Encuentran el cadáver de una mujer mexicana desaparecida en 2010

juarezAnimal Político.-

 

Beatriz Alejandra Hernández Trejo desapareció en abril de 2010, en el centro de Ciudad Juárez, Chihuahua, cuando se dirigía a una cita laboral. Tenía 20 años, dos hijos pequeños –de dos y cuatro años–, y la esperanza de obtener el trabajo como cajera en una tienda de conveniencia.

Se ignora cuánto tiempo permaneció viva Beatriz Alejandra tras su desaparición, así como en qué circunstancias murió, únicamente se sabe que su cuerpo fue abandonado en el desierto, en la zona conocida como Valle de Juárez, y que ahí permaneció el tiempo suficiente como para que el proceso de descomposición dejara de ella sólo dos huesos salvos, localizados por la Fiscalía del estado en enero de 2012.

Dos años pasaron, pues, para que la joven madre fuera encontrada, sin vida, pero un año más debió transcurrir para que, el pasado 12 de enero de 2013, su familia fuera notificada del hallazgo.

Ana Trejo, la madre de Beatriz Alejandra, fue citada el pasado sábado, sin preparación ni compañía alguna, en las instalaciones de la Fiscalía y ahí, de golpe, fue informada de que su hija estaba muerta, y que sus restos llevaban un año en poder de las autoridades.

Nunca fue asistida la mujer tanatológica ni médicamente, violando, así, los protocolos establecidos para estos casos. Simplemente le entregaron un pedacito de fémur y otro de la cadera de su hija, aunque, eso sí, las autoridades le brindaron un ataúd de cuerpo entero para que en él los enterrara.

Fue este martes, en procesión de amigos, familiares y otras madres cuyas hijas desaparecieron o fueron asesinadas en esta ciudad, que  los restos de Beatriz Alejandra hallaron descanso en el Panteón San Rafael.

Sin embargo, para su madre, y para otras como ella, la larga marcha en busca de justicia continúa…

 

Negligencia

En enero de 2012, los restos de Beatriz Alejandra fueron hallados en el desierto junto con los de otras 24 personas, 13 de las cuales eran mujeres. Siete de ellas han sido identificadas, y el resto permenecen en el Forense sin que se sepa quiénes son… o esa es la versión oficial, ya que, según la organización Justicia Para Nuestras Hijas, aún habiendo sido determinada la identidad de las víctimas, la autoridad “oculta” dicha información.

“El primer cuerpo encontrado en la zona del Valle de Juárez –destacó la agrupación de madres y familiares de mujeres desaparecidas y asesinadas– fue el de Adriana Sarmiento, el 5 de noviembre de 2009 (caso en el cual) la Fiscalía de Chihuahua mostró un retraso injustificable en el cotejo de ADN con el de la familia y, una vez realizado, escondió durante meses los resultados de las pruebas y fue hasta dos años después, en noviembre de 2011, que notificaron a los deudos que se trataba de Adriana.”

Y este es un agravio de las autoridades en contra de las víctimas y sus failias, resaltó por su parte el padre Óscar Enríquez –quien encabezó la misa en memoria de Beatríz Alejandra y que, además de sus funciones como prelado católico, dirige el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, en Ciudad Juárez–, ya que “hay todo un proceso de descuido y negligencia de parte de las autoridades estatales, así que los reclamos son justos: hay un derecho a la verdad y las madres tienen derecho a que se les informe de manera oportuna, cuando se conoce la identidad de los restos recuperados”.

Pero la negligencia oficial, destacó a su vez Norma Ledezma, coordinadora de Justicia Para Nuestras Hijas, no se restringe a la identificación de los cadáveres localizados, sino a todo el proceso de investigación de los feminicidios en Juárez. “Para las autoridades, el de Beatriz Alejandra es sólo un caso más que pasa de la Unidad de Desapariciones a la Unidad de Feminicidios, pero para la familia es un cambio radical, pues ya no la esperan más. Y ahora su madre se pregunta ¿qué pasó con Beatríz? ¿Cuánto tiempo estuvo viva? Preguntas que las autoridades no han sido capaces de responder.”

Además, subrayó, la Fiscalía General del Estado ha sido indiferente al reclamo de indagar la responsabilidad del crimen organizado, como principal hipótesis sobre la trata, desaparición y asesinato sistemático de mujeres en Ciudad Juárez, así como la complicidad de funcionarios públicos, ante lo cual “se ha negado a realizar las investigaciones correspondientes con efectividad”.

 

Muchas más

Desde 1995 a la fecha, en Chihuahua permanecen desaparecidas 208 mujeres, según las estadísticas de la Fiscalía General del Estado, actualizadas hasta el 16 de enero de este año.

De hecho, de esas 208 mujeres, 12 desaparecieron en lo que va de este año, y otras 71 desaparecieron durante la presidencia de Felipe Calderón, quien ejerció el poder en México entre diciembre de 2006 y noviembre de 2012.

De ellas, 99 desaparecieron en Ciudad Juárez, siendo 38 niñas y adolescentes, y otras 39 tenían entre 18 y 25 años en el momento en que su rastro se perdió.

Los reportes públicos de la Fiscalía General del Estado omiten señalar cuántas mujeres reportadas como desaparecidas han sido finalmente localizadas, sin vida, y tampoco revela cuántos cadáveres de mujeres han sido hallados, pero no identificados.

No obstante, y citando fuentes extraoficiales, el blog Juárez en la Sombra del Narcotráfico refiere que, en el Servicio Médico Forense de esta ciudad fronteriza permanecen 138 cuerpos femeninos sin reconocer.

 

En marcha

El pasado martes, tan pronto como sepultó a Beatríz Alejandra, su madre, Ana, junto con los deudos de otras seis mujeres desaparecidas, emprendió la “Marcha por la justicia”, con la que buscan llegar a pie hasta la capital del estado, para reclamar cuentas al gobernador, César Duarte Járquez, en torno a la búsqueda de sus hijas, mismas que no han dado fruto alguno.

Van a pie, aunque son centenas de kilómetros los que separan Juárez de Chihuahua. Los siguen, de cerca, agentes estatales que custodian sus pasos.

Además de Ana, vienen sobre la carretera la madre de Brenda Berenice Castillo Nájera, desaparecida en 2009 en el centro de Juárez, igual que Beatriz Alejandra.

Marchan también las mamás de Gabriela Espinoza, raptada a los 19 en la frontera; y de Cinthia Jocabeth Castañeda, desaparecida en 2008, a los 24 años, cuando salió de su escuela, y junto a ellas camina el padre de Esmeralda Castillo, de 14 años, desaparecida en 2009, y quien testigos afirman haber visto en manos tratantes, con fines de explotación sexual.

En el camino, confían, irán sumando no sólo voces de solidaridad, sino también nuevos padres en búsqueda de sus hijas. Y la advertencia es clara: si Duarte no les ofrece una solución, la Marcha por la justicia continuará, hasta llegar a la Ciudad de México.

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