Él me fracturó la cara a golpes, pero mi familia dice que es culpa mía

Belén Arregui tiene 30 años y dos hijos. Su ex pareja le fracturó la cara a golpes. “Mis hermanos vieron todo y no hicieron nada”, cuenta. “Incluso declararon a favor de él, diciendo que me golpeé con un mueble. Mi madre lo trata como a un hijo, y me pregunta cuando voy a cambiar”.

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Texto y fotos: Consuelo Cabral – La Nueva Mañana.-

La trompada entró de abajo para arriba y le dio en lado izquierdo de la cara de lleno. Belén Arregui se había agachado para levantar a su hija y así quedó, aturdida, en cuatro patas. El silencio la mareó. Le empezó a salir sangre de la boca y de la nariz. Intentó tocarse la cara y no sintió nada. Salió corriendo y como pudo llamó a una amiga. “El hijo de puta de Nico me reventó”. La amiga le dijo que se tomara un remís y que se fuera directo al hospital. Belén le hizo caso.

Era pleno enero en Alta Gracia, a 40 kilómetros de la ciudad de Córdoba. Apenas unos días antes las chicas habían organizado para ir a La Falda, querían meterse al río. Ahora las dos estaban en una habitación sin entender nada y asustadas.

Los médicos revisaron a Belén y la mandaron directo al hospital provincial Tránsito Cáceres. Ahí le diagnosticaron fracturas múltiples en el hueso cigomático y en el maxilar. “El médico me dijo que si me pegaba medio centímetro más arriba o un poco más fuerte me mataba. No puedo abrir la boca más de esto”, dice Belén separando los labios apenas.

En la consulta prequirúrgica, el cirujano plástico escribió muchas cosas. Entre ellas, que las prótesis tienen un costo de 21 mil pesos. “No sé cómo voy a hacer para pagarlas, no tengo obra social, no tengo trabajo. Yo vendía publicidad en una radio, me gustaba. No puedo vender así, con la cara hundida. Es raro, sé que no tengo la culpa, pero me da vergüenza”, dice Belén mirando en dirección a su ex lugar de trabajo. “Yo tenía una vida, me había logrado ir de la casa de mi mamá que lo apaña y lo trata como a un hijo, come con él a pesar de haber una orden de restricción. Tenía mi trabajo. Si dios me dio una batalla, me dio una batalla muy copada, copadaza, porque ahora no tengo nada”.

Los primeros meses

Belén y Matías Nicolás Furlani se conocieron en una fiesta, en el 2012, él tenía 20 años y ella 25. Cuando iban saliendo, él empezó a caminar detrás de ella y de un amigo que la acompañaba. Cuando le preguntaron qué pasaba, les dijo que los seguía porque eran vecinos.

“Fue raro, yo nunca lo había visto en el barrio. Nico vivía con su abuela a la vuelta de casa, porque su mamá falleció y su papá es una figura ausente. Y yo con mi mamá y mis hermanos. En barrio Don Bosco. Así fue que empezamos a ser amigos y después a salir. Pero Nico se drogaba con todo. Tenía unos amigos de mierda y el viejo le daba plata para cumplir. Yo le decía que se estaba haciendo mal, que parara. En ese momento pensaba que podía ayudarlo, y que siendo su novia me la tenía que bancar y ayudarlo costara lo que costara. Pero cada vez empezó a ser peor. De lunes a viernes era una cosa, pero cuando llegaba el fin de semana, salía y volvía más duro que esta mesa. Hablé con la abuela de él y fue peor, empezó a ser violento con ella”, cuenta Belén.

