Exigen cambio de carátula para el policía que mató a dos chicas en Mendoza

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Penélope Moro y Sebastián Moro – Radio Nacional Mendoza.-

Se vivió una jornada intensa y con incidentes ayer en Tribunales Provinciales, donde se juzga la responsabilidad del policía Antonio Cruz al atropellar a tres adolescentes el 9 de diciembre de 2014 mientras conducía ebrio y a alta velocidad. Testigos directos, vecinos y una oficial completaron el escenario de los hechos con nuevos aportes reveladores: en las actas no figuran las botellas rotas en el interior del vehículo, el conductor estaba consciente de sus actos y aún así se mostró frío y despectivo con las víctimas, y la aprobación de un cursado para tener carnet profesional agravan el conocimiento de lo que el imputado estaba perpetrando.

El viernes se resuelve el pedido de cambio de carátula a homicidio doloso que solicitaron las abogadas y abogados querellantes de las familias de Tania Páez y Lorena Castro y se convoca a partir de las diez de la mañana a manifestarse por justicia y en repudio a las provocaciones para con los asistentes de la guardia policial a cargo de la jueza Lucía Motta.

Lucas Lecour, abogado de Xumec y representante junto a Sergio Salina de Jésica Carvalho -la mamá de Tania-, explicó a “Tan Gente” que la finalidad de la excepción dilatoria solicitada ayer “es sacar el juicio del fuero de la jueza Motta por incompetencia -en tanto jueza correccional sólo puede evaluar casos culposo o imprudentes, o dolosos pero con penas que nos superan los tres años- porque se trata de un doble homicidio con dolo eventual”.

El planteo es a raíz de las pruebas obtenidas en la instrucción y en el fructífero debate, por lo cual “hay elementos para analizar la posibilidad del cambio, evitar así la dilación de un juicio innecesario y pasar por nuevas declaraciones, además de  darle la posibilidad a la jueza de garantizar los derechos de las víctimas y del imputado Cruz a ser juzgado desde el comienzo por un tribunal competente”. También señaló que la fiscal Rosana Giner -que se opuso de manera acérrima a la solicitud- “debería acompañar esto”.

“Cruz no sólo era funcionario policial -dijo Lecour- sino que además tuvo carnet profesional: esto genera un conocimiento específico y extraordinario para el resto de la población acerca del daño que pueden ocasionar el consumo de alcohol y la conducción a alta velocidad”. Todo esto se agrava con la frialdad de Cruz ante sus víctimas. Por último, indicó que harán un pedido de compulsa por las omisiones detectadas en las actas labradas por la Policía durante el procedimiento del accidente y que el hecho que Cruz no haya sido detenido ni se le haya secuestrado el arma demuestra la diferencia con que actúan de acuerdo a quiénes son los imputados y “la costumbre” de falsear actuaciones cuando los involucrados son de la propia fuerza.

Dahiana y Agustín, ningunos chiquilines

Dahiana Sofía Angélica entró a la sala guiada por un policía, se la veía desorientada, sin saber dónde sentarse hasta que la jueza se lo indicó. Fue, se sentó frente a ella con todo el desparpajo de sus quince años, respondió “¿ah?” al no entender que le pedían el nombre y recibió la primera reprimenda oral y pública de su vida. El tono de la magistrada para con Dahiana fue de este tenor: “a ver señorita si nos entendemos, este es un lugar se-rio ¿entiende?, se-rio…”

Dahiana sollozaba, trataba de esconderse bajando con la vista todas las marcas de sus quince años. Se repuso y explicó: estaba en el baño de su casa junto a la hermanita de Melannie Ávila Puebla y sintieron un ruido fuerte como de un choque, minutos antes ellas, Lorena Castro y Tania Páez conversaban en la vereda, en la esquina de San Vicente y Lamadrid de Godoy Cruz. Salió y vio primero a Lorena bocabajo, cerca de la puerta, luego a Tania, tirada bajo la ventana de su habitación y después a Melannie, a la vuelta de la esquina, sentada y sin poder moverse. Dahiana comenzó  a gritar y salió la gente del barrio, todos los vecinos y las vecinas de las cuadras de ambas calles.

El auto quedó a contramano “mirando a Lamadrid y estaba muy abollado” y de la parte trasera -el modelo “Nevada” del Renault 21 es tipo “rural”, es decir, de cinco puertas- salió el policía Cruz, de remera negra y pantalón símil militar, que fue hasta el canal de enfrente a tirar cosas. Luego se acercó a ella y le pidió un cargador para el teléfono, “¡vos estás en pedo!” fue la palmaria respuesta de Dahiana al percibirle -además- olor a alcohol.

