficiales.

Los estudios del gobierno dan cuenta de una situación crítica:

  • 17,7% está de acuerdo en que “una esposa debe obedecer a su esposo o pareja en todo lo que él ordene”.
  • 15,4% cree que “es obligación de la mujer tener relaciones sexuales con su esposo o pareja”.
  • 29.3% considera que “si hay golpes o maltratos en la casa es un asunto de familia y ahí debe quedar”.

“Tú como mujer no podrás sacar una carrera. Termina tu prepa y júntate. Si yo como hombre no lo logré, menos tú que eres mujer: eso me lo dicen en la propia familia, imagínate en la calle. Así te acostumbras y piensas que es así. Lo más que puede aspirar una mujer es a embarazarse”.

El relato de Dulce, de la colonia Santa Clara en Ecatepec, forma parte de la investigación que Amador y Héctor Domínguez Ruvalcaba, de la Universidad de Texas en Austin, realizaron sobre la violencia en el estado de México para la obra Diálogos Interdisciplinarios sobre Violencia Sexual.

Las mujeres, dice Amador, ocupan el lugar menos privilegiado y predomina la idea de que ellas no necesitan una formación profesional y el hombre suele pensar que se debe reproducir ese modelo.

“El femenicidio”, aseguran los autores, “pareciera expresar la necesidad de eliminar la capacidad de las mujeres de convertirse en sujetos. De ahí la objetivación radical que el hecho de matar y arrojar sus cuerpos encarna”.

Pese al horror que enfrentan las mujeres a manos de hombres deshumanizados, su sufrimiento parece cada vez más invisible.

Es el triunfo de la misoginia y la indiferencia.

Foto: AFP y Manuel Amador

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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