Hasta ese momento las víctimas de las trompadas de Nicolás eran los muebles y las paredes. Al año de estar juntos, Belén quedó embarazada. “Me pasé todo el embarazo sola. No vivió el embarazo del varón. Me decía que iba a cambiar pero seguía igual y para verlo el fin de semana con la resaca, prefería que no. Dos meses antes que naciera Máximo se quiso poner las pilas. En ese tiempo estuvimos viviendo en la casa de su abuela y no hubo forma, así que me volví a la casa de mi mamá. Pasó un año, y quedé embarazada de la nena. Nos fuimos a vivir juntos. Los primeros tres meses estuvo bien pero después llegó el primer episodio de violencia. Discutimos y me pegó en los riñones. Estuve internada 19 días. No sabía si la bebé iba a sobrevivir. Ahí lo denuncié. Otra vez me encerró en un galpón y me amenazó con un cuchillo. Pero lo más terrible fue a los 10 días de nacida Franchesca. Era Año Nuevo. Me fui a lo de mi mamá y le dije que me buscara en un rato. Como no venía, volví a casa. Cuando llego había 20 personas afuera y adentro uno en mi cama con una mina, y otro en el baño, que estaba lleno de bolsas de cocaína. Cuando vi eso los eché a todos, había dos bebés, era una locura. No sabés lo que era mi casa”.
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El patriarcado en casa

Con una orden de restricción y varias denuncias asentadas por violencia de género, Nicolás seguía yendo a los lugares donde estaba Belén, por lo que ella dejó de visitar a su mamá, porque sabía que si iba se lo iba a encontrar ahí. El jueves 17 de enero pasado, cuando Nicolás le fracturó la mitad de la cara de una trompada, su mamá le había pedido que por favor lo desbloqueara de Whatsapp.

“Mi mamá me mandó un audio diciéndome que Nico tenía que avisarme algo urgente. Yo en lo primero que pensé fue en mis hijos, que estaban con él. Lo desbloqueé y cuando le pregunto qué pasa, me dice que nada. Que quería decirme que estaba muy fea y flaca. Que daba vergüenza. Lo mandé a la mierda. Pensé que me iba a dejar los chicos e irse. Pero cuando llegué a lo de mi mamá, los chicos me vinieron a abrazar y atrás lo vi a él, con mis hermanos, como si nada. Le dije que no podía meterla a mi mamá en el medio, que la asustaba a ella y me asustaba a mí, que me había preocupado. Ahí pasó todo. Mis hermanos vieron todo y no hicieron nada. Incluso declararon a favor de él, diciendo que me golpeé con un mueble. Mi hermana me dijo ‘para qué le buscas la jeta vos’ y mi mamá lo único que me preguntó fue ‘hasta cuándo vas a seguir siendo así, Belén’. Él me fracturó la cara pero para mi familia la culpa la tengo yo”.

“Mi mamá lo trata como a un hijo más sabiendo lo que me hizo. Me reprocha a mí que cuándo voy a cambiar mientras a él le sirve la comida. Ella también fue golpeada por mi papá. En casa hay un machismo absoluto donde la mujer tiene la culpa. Y ese mismo machismo tengo miedo que se refleje en la Justicia de Alta Gracia”,

La afirmación de Belén es porque, si bien ahora Nicolás está detenido en la comisaría de Alta Gracia, imputado por violar la orden de restricción y por lesiones culposas agravadas por el vínculo, en los próximos días podría quedar en libertad. Así asegura que le dijeron desde la fiscalía de Alta Gracia, que estuvo a cargo de Martín Berger durante la feria judicial. Quien tendrá la última palabra será el fiscal Alejandro Peralta Otonello, sobre quien recayó el caso al estar Emilio Drazile en receso hasta el 8 de marzo.

“Yo ya lo decidí. Si lo dejan libre, como me están diciendo que va a pasar, me voy de acá para siempre. Tengo dos hijos que amo, pero no puedo cuidarlos si no cuido de mi vida primero. Si me quedo acá voy a vivir temblando en la calle, con ataques de pánico, como los que tengo. Es injusto. No confío en la Justicia, ni en mi familia. Por eso cuando me reventó salí a pedir ayuda en las redes sociales, porque necesito de alguna forma que esto se sepa, y que se conozca la impunidad con la que un hombre puede pegarle a una mujer sin que nadie haga nada”, asegura Belén.

Después se ata las zapatillas estampadas con dibujos de sandías de colores y se acomoda la capucha del buzo. No quiere que la vean. Dice que sabe que ella no tiene la culpa pero que le da vergüenza. Y que tiene miedo. Y hambre. Desde que Nicolás la reventó de una trompada no puede comer nada sólido. Está tranquila pero por momentos tiene los ojos tan abiertos como las que volvieron de la muerte y tan cerrados como las que ellos se llevaron.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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