Mientras, “la Lore, con muchas manchas de sangre en su pantaloncito, se dio vuelta sola y empezó a gritar por Tania, le pedíamos que se quedara quieta y no había caso; Tania no se movía”. Sólo con Melannie pudo dialogar, ella le pidió que se tranquilizaran y cuidara de su hermanita. La madre de Dahiana hizo los primeros auxilios y en algún momento cubrieron a Tania con una manta. Hasta que llegaron los móviles, las ambulancias y la Policía Científica, Cruz deambuló entre los vecinos, ya indignados por su actitud pero conmocionados y pendientes de las chicas: “nadie le impidió nada, pero estaba ido, como que no aceptaba lo que había hecho”. Luego, “los otros policías lo metieron rápido al móvil hasta que se lo llevaron”. El procedimiento duró hasta las cinco de la mañana y Dahiana se quedó “hasta que se fueron”.

Después de Dahiana fue Agustín Arca -de 18 años, también vecino de calle San Vicente y amigo de Tania- el que salió de su casa donde veía una película con su novia y al sentir ruidos de “un auto que venía a alta velocidad” y de un choque, encontró a las chicas heridas, una al lado de su pieza, otra “un poco más allá” y otra “a la altura del kiosco de la esquina”. Agustín no advirtió que la primera era Tania y además pensó que venían en el Renault 21 Nevada, entonces fue hasta el vehículo e intentó ayudar a Cruz, a quien de inmediato identificó como policía y alcoholizado: “quédese tranquilo, jefe” le dijo, y el policía reaccionó: “¡qué cagada me mandé flaco!”

Una vez que lo ayudó a salir por la parte trasera del vehículo se dirigió hasta el canal a tirar objetos que pudieran comprometerlo. De todas maneras, el testigo aseveró -y esto fue destacado por los querellantes como un probable acto de encubrimiento ya que no se consignó en el detalle del procedimiento- que quedaron botellas de cervezas rotas en el interior del Renault 21 y que el policía tenía la funda de su arma por encima del pantalón. Cruz anduvo así cerca de una hora -hasta que llegaron las patrullas a custodiarlo- y cuando se acercó a las chicas “nunca preguntó nada”. Agustín recuerda que al subir al móvil e irse se rió de todo el vecindario. Él ayudó a socorrer a las adolescentes, oyó los murmullos de Tania como respuesta a la mención de su nombre y corrió hasta el Barrio Parque Sur a avisarle a Jésica Carvalho, la mamá de su amiga.

El vaso medio vacío

Alejandra Galán tiene 18 años de servicio en la Policía de Mendoza y abrió el debate testimonial porque fue la primera oficial que el 9 de diciembre llegó con una patrulla a cargo al lugar del accidente. Dijo que desconocía porqué la habían citado pero al referírsele los hechos recordó que estuvo a cargo del procedimiento hasta que llegaron sus superiores y Policía Científica cerca de las tres de la mañana -la oficial de servicio había llegado alrededor de cuarenta minutos antes junto con el auxiliar Carranzana y el inspector ayudante Martínez, quienes corroboraron las actuaciones labradas por ella- y que se abocó principalmente “a las chicas”, dado que las veía “muy mal”. Las directivas y coordinación de la asistencia, operativo y traslados fueron en todo momento intercomunicadas por CEO entre la Unidad Fiscal 4, el subcomandante Oviedo de la web de Godoy Cruz, la Seccional 50 de Godoy Cruz -desde donde remitieron a Galán- y la Comisaría 27 de Villa Hipódromo, enclavada a cien metros del accidente.

La oficial explicó que primero encontró a Tania -que “respiraba con mucha dificultad”- y a Lorena -“boca abajo, cerca de la pared, pidiendo por su amiga, frente a un vehículo estacionado que no era el de la colisión”- separadas por una vereda, y luego a Melannie en la esquina. La conmoción había agitado al barrio y por manifestaciones de las vecinas y los vecinos supo que el conductor “era policía, se quería ir, había intentado abandonarlas y arrojó botellas a un zanjón cercano”. Galán lo encontró fuera de su auto, estaba “aturdido”, le supuraba sangre de los oídos y pasivamente le dijo que era policía. Entonces le preguntó por su arma oficial, fueron hasta el vehículo impactado, Cruz retiró el revólver de abajo del asiento del conductor y se lo mostró. A pesar del olor a alcohol, como no recibió órdenes y llegaron su jefe en la 50 y Andrada -jefe de Cruz en Cuerpos Especiales-, Galán ni secuestró el arma ni detuvo a su compañero.

