Entrevista a ‘Artemio”, en el Huallaga

Por Gustavo Gorriti y Romina Mella – IDL Reporteros

‘Artemio’ nos da la bienvenida al ‘corazón del Alto Huallaga’. “Mi nombre oficial” dice “es José ‘Pepe’ Flores Hala, natural de Camaná, departamento de Arequipa”. Le preguntamos por su edad y nos responde que tiene 47 años. Según la investigación que hizo Óscar Castilla, de El Comercio, ‘Artemio nació el 8 de setiembre de 1961, lo cual suma 50 años. Pequeñas vanidades del monte, quizá. Sobre el nombre con el que figura en el registro: Florindo Eleuterio, lo desestima con un gesto despreocupado: antes obligaban a los padres a coger el nombre del calendario, dice.

‘Artemio’ se ve en buen estado de salud y no se le percibe ni el maltrato del monte ni el de la huida. Y la forma de contestar, concentrada pero calma, revela una larga familiaridad con la discusión política.

 

La derrota

– ¿Usted está de acuerdo, coincide, en que la guerra iniciada por ustedes el l7 de mayo de 1980 terminó en derrota para ustedes?

– Sí, eso es real. No vamos a negarlo.

– Entonces el tipo de acciones que usted lleva a cabo ya no son acciones de una insurrección que busca la victoria sino acciones meramente defensivas.

– El objetivo político sigue siendo el mismo con que nos levantamos en armas, aunque en la práctica hoy día eso no es posible. Creo que eso es fácil de entender. En segundo lugar, mantenemos una fuerza armada en aras de garantizar la postura nuestra en relación de nuestros camaradas que están presos; y creo que eso es fácilmente comprensible. No tenemos la mínima intención de blandir las armas de la guerra, de la lucha armada. No. Con sinceridad queremos plantear que nosotros queremos una solución política; queremos que termine, pero a través de los métodos de una mesa de negociaciones.

 

Negociación, tregua o rendición

– Ustedes quieren desmovilizarse.

– Por supuesto. El tema es que pasa por una situación de tregua militar.

– Tregua. Que no es igual a desmovilización.

– Claro, pero son los pasos iniciales. Una tregua militar que dé los espacios y las garantías correspondientes en una determinada área a fin de que se pueda entablar por un proceso de conversaciones en pro de negociaciones; (…) Depende de la decisión que tome el Estado y el gobierno de turno.

– ¿Es decir, la desmovilización y la entrega de armas como resultado final de la negociación?

– La desmovilización y la inutilización de las armas públicamente.

– ¿Usted no piensa, se resiste a entregar o, si se quiere, a devolver las armas?

– Es una cuestión de principios, de postura. Más que entregarlas, inutilizarlas.

– ¿Destruirlas?

– Destruirlas. Públicamente. Pienso que debe de haber organismos mediadores como la Cruz Roja Internacional, la Iglesia, que en estos casos donde ha habido conflictos deben de intervenir para hacer la verificación del caso. Pero todo requiere de … que haya la voluntad política del Estado y del gobierno en que sí realmente se quiera solucionar este problema de este conflicto armado y no nos estén paseando como ya sucedió antaño con anteriores gobiernos.

 

Negociaciones con ‘Artemio’

– ¿Me puede decir algo sobre las negociaciones de paz de antaño?

– Yo entablé conversaciones a través de monseñor Luis Bambarén Gastelumendi, [y con] el jefe de la delegación de la Cruz Roja Internacional de ese entonces –estamos hablando del año 2003– y con el gobierno de Toledo.

– ¿Con qué persona del gobierno de Toledo?

– No puedo decir exactamente quién. Pero sí eran representantes del gobierno. Idas y venidas de mes en mes. Creo que como en tres, cuatro o cinco ocasiones…Entonces en ese tiempo hicimos esos intentos de conversaciones. Tuvimos reuniones concretas. Vinieron personas de El Vaticano, de Roma, a conversar conmigo y a hacer el papel de mediadores con el Gobierno…. Idas y venidas, tiras y aflojas… yo pienso que fue un paseo, una mecida política; mientras iban asesinando a mis camaradas, iban capturando otros… el plan de exterminio nunca cesó. Entonces hasta que llegó un momento en que yo exigí un paso concretas en aras de ese sentido de la voluntad política de si se quiere o no. Vino alguien del ministerio del Interior.

– ¿No lo quiere usted identificar?

