El antipogo

pogo“La fiera es el hombre, la muchedumbre. La barbarie está en la multitud enardecida”. Andrés Calamaro posteó esta frase luego de otra en que reivindicaba la lealtad y la amistad para bancar a su amigo, el Indio Solari. Luego la borró.

Popi es un hombre, no es la multitud. Portuario de Madryn, se fracturó en tres la pierna cuando se tiró arriba de un nene de 12 años que se había caído para que no lo pisaran. “Pensé que lo mataban”, explicó. Perdió el micro y teme que la fractura le haga perder el trabajo.

Su testimonio lo recogió el periodista, Fernando Soriano, quien en su crónica trató de acercarnos a lo sucedido, de ayudarnos a comprenderlo sin engañarnos con la obsesión por encontrar un culpable. Suya es una definición implacable del lugar en el que se organizó el recital: feedlot humano.

Hablemos del ritual ricotero. Rito, del latín ritus, es un acto religioso o ceremonial repetido invariablemente. Los ritos son las celebraciones de los mitos, por tanto no se pueden entender separadamente de ellos. Sigmund Freud decía que los rituales eran actividades que permitían a los individuos que las practicaban liberar sus tensiones.

Cuando alguien flashea con ser convocante “del pogo más grande del mundo”, más allá de los beneficios económicos que eso pueda reportarle, corre el riesgo de caer atrapado en su propio mito. Los ritos requieren espacios acordes con su naturaleza. Si comienzan a coquetear con la megalomanía crecen las posibilidades de que se alejen de su esencia y terminen en tragedia.

En el feedlot humano las bandas pierden el espacio vital imprescindible para ser. “Empezamos a sentir que la gente del centro se corría a los costados, pensábamos que era pogo, pero la gente seguía corriendo a los costados y nos empezaron a aplastar”, dice Daniela, que fue al recital con su novio. Es el antipogo. No es un problema de 20 idiotas. Es perder de vista que cada una de esas cabecitas apretadas al pie del escenario son personas y no fieras enardecidas. No son idiotas aunque hay que contemplar la posibilidad de que algunos de ellos hagan tonterías. No les da identidad el alcohol aunque es previsible que algunos de ellos beban de más. Son personas con una historia, una identidad, una cultura, que cuando supieron de la noticia del recital se entusiasmaron con la posibilidad de participar de la ceremonia. Puede que la mayoría haya simpatizado con la idea del gran pogo. Pero claro: ellos no eligen el lugar, ni se reúnen con las autoridades, ni cobran las localidades, ni organizan los operativos necesarios para el evento. No cabe imputarles responsabilidad por no haber conseguido dar dos pasos hacia atrás.

Los camiones del después confirman que la obsesión por la multitud hizo que los organizadores de la ceremonia perdieran de vista a las personas.

La idea mega había fracasado y había que deshacerse de su resaca como fuera. La imagen de los desmanes en la terminal sirve para que los televidentes piensen en jauría, en fieras, en multitud enardecida, y no en personas como Popi, tristes por lo sucedido y tratando de volver a sus casas para seguir adelante con sus vidas. Recuerdo lo que me sucedió hace unas horas en un bar. Tres hombres hacían comentarios peyorativos hacia el público asistente mientras miraban en pantalla plana la cobertura televisiva de la tragedia.
“Yo llegué hace unas horas, tardé un día en volver”, les dijo la moza que los atendía.  Cambiaron sus miradas. Se interesaron en su relato. Dejaron de  ver una jauría televisada. Tenían frente a ellos una persona.

El intendente culpa a los organizadores. El ministro pone la cara por la gobernadora y culpa al intendente. El presidente dice que es previsible que esto suceda cuando se pasan por arriba las normas y habla de cambio cultural, omitiendo quién y en qué momento debe prever y olvidándose de las previsiones y las normas sepultadas por el negocio en la tragedia de Time Warp. Los protagonistas del poder también tienen sus ritos. Así,el rito de cuidar su propio culito. La pulsión por la culpa sepulta la posibilidad de reflexionar partiendo de la propia responsabilidad. En el reality permanente de la criminología mediática, él que no niega todo echándole la culpa a otro siente que pierde.

Popi, Fernando, Daniela, la moza. Tu hijo que al fin apareció. Veámoslo un poco con sus ojos, con los tuyos, con los nuestros. No está mal ser parte de la multitud, siempre que no perdamos la memoria de quienes somos.

El futuro ya llegó. Llegó como vos no lo esperabas. Todo un palo, ya lo ves. Para vos, que te volviste en tren. Para él, que se volvió en avión.

Alfredo Fernández
Alfredo Fernández

Escritor, autor de la novela 24-03-76. Director ejecutivo del Instituto de Investigación sobre Jóvenes, Violencia y Adicciones (Ijovenes)

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