El Rubio del Pasaje: “La hipótesis de la fiscalía se cae a pedazos”

FacundoAlegreSin Facundo No Hay Justicia.-

Aldo “el Pelado” Monje decía mentiras como un juego. A un amigo, en una oportunidad, le contó que no iba a trabajar más porque se había ganado el QUINI 6. Otra vez inventó que tenía una hija discapacitada. En el juicio de Facundo Rivera Alegre está acusado de encubrimiento. La Fiscalía sugiere que él habría cremado el cuerpo del Rubio del Pasaje mientras se desempeñaba como empleado del área de mantenimiento en el cementerio San Vicente. Para el abogado querellante Claudio Orosz “la hipótesis se cae a pedazos”.

Monje “es como un chico, decía cosas sin sentido”, “es mitómano”, “un pobre loco”, “le faltan un par de jugadores”: así lo describieron sus compañeros de trabajo según consta en la causa.

También coincidieron en que los hornos que había en el cementerio de San Vicente eran viejos. El más chico estaba en desuso desde el 2011. El más grande “tenía sus mañas”, no cualquiera podía hacerlo funcionar. El único que sabía manejarlo era Mariano “Munin” Romero.

En noviembre de 2012, los hornos nuevos que instalaron en el segundo semestre ya estaban en plena actividad. Pero antes debieron especializar al personal a cargo de las cremaciones para poder usarlos. Sin la capacitación, era imposible, declararon tanto los empleados como las autoridades del cementerio.

El crematorio funcionaba a la mañana y sólo excepcionalmente a la tarde. No había cremaciones programadas a la noche. El olor y el ruido de los hornos hubieran bastado para advertir a los vecinos o a los policías que hacían guardia en el cementerio.

Los testigos dejaron en claro que es imposible que una sola persona manipule o traslade un cuerpo con 6 meses en estado de descomposición. “El olor es nauseabundo, no se resiste”, declaró Juan Noriega, el capataz de mantenimiento y encargado de decidir qué tarea realiza cada empleado. A veces cavaban fosas. Otras, extraían los cadáveres de los nichos o de la tierra para que los encargados de transporte los llevaran a los hornos.

Lucas Fioramonti -empleado de mantenimiento- declaró hoy que en el cementerio la seguridad está a cargo de la policía: hay 6 de día y 4 de noche. En la puerta del crematorio hay un oficial las 24 horas. El horno no puede funcionar sin que la policía se entere: hace ruido la turbina que larga el humo y los gases hacia afuera, además el olor es insoportable.

Noriega declaró que entre octubre y noviembre de 2012 se amplió la guardia policial, además empezaron a estar a cargo de las llaves del crematorio y de la puerta de ingreso al cementerio.

“Si el portón quedaba abierto era responsabilidad de la policía”, declaró Gonzalo Suárez, director del cementerio entre diciembre de 2011 y diciembre de 2012.

Después de la primera declaración de Clara Martín -administrativa en el área de cremaciones- según consta en la causa, algunos se fueron de ese ámbito de trabajo por miedo. Se comentaba que se hacían cremaciones clandestinas, contó Víctor Arce, encargado del área de maquinaria.

“Monje es una persona limitada, no sabían dónde ponerlo, en qué área. Tenía que apretar dos botones del lavarropas y todos los días había que explicarle cuáles eran”, dijo Arce. Y agregó: “La gente que trabaja en el cementerio es de bajos recursos, no han terminado ni la primaria, por eso hacen esa tarea que nadie quiere hacer”.

A finalizar la audiencia, el abogado querellante Claudio Orosz dijo: “La hipótesis de la Fiscalía se cae a pedazos”. Sin la teoría del encubrimiento encabezada por Aldo Monje, el juicio cae en una pendiente que no logra determinar dónde está Facundo.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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