– Prefiero guardarlo en reserva. (…) Se me dijo concretamente a mí que me acoja a la ley de arrepentimiento y colaboración eficaz, que deponga las armas y que me ponga a derecho; que garantizaban mi vida y que me podrían sacar al extranjero a mí y a mi familia, y que dejara al resto. Objetivamente yo no accedí porque no podría negociar en esos términos. Les rechacé y les dije “puesto que no veo la más mínima intención, entonces no nos queda otra opción que cortar este proceso de conversaciones”. Todavía no había ningún tipo de negociaciones, sólo conversaciones. Y dejé una ventana abierta por si acaso. Ni más volvieron a tocarme el tema hasta que entró el gobierno aprista y planteé otra vez la misma postura y el rechazo fue total, guerra total. Sabemos el quinquenio cómo terminó, el aprismo de Alan García Pérez.

– Y ahora yo voy a decir dos cosas aquí: he hecho dos intentos dirigidos al Presidente de la República, señor Ollanta Humala Tasso.

– ¿Desde julio o antes de julio?

– En estos tiempos. En estos últimos meses. Por dos fuentes que yo tengo, fidedignas, la respuesta ha sido negativa. Me piden igual: rendición incondicional, que deponga las armas, que entregue la coordenada en donde están las armas, que me ponga a derecho, que van a garantizar mi vida, de mis hombres, de mi familia y que incluso que la recompensa … [por su captura] me la darían a mí para sacarme al extranjero, a otro lugar y que haga todo esto. Objetivamente, por principios, eso no puedo aceptar. No puedo aceptar.

– ¿Excepto que sea una orden directa de Abimael Guzmán?

– No es cuestión de orden, es cuestión de principios. ¿Cómo yo voy a traicionar a mi jefe, como le dije a monseñor Bambarén? ¿Usted traicionaría a su dios, a su biblia eclesiástica, ecuménica, evangélica, apostólica, católica, etc.? ¿Renunciaría, la traicionaría? No. Objetivamente yo no puedo traicionar a mi jefe ni a mi partido ni a mi pueblo por el cual me levanté en armas. ¿Qué sería? El hazmerreír de todo el mundo. No, por principio no puedo aceptar eso.

– ¿Puede describirme con algo más de detalle cómo han sido sus intentos de aproximación con el gobierno del presidente Ollanta Humala?

– Hay dos hechos, no voy a señalar nombres por cuestiones de seguridad. Son hombres de Ollanta Humala. De confianza. Dirigí personalmente dos cartas al presidente de la República. Y con la sana intención, con el sinceramiento que me caracteriza, porque jamás voy a ser un mentiroso, señalé mis puntos de vista en pro de esta solución política: que se considerara varios aspectos de los que estoy planteando acá. Sin embargo, la respuesta ha sido de que me acoja a la ley de arrepentimiento, colaboración eficaz, que deponga las armas, que entregue las armas, y que me darían incluso la recompensa que es para mí, para que puedan sacarme a mí y a mi familia, respetar mi vida y que se acabe todo esto.

Bueno, ya no respondí por escrito, sino verbalmente. Les dije que eso era un imposible político. Eso no puedo aceptarlo. (…) No hay ningún paso concreto de lo que se suponía más o menos que podía haber: una ventana de respiro, de salida, de esperanza. Pienso que todavía la hay, no podemos cerrarnos  a decir que no. (…)

– Pero desde que se iniciaron las primeras conversaciones el 2003, como indica, … su organización ha recibido golpes muy fuertes, lo que obviamente ha afectado su capacidad operativa y su posición militar. ¿No es parte de la lógica de una jefatura militar el saber reconocer cuándo una situación no tiene esperanza alguna y…  saber reconocer que … en lugar de marchar a un sacrificio absurdo hasta el final, deponer las armas y salvar vidas?

– Sí, estamos dispuestos nosotros a negociar. Creemos fervientemente lo que hemos dicho. Lo que pasa es que el Estado y los gobiernos de turno juegan a dos cosas. Dicen que [tenemos] un doble discurso: “plantean por un lado solución política, pero por otro lado su empecinamiento es seguir la lucha armada, esa lucha criminal, etc.”. Y no es así. Nosotros no tenemos el ánimo de blandir las armas, de continuar la guerra. … sólo que hay un empecinamiento por parte del Estado, por parte de quienes son los ganadores de la guerra y quieren ser absolutos (…) ¿Por qué no se puede dialogar?

