EE.UU anuncia el fin de los cárteles mexicanos y el desplazamiento del narcocrimen a Centroamérica y Caribe

El Tiempo.-

El exembajador de EE. UU. William Brownfield habló del panorama de la lucha antidrogas.

William Brownfield habla rápido y en un español fluido, si bien con innegable acento texano. El hoy Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales de Narcóticos carga de énfasis cada una de sus palabras a la hora de explicar el propósito de su visita, esta semana, al país en el que sirvió como embajador de EE. UU. durante tres años.

Tras dejar andando 35 proyectos binacionales para asesorar en lucha antinarcóticos a cuatro países de América Central, Brownfield asistió a una ceremonia para ‘colombianizar’ 16 helicópteros que llegaron al país a comienzos de la década pasada, como parte del apoyo militar estadounidense.

¿Qué aporta Colombia a la acción antidrogas de EE. UU. en América Central?

Mi opinión es que los dos gobiernos que ofrecen más apoyo para la eventual solución de los problemas que agobian a América Central son Colombia y EE. UU.  Desde hace cuatro años la Policía Nacional y, más recientemente la Fuerza Aérea, la Armada y el Ejército colombianos han estado ayudando a los países de esa región en sus esfuerzos de reducir la violencia y restablecer la seguridad interna. El apoyo de EE. UU. es el intento de combinar esos esfuerzos con nuestros esfuerzos, por buscar desarrollo social y económico y crear infraestructura en América Central.

Se habla de éxitos contra el narcotráfico, pero Colombia aún produce 95% de la cocaína que se consume en EE. UU….

Sí, Colombia todavía cubre la mayor parte del mercado de la cocaína en EE. UU., pero los números son dramáticamente menores. En los últimos seis o siete años el consumo de cocaína en EE. UU. ha caído más de un 40 por ciento. Al tiempo, la producción de cocaína en Colombia ha bajado más del 50 por ciento. Por eso creo que es un caso exitoso para Colombia y para EE. UU.

Sin embargo, todo indica que el éxito de Colombia ha movido el problema a otros países, en zonas como América Central…

Mire, la gente dedicada a esta actividad ilegal es gente viciosa y criminal, pero sabe muy bien cómo hacer su negocio. Lo que hemos visto en los últimos seis años es una reducción masiva -histórica y certificada- de la producción y el consumo en la zona y el mercado tradicional de los últimos 30 años, es decir, en Colombia y EE. UU.

Por tanto, esas organizaciones están desarrollando mercados nuevos y nuevas rutas. Están mirando a Europa y en vez de mover su producto de sur a norte, lo mueven oeste-este, pasando por África.

Hay evidencias de intentos por abrir mercados en Asia occidental. Sin ir tan lejos, las cifras sugieren que Brasil es en estos momentos el segundo en el mundo en consumo de cocaína…

Todo esto indica que no deberíamos hablar solo de América Central, sino de África, de Asia del sur, en donde hay países de tránsito que hace unos años no lo eran.

¿Cómo ve la situación en México? La violencia no parece dar tregua…

Colombia es un ejemplo de esfuerzos exitosos contra la industria del narcotráfico, pero un resultado de ese éxito es el crecimiento de la actividad ilegal en México. Hace cuatro años comenzamos un esfuerzo multinacional en México, dominado por el gobierno mexicano, y ¿qué vemos hoy? En mi opinión, estamos viendo el comienzo del fin con la decapitación de los carteles y la reducción de su capacidad de operación. Es lo que vimos en Colombia en los 80 y comienzos de los 90, cuando los carteles sintieron la presión de las autoridades y su respuesta fue la violencia. Lo que sabemos hoy -no lo sabíamos entonces- es que esa era la señal de una organización al borde del colapso. Mi teoría es que eso es lo que vemos en México hoy.

Antes de venir a Colombia, usted visitó a República Dominicana y allí dijo que el problema en esa región del Caribe va a empeorar en los próximos meses y años…

Este es el primer año de actividad intensa en América Central y eso quiere decir que en unos años van a sentir la misma presión de las autoridades y van a buscar nuevas rutas. Tienen dos opciones: el Pacífico, con rutas marítimas que no resultan muy atractivas, o volver al Caribe, donde estuvieron en los 80.

Por eso digo yo que República Dominicana es la víctima de la geografía, si estuviera en la mitad del Pacífico no tendrían ningún problema. Pero están en la mitad del Caribe y la probabilidad es que vamos a ver más tráfico por esa zona, no menos. En mi opinión, esa crisis no ha comenzado.

WILSON VEGA
Subeditor Internacional

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