La testigo reconoció que dadas “la magnitud del accidente y las condiciones de Cruz” ella hubiera procedido a detenerlo y secuestrarle el arma. Entonces, decidió protegerlo porque “al ver la situación, los vecinos querían agarrarlo para matarlo”. Sin embargo nadie tocó a Cruz, y de hecho deambuló entre la multitud que socorría a las víctimas, observó la llegada de los policías, luego la de Científica y de las ambulancias. Finalmente, no se dijo en el juicio quién lo trasladó, pero sí que después de una asistencia breve en el Hospital Lencinas fue llevado hasta el Central.

Requerida por los abogados Lecour y Salina -representantes de la familia de Tania-, Galán dilucidó los aspectos relativos a la obtención y responsabilidades del carnet de conducir profesional, gestión realizada por Cruz hace una década y que prueba el plus de conocimiento que, tanto como ciudadano y como policía, tenía acerca de los riesgos del consumo de alcohol al manejar: además de exámenes médicos y oftalmológicos hay que realizar un curso y aprobar un examen. Para las y los oficiales es voluntario de acuerdo a sus funciones pero obligatorio para conducir móviles oficiales. Galán explicó que debido a que padece diabetes y es insulina-dependiente, nunca habilitó su carnet a pesar de haber realizado el curso: “el estado de salud puede ser un riesgo para la población y ocasionar un desastre ante un eventual desmayo, en los cursos y en la formación se nos enseña a sortear situaciones de este tipo, salir en el momento justo y oportuno para evitar decesos”. Y agregó que “se supone que el policía tiene que estar interiorizado de las situaciones provocadas por el alcohol hasta en sus pormenores y para sí”.

Solidaridad y firmeza de los vecinos

También fueron importantes los aportes de Laura Alejandra y Carlos Ramón Bazán, respectivamente vecinos de calles San Vicente y Lamadrid que confirmaron lo testimoniado en instrucción y corroboraron lo principal de lo ya reconstruido en el debate: el accidente fue de gran magnitud, Cruz estaba ebrio pero lúcido de sus actos, intentó desprenderse de prueba incriminatoria y se despreocupó absolutamente de las víctimas. Laura estaba por ir a dormirse la noche del 9 de diciembre cuando oyó “un estallido muy grande”, por la ventana divisó con su marido “una humareda en la esquina” y salió con su hermana a socorrer a la primera persona que encontraron tirada. Llamó a la ambulancia, contuvo a las chicas -“eran tres nenas”, dijo-, una de ellas tomó fuerte su mano, otra no paraba de gritar del dolor. Laura notó una rayada del vehículo en el piso, un cartel tirado en la acequia y a Cruz, que “andaba por ahí, dando vueltas”. También lo vio cruzar el canal tras tirar cosas y preguntar en la casa de Dahiana si le prestaban un cargador.

Hace 60 años que Carlos Bazán vive en el Barrio Villa del Parque. Escuchó el impacto en la cama con su esposa, salió de la casa con un cuchillo y envuelto en un toallón se encontró con “un cuerpito tirado en la vereda” y enfatizó que nunca imaginó encontrar otro al lado y otro a la vuelta. Había humo, llegó más gente, volvió a vestirse. Tania no se quejaba, le levantó los pies y se manchó con sangre.

Vio a Cruz -“que nunca se acercó a las criaturas”- sobre el baúl del Renault 21 e ir dos veces hasta el canal y supuso que estaba “devolviendo”. “Sé cuando la gente está borracha o drogada”, explicó a la jueza y resaltó que el policía “estaba pasado de alcohol” y le pidió a sus compañeros que se lo llevaran. Antes alcanzó a divisar botellas de cerveza rotas en el interior del vehículo y no tiene dudas de que viajaba a alta velocidad, “por las marcas del cordón” y el embestir contra tres personas, un cartel de tránsito y un árbol. Respecto a la responsabilidad de Cruz, los aportes de Bazán fueron ponderados por el abogado querellante Sergio Salina, en su lugar de “hombre medio” que advierte que nunca le pasaría lo que a Cruz: sí por un fallo mecánico o error humano pero jamás por conducir borracho.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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