Incendio en Flores: estudiar en la escuela, morir en un taller clandestino

noolvidamoscazonafloresCosecha Roja.-

“- Joaco, ¿sabés por qué mañana no tenés clases?

– No, ¿por qué?

¿Cómo le explico que la comunidad educativa de su escuela está de duelo?, ¿Cómo le explico que esos dos nenes que probablemente se cruzó en algún recreo, murieron quemados? ¿Cómo le explico que dormían en un sótano mientras sus padres estaban reducidos a la servidumbre en un taller clandestino que funcionaba a unas cuadras de casa? ¿Cómo le explico que ese lugar había sido denunciado pero los responsables de cuidarnos y cuidarlos no hicieron nada, no lo clausuraron?”

El texto lo posteó en Facebook una mamá que manda a su hijo a la escuela Provincia de la Pampa (número 4, distrito 12). Es la misma a la que iban los dos niños bolivianos de 5 y 10 años que murieron en el incendio del taller clandestino de Páez y Condarco. Mañana a las 17:30, familiares y docentes se van a reunir en la plaza de Av.Gaona y Caracas. Van a llevar velas, papel y lapiceras para pedir justicia.

Un maestro de la escuela escribió:

No era el único que vivía en un taller. Montones de alumnos viven en talleres clandestinos, en cuartos de dos por dos, en condiciones inhumanas. Porque en la transparencia de los chicos se puede ver quién come bien y quién no, quién duerme bien y quién no, quién tiene la cabeza para estar tranquilo y quién no puede cerrar los ojos ni aún dormido”

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El domingo hubo elecciones en la Ciudad de Buenos Aires (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias). El lunes en la escuela 4 no había clases. Por eso Rodrigo y Orlando -que estaban bajo el cuidado de sus tíos- dormían en Páez al 2700 cuando empezó el fuego. Un vecino llamó al 911 y llegaron los policías de la Comisaría 50, el SAME y los bomberos. Los procedimientos se complicaron porque la puerta estaba semi-tapiada y porque hubo un pequeño derrumbe. Los adultos lograron escapar y terminaron en el Hospital Álvarez con graves quemaduras.

“Los niños que viven en talleres suelen tener dificultad para sostener la asistencia y hacer la tarea: muchas veces no tienen el tiempo para concentrarse ni el espacio para guardar el material que usan en la escuela”, dijo a Cosecha Roja María Isabel Grau, secretaria de Prensa de la Asociación Docente de Enseñanza Media y Superior (Ademys). Desde la escuela hacen todo lo posible para contener a los pibes que llegan con un “alto grado de vulnerabilidad social”. Pero no dan abasto. “Hay 100 personas en el equipo de orientación escolar para todas las escuelas de la Ciudad pero debería haber 200: el Gobierno porteño debería nombrar otras 100 y no lo hace”, explicó Grau.

El incendio se podía haber evitado. El taller textil nunca había sido inspeccionado ni controlado por el la gestión de Mauricio Macri. Los vecinos veían camiones que descargaban telas en la puerta semitapiada y en octubre una ONG hizo una denuncia por 40 posibles talleres clandestinos: el de Páez forma parte de una investigación que ya ocupa 60 carpetas. “Estamos analizando los antecedentes para determinar si existía trata de personas”, dijo a Cosecha Roja Marcelo Colombo, el fiscal de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas. El juez federal Rodolfo Canicoba Corral investiga si en la casa funcionaba una red de trata que explotaba inmigrantes.

Según Juan Vásquez -del colectivo Simbiosis Cultural-, hay alrededor de 30 mil talleres clandestinos entre Capital y Gran Buenos Aires. Las formas de explotación son diversas: desde lugares en donde el sueldo lo pagan en tres cuotas, hasta otros que tienen tres baños para 250 personas. “No es verdad que todos los talleres domésticos sean familiares: hay dueños que tienen 3, 5 y hasta 10 talleres en esas condiciones”, dijo a Cosecha Roja Vásquez.

Ese mismo lunes a la noche se reunieron más de cien personas en una asamblea en la Cazona de Flores. “El taller textil, al igual que las quintas que producen frutas y verduras, son parte de circuitos de producción y consumo que involucran a la ciudad y parte de una cadena de valor en la que participan grandes marcas, talleres tercerizados, un empresariado informal y miles de trabajadores y trabajadoras migrantes”, escribieron en un comunicado. Lo que lo hace rentable es la explotación del migrante.

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El viernes pasado la Justicia detuvo a una pareja que torturó, durante dos años y medio a Rosa, una mujer oriunda de Bolivia. Vivían en una habitación en Villa Celina. Le sacaron el documento, la incomunicaron, la ataron a una máquina de coser y la golpearon. También abusaron de ella, le negaron el alimento y la hicieron trabajar en el taller textil familiar.

El 23 de enero Elvis Zárate llegó con su hijo Franco de 19 años al Hospital Santojanni. Los médicos le confirmaron que estaba muerto: el balazo que le acababa de dar el kiosquero de Mataderos al grito de “boliviano de mierda” le había atravesado el pecho. Elvis y su sobrino Aldo fueron a la comisaría 42 para hacer la denuncia, pero cuando llegaron los detuvieron porque el comerciante acababa de acusarlos de robar.
Los amigos de Franco estuvieron en la asamblea de La Cazona: “Gualberto Ximénez fue el que jaló el gatillo y mató a Franco pero ¿quién lo hizo culturalmente tener esa mirada hacia el boliviano? Es un ataque hacia nuestra identidad, hacia nuestra raíces”, dijo Iber.

Foto: Simbiosis cultural

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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