El Papa Francisco y su concesión a las mujeres: ¿lavado de cara o un paso hacia la inclusión?

Bergoglio habilitó a las mujeres a ocupar lugares de decisión en la Iglesia Católica. Aunque suene atrasadísimo, que se haya tratado el tema es resultado directo de la lucha de las mujeres y disidencias que forman parte de la Iglesia. “El feminismo ha venido a decirle a la comunidad mundial católica que la religiosidad es y será un campo de batalla”, dice la investigadora Flora Vronsky.

El Papa Francisco y su concesión a las mujeres: ¿lavado de cara o un paso hacia la inclusión?

Por Cosecha Roja
13/01/2021

Por Flora Vronsky
Foto Télam

Como católica y feminista, podría decir que en la agenda de la iglesia están presentes todos los debates que se derivan de los malestares sociales, de las injusticias, de la inequidad de los sistemas y dispositivos que oprimen, descartan y alienan la vida, aunque no se sepa demasiado o no se hagan públicas esas discusiones. El avance del movimiento feminista en cuanto expresión política de cuestionamiento del orden heteropatriarcal, la divisón sexual del trabajo y la desigualdad desagarradora que provoca un sistema de dominación masculina, no puede estar fuera de los debates internos de una institución que es la representación cabal del orden que se combate. Por eso mismo, es posible que las preocupaciones feministas estén todavía más presentes aquí que en muchos otros espacios en los que, a primera vista, parecieran más asimilables y menos problemáticos.

La decisión de Francisco expresada en la Carta Spiritus Domini (llamada ‘motu proprio’ porque ejerce una potestad papal que, a grandes rasgos, esquiva ciertos consensos requeridos para otras manifestaciones) modifica el canon 230 § 1 del Código de Derecho Canónico que legisla el acceso a los ministerios litúrgicos de Lectorado y Acolitado, reservados, hasta hoy, sólo a los varones. La carta papal instruye al derecho para abrir dicho acceso a las mujeres, recuperando los debates ocurridos en el Sínodo Amazónico del año 2019.

¿Por qué es crucial que Francisco refiera al Sínodo como argumento de la decisión? Porque muchos obispos allí reunidos, a través de los Dicasterios que ofician muchas veces de brazos de presión, manifestaron la necesidad imperiosa de reconocerle a las mujeres de la Amazonia el valor de su función dentro de la iglesia y, más concretamente, dentro de la difícil tarea de mantener viva la vida litúrgica.

Si bien la función de la lectura de la palabra la ejercen miles de mujeres y, en muchos casos personas LGBTIQ+, alrededor del mundo desde hace muchos años (aquí la carta no es más que un gesto), la función de acolitado las excluía expresamente, sobre todo porque esta función incluye la administración de la eucaristía que representa el cuerpo de Cristo; cuerpo que ‘en teoría’ las mujeres no podían manipular (lo cual, por otro lado, es muy problemático puesto que en las escrituras, las mujeres tocan a Jesús TODO el tiempo).

Esta decisión otorga a las mujeres el derecho a ocupar lugares determinantes en la tradición litúrgica. Es importante porque en las comunidades y parroquias muy pequeñas como las citadas de la Amazonia, son las mujeres muchas veces las que toman decisiones incluso en ausencia de los sacerdotes. Además, sienta un precedente claro hacia un horizonte mucho más inclusivo.

La pregunta que aparece es si el lugar de las mujeres en la Iglesia es realmente un territorio en disputa o si inclusión aparece como un lavado de cara. Creo que toda decisión, acción, gesto institucional se revela, en última instancia, como el resultado de luchas históricas y devenires de organización popular que van sedimentando ciertos cambios culturales.

Sin dudas, Francisco es responsable de esta decisión así como de muchas que han venido a tensionar la doctrina y a expandir un mensaje reformista dentro de la historia eclesial, así como Alberto es responsable de haber enviado el proyecto de la IVE al Congreso para su tratamiento. Pero ninguna de estas realidades sería posible sin la existencia del movimiento feminista, su potencia y sus resonancias particulares en cada cultura y modos de vida.

Que se haya tratado el tema del acceso de las mujeres a los ministerios -y al sacerdocio- en el Sínodo es resultado directo de la lucha de las comunidades amazónicas, en este caso, y de todas las mujeres y disidencias que forman parte de la iglesia sean teólogas, religiosas, laicas o feligresas. El feminismo ha demostrado que hay formas de organización política traducidas en redes afectivas, vivenciales, económicas, culturales, que también son religiosas y de fe; ha venido a decirle a la comunidad mundial católica que la religiosidad es y será un campo de batalla porque es una dimensión real de la existencia.

Por eso, esta modificación del derecho canónico era muy esperada y, al mismo tiempo, sabe a poco, teniendo en cuenta el horizonte de lucha por la igualdad dentro de la iglesia cuyo siguiente paso es la discusión (que ya se está llevando a cabo en Roma con una comisión formada por Francisco a partir del Sínodo) acerca del sacerdocio femenino y la ocupación de lugares jerárquicos.

La historia del feminismo dentro de la iglesia es fascinante y tremenda desde los tiempos de Jesús y María Magdalena hasta hoy; actualmente estamos siendo partícipes y testigas de una revolución (en el sentido de revoltijo, no todavía de ruptura porque estamos hablando de la iglesia, nunca olvidar) que está sacudiendo paulatinamente los cimientos de un dogma que acarrea sobre sus espaldas más de dos mil años. Creo que falta muchísimo, pero que no es poco.

*Flora Vronsky es profesora y licenciada en Letras; Magíster en Filosofía y en Gestión Cultural; en los últimos años ha dedicado su trabajo al cruce entre feminismo, filosofía de la cultura y pedagogía. Dicta cursos de Formación Política en distintas organizaciones sociales y sindicatos, en los que aborda la relación histórica entre el peronismo y el arte, la literatura, la historia, la religión y los estudios de géneros y diversidades, desde la perspectiva de una pedagogía feminista.