– Pero durante los años de la guerra, si recuerdo bien, ustedes ante cualquier sugerencia de diálogo, ustedes decían que lo único que se discute es la rendición y de que no cabe hablar entre enemigos, que se discute solamente la rendición. ¿Por qué en ese tiempo ustedes estaban avanzando y creciendo? Ahora que las suertes han cambiado, ¿no cree usted que pueden tomarles la palabra de lo que ustedes dijeron en los ochenta: que lo único que se discute es la rendición?

– Siguiendo esa lógica, se puede pensar así, pero los contextos histórico-políticos no son los mismos de esos tiempos a los de hoy. Y si la suerte no nos acompaña, y si el Estado se resiste en dialogar contra esta salida, estamos dispuestos a inmolarnos si es preciso en aras de no renunciar a nuestros principios. Y si lo último que puede pasarme, como dijo monseñor Bambarén, es morir, no le temo a la muerte. Creo que hice lo que tengo que hacer. Lo último que me queda por hacer es la última obra y con eso habré concretado mi misión.

 

¿Tregua, treta o trato?

–  En el caso que usted llevara a cabo negociaciones directas bajo el pedido o la orden de Abimael Guzmán, ¿usted estaría en condiciones, en caso de deponer las armas, de garantizar por parte de usted y de toda la gente que lo sigue paz perpetua; o lo que usted está pensando es [solo] en una tregua?

– Una paz perdurable, lógicamente. No podemos hablar a medias tintas. Estamos hablando acá en un contexto a largo plazo. La historia no se mide por años sino por décadas. Los procesos revolucionarios de igual manera.

– Pero ¿usted sigue creyendo que la violencia es la única salida a la lucha de clases?

– Por principio nosotros somos marxistas. Pensamos que es la única forma de poder cambiar un sistema capitalista por un sistema socialista. Pero en estos momentos eso no es posible. Y si no es posible, lo que corresponde en este momento es terminar lo que comenzó ayer.

– ¿Y “este momento” cuánto significa en tiempo?

– En cuestiones de política, de lucha de clases, no se puede jugar a adivino. Pero entiendo yo que eso tiene para rato.

– El marxismo es predictivo. Y una de las cosas que predice es precisamente, en la interpretación radical, una lucha de clases perpetua.

– Por supuesto [que] la lucha de clases va a seguir. La lucha política va a seguir. El hecho es que termina la guerra, pero la lucha política continúa. Nosotros nos avocaremos a seguir la lucha política sin armas, el trabajo político organizativo como organización del partido Comunista del Perú. No vamos a tirarnos a dormir, lógicamente.

– O sea, ustedes no estarían dispuestos solamente a no entregar las armas, sino [tampoco] a desmantelar el partido, es decir a renunciar al partido?

– No, no, no. Nosotros pensamos que el Estado debe considerar la actividad política del Partido Comunista del Perú. En este momento no plantea, y eso se puede constatar en los hechos, que no vamos a blandir las armas, no vamos a cometer ningún acto en contra de la integridad de la Nación, del Estado, nos vamos a dedicar a hacer trabajo político, actividad política que es un derecho … que debe considerarnos el Estado, y a mantener los principios que tenemos.

– ¿Dentro de los términos de la democracia burguesa que antaño denostaban tanto?

– Bueno, esa es la situación, esa es la tendencia política que tenemos como nación, como peruanos, tenemos que aceptarla…

– ¿Incluso estarían dispuestos a hacer listas para la representación en el Congreso?

– Mire, yo pienso que esto objetivamente, la tendencia política lleva a que el Partido Comunista no participe directamente pero sí pueden haber movimientos políticos colindantes…

– Generados.

– Generados, legalmente constituidos, que tengan derecho de participar como en los tiempos de Lenin, a participar en el Parlamento, luchar por ejemplo por una nueva Constitución, en la defensa de los derechos fundamentales y del pueblo, creo que eso es nuestro legítimo derecho, no hay nada subversivo allí, no hay que atente contra el Estado o contra la democracia burguesa.

– ¿Usted se ve a sí mismo participando en ese tipo de acciones?

– No creo.

 

Vida civil

– ¿Qué haría usted [si se logra deponer] las armas?

– Yo soy político, me dedicaría a hacer trabajo político, a hacer trabajo campesino, estudiaría algo de agronomía, algo que me sirva de acuerdo a la realidad actuante. O no sé, uno no puede adelantarse a qué hará mañana.

