El policía que propone mejores cárceles para combatir la inseguridad

El policía que propone mejores cárceles para combatir la inseguridad

Alfredo Clavijo, jefe de la Guardia Republicana -la policía especializada- de Uruguay es un policía fuera de serie: propone una fuerza democrática basada en el uso racional de la fuerza y el respeto de los derechos de las personas. La fuerza que dirige se hará cargo de la seguridad del sistema penitenciario. En esta entrevista con La Diaria explica cómo es el plan de trabajo profesional en las cárceles para “mejorar los niveles de seguridad en la calle”.

10/06/2019

Por Denisse Legrand.- La Diaria

¿Cómo será el desembarco (de la GR en las cárceles)?

Es un sistema que tiene casi 11.000 personas privadas de libertad y 4.000 funcionarias y funcionarios. No es simple hacer cambios profundos. Hay que planificar muy bien porque tenemos que llevar certezas, tranquilidad y orden a esas personas. No podemos generar ansiedad ni tensiones. Se va a hacer un estudio, unidad por unidad, para saber qué sistema de seguridad necesita cada cárcel. El plan consiste en ir asumiendo progresivamente todas las unidades. No es que de la noche a la mañana vamos a decir “todo el sistema de seguridad del sistema penitenciario pasa a la GR”. Eso no está planteado. Sería una situación irresponsable y poco profesional. Vamos a aterrizar primero en la Unidad 1. Para eso recibimos un incremento de 200 mujeres y hombres policías. Es una unidad grande, y para cubrir todo se necesitaba más personal. Ya se hizo la formación, y ahora estamos empezando con los procesos de abordaje en las unidades. Cada unidad nos va a llevar un tiempo diferente. El plan a corto plazo es montar el sistema de seguridad en la Unidad 1, a mediano plazo es hacerlo en toda la zona metropolitana, donde están las unidades más grandes y problemáticas.

¿Cuál es la estrategia?

El sistema de seguridad tiene que ser prevento-disuasivo para que no haya que llegar a medidas represivas que comúnmente traen muchas consecuencias negativas cuando se dan dentro de una unidad penitenciaria. Eso es lo que históricamente hizo la GR. Entendemos que eso es lo que no debe ocurrir. Eso trae riesgos: para las personas privadas de libertad y para la Policía. Cuando se llega a eso es porque ya se perdió el control. Hay que tener sistemas de seguridad para que ese tipo de conductas violentas no tengan lugar. Tenemos que tener un sistema que promueva una convivencia adecuada entre las personas. La comunidad que ingresa a las cárceles tiene que tener una seguridad adecuada para que trabajen seguros y puedan ayudarnos a que las personas que llegaron a estos lugares, sea por la razón que sea, no regresen. Para eso entendimos que tiene que haber un tratamiento adecuado y oportunidades que permitan que estas personas se reinserten –o se inserten– en nuestra sociedad en entornos alejados de la violencia que respeten las normas de convivencia que tenemos.

¿La apuesta es reducir el encierro para favorecer los procesos de rehabilitación?

Actualmente hay personas privadas de libertad que tienen altos niveles de encierro. Queremos generar un sistema en el que las actividades no dependan de las personas de seguridad. Esto nos llevaría a tener un sistema de “menos tranca (encierro) y más rehabilitación”. Para eso tenemos que apartar los subsistemas y darle prioridad al sistema de rehabilitación, con direcciones de las unidades que piensen en la rehabilitación y coordinen con el área de seguridad para que brinde apoyo para que las actividades puedan suceder. Estamos hablando de miles de personas que están en el sistema. Hacer cambios y promover una óptica adecuada de humanización está llevando un tiempo importante. El fin principal de mejorar el sistema penitenciario es mejorar la situación delictiva que vivimos en la calle. El sistema penitenciario tiene que rehabilitar para mejorar los niveles de seguridad en la calle. Tenemos que abordar las violencias. La población involucrada con las violencias es muy joven. Luego de pasar por la cárcel, los niveles de violencia se mantienen. Para cambiar esta realidad se necesita un trabajo integral de muchas instituciones. Se necesita en la calle y dentro de las unidades penitenciarias. El sistema de justicia necesita de otros sistemas que aporten soluciones definitivas y no temporales. Tener a una persona privada de libertad es una solución temporal para la realidad delictiva de esa persona. Una solución definitiva podría ser aprovechar ese tiempo de manera productiva, enfocada, asegurada e integrada para que sea una solución real para esa persona y para toda la ciudadanía.

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