– Usted lleva tantos años alzado en armas, ¿cree que tendría una posibilidad de volver a la vida civil?

– A: Creo que sí, pero las garantías siempre estarán en cuestión, qué pasó con el comandante Cero y con otros, todos sabemos cómo terminaron.

– ¿Usted no cree mucho, entonces, en sus posibilidades de vivir una vida normal de darse una amnistía?

– A: Objetivamente no lo creo.

– Y, como ha dicho, si usted recibe la indicación o la orden [de Abimael Guzmán], ¿estaría dispuesto a entregarse?

– Por supuesto, yo tengo que sujetarme al mandato de mi partido y a la necesidad política de la Patria. Si debo inmolarme yo lo hago, no tengo ningún inconveniente. Yo soy peruano de nacimiento, soy patriota, y estoy dispuesto a pelear en esta y en cualquier otra guerra en defensa de la patria, por la democracia, por el Perú, por los peruanos. Yo nací en el Ejército, allí fue mi inicio como hombre, estoy aquí en otro ejército, del lado del pueblo, pero igual soy patriota. Hay muchos que dicen ser patriotas pero son tan apátridas que no merecen ser patriotas, yo sí lo creo.

– Usted que en forma muy obvia está influenciado por su paso por el Ejército y por la vida militar, ¿cómo se ha sentido cuando ha tenido que combatir contra el Ejército en el que, como usted mismo indica, nació como hombre, como persona?

– Es muy difícil, muy complejo. Lo he visto de cerca, muchachos como yo. Pero la lucha de clases es así, me puso en esta orilla del pueblo, tuve que aceptarlo, es hasta irónico, pero tuve que aceptarlo. (…) Lamento mucho que hayamos segado vida de soldados como yo lo fui ayer. Sí, me duele que nos hayamos desangrado entre peruanos, pero era la guerra interna, y hay que aceptar la historia, porque la historia ya no se puede cambiar, ya está hecha.

 

Los asesinatos de Sendero

– El frente del Huallaga ha sido uno de los más violentos en la guerra, en general, y también ha sido uno de aquellos en los que ha habido más asesinatos o eliminaciones selectivas por parte de ustedes. Ha sido en los 80 y los 90, y también en la primera década del siglo XXI. ¿Cómo explica eso usted y cómo se lo explicaría a los parientes de las víctimas?

– En primer lugar, la guerra popular [sic] tiene cuatro formas. La principal es la agitación y propaganda, la segunda forma de sabotaje, la tercera de combates guerrilleros, con modalidades de asalto y emboscada, y la cuarta y última de aniquilamiento selectivo. … Yo, a modo de autocrítica, como ya lo hizo el doctor Guzmán, (…) lo vuelvo a reiterar [sic]: hemos cometido excesos, errores y limitaciones, en el caso de Lucanamarca, Tarata, y algunos casos en los que se ha eliminado a personas inocentes consideradas como soplones por decirlo así. Entiendo el dolor que esto embarga y no solo a veces es suficiente una autocrítica sino el perdón necesario a las familias que hemos enlutado creyéndolas enemigos, cuando en realidad no lo fueron.

Y la raíz política de eso también lo hemos sustentado en su debido momento, que obedece a la falta de preparación política de sus militantes [los senderistas] cuando [tienen] una expresión de clase campesina y con las justas algún indicio de primaria. Son personas que llegan al fanatismo, a no diferenciar amigos de enemigos, confunden las cosas y sin investigar ambas partes, los pro y contras, toman una decisión impulsiva y eliminan a personas consideradas como soplones cuando en realidad no lo eran.

– ¿No tenían que pedirle permiso a usted? ¿No tenían que esperar su autorización?

– Eso es bastante complicado, en el momento de la guerra que era tan fuerte, era bastante complicado, siempre hemos sido críticos en las reuniones del Comité [Regional del Huallaga], de que si se va eliminar, se elimina con pruebas fehacientes, que no se incurra en estas decisiones unilaterales, subjetivas, basadas en información parcial de los casos, siempre hemos criticado en las reuniones.

– Pero [luego] de la guerra ha habido eliminaciones en el siglo XXI, cuando ya no estamos en guerra.

– Sí, claro. [Los de] la Cruz Roja Internacional, que son los que cuestionaron este asunto, me trajeron toda una lista, y la Iglesia Católica. En el listado sí hubo algunos hechos que sí los hicimos nosotros y otros que no, en los que no hemos intervenido.

Entonces dijimos nosotros: solo en los casos en los que se evidencia con pruebas fehacientes de un soplonaje, directo y abierto, por traidores, vamos a eliminar, en otros casos no. Nos resistimos. Hemos sido reticentes a llegar a este final fatal de eliminar a personas, por otros errores que no necesariamente deben terminar en la eliminación. Ahora estamos planteando que vamos a ajustarnos lo más estrictamente a los artículos terceros común de la Convención de Ginebra para no eliminar a civiles.

– Ya no están en guerra, usted mismo lo reconoce, ya no necesita la Convención de Ginebra sino la ley normal.

– Pero por supuesto, pero usted póngase en mis zapatos. Detecta usted que hay un elemento civil que te traiciona, va y trae como guía a la patrulla para eliminarte, porque ellos no vienen a abrazarte. ¿Qué haría usted? ¿Qué haría yo? Tengo que eliminar, porque si no elimino me eliminan y esa es la lógica militar de supervivencia de un ejército en armas como el nuestro. A ese punto nos llevó una situación. Solo en el caso de traición, de un soplonaje directo, podremos intervenir, en otro caso me resisto.

– Hay una contradicción en el hecho de que [ustedes] reclaman  para los presos senderistas, que ustedes llaman políticos y prisioneros de guerra, que se le dé las máximas garantías legales, incluyendo el perdón por todo lo hecho mediante una amnistía, y mientras tanto ustedes … se adjudican el papel de juez, fiscal y verdugo, sin derecho de defensa.

– Pero le vuelvo a reiterar [sic], qué haría en ese caso, en una confrontación directa, militar. No vienen a respetar tu vida, vienen a matar, qué hago. ¿Me cruzo de brazos y dejo que me maten? Lo mínimo que hacemos es defendernos.

 

Asesinados por Sendero

– Pero aquí se ha dado muerte a civiles [sin ninguna confrontación], más allá del 2000. Una de las víctimas ha sido el hermano de [el periodista] Bladimir [Angulo]. La otra víctima ha sido esta dirigente cocalera, Diodora [Espinoza Vara], en Aucayacu, ¿Dio usted las órdenes para eso y [qué] posible justificación [puede haber] para haber llevado a cabo esas acciones contra civiles?

– Mire, en el caso de esta persona [Diodora], todo el mundo conocía que era sumamente conflictiva, abiertamente desafiante, provocadora, por años la hemos contemplado, por años. (…) Qué se busca con eso, qué se provoca con ello, desafiantemente, donde llegaban ellos, abiertamente, desbocadamente, y nosotros le hemos advertido, le hemos dicho varias veces, qué cosa es lo que se busca, a dónde se quiere llegar. Nos hemos rehusado hasta que el final desembocó…

– ¿Usted dio la orden?

– Sí, tomamos el acuerdo.

– ¿Sigue de acuerdo con eso?

– Ya lo dije. No podemos seguir haciendo eso. Las contradicciones en el seno del pueblo deben buscarse a través de otra salida, ya no condenar con este tipo de eliminaciones.

– Si usted volviera a estar en la misma circunstancia … ¿volvería a tomar la misma decisión?

– De ninguna manera.

– ¿Y en el caso del hermano de Bladimir? [Carlos Magno Angulo, asesinado el 16 de octubre de 2007]

– Allí hubo un grupo llamado Los Orejas.

– Bladimir Angulo: Liderados por Leo [Artemio Silva y su hermano, Óscar Silva Huamanta, ‘Alex’]

– Artemio: Esos son delincuentes. No eran miembros de mi partido. … Cuando nosotros capturamos a esos tipos, ellos dijeron “no pues, es un soplón”. … personalmente yo intervine, en el caso de tu hermano, antes nomás, y le dije yo: Loco no te metas en esas, ten cuidado, te están viendo, no te metas, desde entonces no supe más de tu hermano, un alto.

– ¿O sea que usted no dio la orden en este caso?

– No pues, porque ellos lo hicieron.

– ¿Fueron sancionados de alguna manera?

– A: Esos están con la policía, con Dircote. Cuántas veces ellos han operado en nombre nuestro, y sigue haciéndolo ahora, como extorsionaron a grupos de la Selva Central y a otros. Sigues extorsionando por allí a nombre de nosotros, con el nombre de Artemio. Eso no es ninguna novedad.

[Sin embargo, los hermanos Silva Huamanta no fueron sancionados por Sendero después del asesinato de Carlos Magno Angulo, pese a que fueron detenidos por esta organización. Posteriormente, se convirtieron en colaboradores eficaces, según fuentes confiables].

 

Guerra sin esperanzas ni futuro

– ¿No le parece que esto es fruto de proseguir lo que en los hechos es una guerra sin esperanzas y sin futuro?

– Nosotros somos conscientes de que esta guerra ya terminó. Nosotros vamos a insistir en lo que está aquí arriba. Una solución política negociada y global a los problemas derivados de este conflicto armado interno. Y lo decimos con sinceridad. Que eso es lo que queremos y que es viable. Depende del Estado y del gobierno.

– ¿Usted es la garantía armada de Sendero Luminoso, de Abimael Guzmán?

– Sí, pienso que sí. Particularmente es mi postura. … No la voy a abandonar. No voy a desmovilizar a mi ejército mientras no haya un proceso de negociaciones franco y real.

– Y mientras usted no se desmovilice, ¿cuál va a ser la actividad militar que va a llevar a cabo? ¿Van a seguir llevando a cabo emboscadas, asaltos, aniquilamientos, asesinatos? Quisiera que lo explique, ya hemos hablado sobre eso ayer

– En forma determinante, no. Nada de eso. Nosotros nos vamos a limitar a hacer trabajo político organizativo. A hacer labor política. Mantenemos una fuerza armada por seguridad, para defendernos. Si nos atacan, nos defenderemos. Responderemos medida por medida.

– Es decir, ustedes están en una posición estrictamente pasiva…

– Defensiva, militarmente hablado.

– ¿No va haber ningún tipo de ataques?

– No va haber ningún tipo de ataques. Eso lo puedo garantizar. No vamos a atacar.

– ¿Eso incluye aniquilamientos selectivos?

– Así es.

– Muchos dirán que ese cambio de situación es [producto del] debilitamiento  por los golpes que ha sufrido usted.

– No creo. Creo que la cuestión política la decide, no las armas ni un ejército. …, no vivamos de sombras y fantasías… porque tengo armas yo hago lo que quiero. La realidad actuante te dice que ya no podemos proceder de esa forma. Mantenemos principios sí, pero las formas tienen que ser variadas. Tenemos que cambiar. Y ahora la situación real exige, el mundo exige que ya no podemos proceder de esa manera. Pero de por medio está que el Estado atienda nuestras demandas, nos escuche. (…) ¿Por qué ahora no se nos toma en cuenta a querer participar de ese proceso de amnistía que es factible, que es posible, que es viable? ¿Qué hace que no podamos participar en las negociaciones, en las conversaciones, ponernos de acuerdo? (…) De frente tomar el toro por las astas y decir estos vamos a hacer o esto no vamos a hacer. Pero no cerrarse, que nada se puede hacer. ¡No se puede dialogar con terroristas! Me parece eso una intransigencia obcecada, cerrada, que no sirve al país.

– Lo que usted pide, lo que su partido pide, es … un perdón de 360 grados, que incluya a quienes cometieron atrocidades y excesos desde Sendero Luminoso, a quienes cometieron atrocidades y excesos desde el Estado. …Y a los que incluso después robaron. ¿Es eso lo que ustedes piden? ¿Que cubra a todos, que [vayamos al] día original de la creación, cuando toda la humanidad estaba libre de pecado?

– Usted lo acaba de decir …. Si el perdón cabe para zanjar este conflicto armado, que no es lo mismo que un caso específico de corrupción, ¿de qué otra manera podría hacerse si no se llega a un proceso de amnistía? Es un proceso, (…) pero que se dé un paso concreto en ese sentido en aras de un proceso de amnistía porque no va a ser una sola y ya se acabó. No va a ser así. En mi opinión, van a haber varias amnistías [sic]. Va a ser todo un proceso. Pero no hay ningún indicio de dar un paso en ese sentido. Y desgraciadamente cargamos con todas esas responsabilidades. ¿De qué otra manera podría zanjarse este conflicto armado que aún subsiste o lo que queda de este conflicto armado? ¿Cómo podría zanjarse? ¿De qué otra manera? ¿A la modalidad de ellos: ríndete, sino exterminio, se acabó? No creo….

 

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