Familiares de periodistas asesinados en México: “No tenemos justicia”

Por Franciso Sandoval Alarcón – Animal Político.-

Animal Político publicó los testimonios de 2 familiares de periodistas: El del hijo de José Antonio García Apac, director del semanario Eco de la Cuenca del Tepalcatepec, desaparecido desde el 20 de noviembre de 2006 y la esposa de José Armando Rodríguez Carreón, reportero policiaco del Diario de Juárez, asesinado el 13 de noviembre de 2008 en el exterior de su vivienda. Los testimonios -ofrecidos en el Foro: Justicia para periodistas asesinados y desaparecidos, organizado en la ciudad de México por el Centro de Periodismo y Ética (CEPET) y Reporteros Sin Fronteras (RSF)-, coincidieron en un punto: No hay justicia para las víctimas.

Aldo García Caballero (hijo de José Antonio García Apac)

Este 20 de noviembre decidimos no conmemorar los 1826 días que tiene desaparecido mi padre, traducido a cifras más concretas, ha estado ausente una cuarta parte de mi vida. No queríamos conmemorar el hecho que por la falta de justicia en 5 años no hayan logrado dar con un indicio del paradero o siquiera de los responsables. No quisimos conmemorar porque lo que yo siento, lo que hemos sentido como familiares no se puede entender, no podrán entenderlo a menos que los responsables de procurar seguridad sean los mismos afectados, a menos que sean desaparecidos miembros de sus familias, tal vez por eso no hagan caso, tal vez porque no son ellos los que han sufrido todo esto.

Han sido años de constante espera, de rechazo de parte de dos administraciones estatales y una administración federal, de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos en Contra de la Libertad de Expresión, la Procuraduría de Justicia del Estado de Michoacán, la PGR, Protección Civil y demás instituciones a nuestro servicio. Jamás entenderán lo que es vivir al borde de la locura, de la espera de una llamada, un mensaje ¡Algo! Nunca sabrán lo que es esperar a que él llegue como si nunca se hubiera ido, lo que es desear que todo sea un sueño y tratar de ser nuevo feliz, a sabiendas que pudo ser torturado, esa palabra que es horrible pero a la vez inevitable.

Jamás confiaré en ningún político, gobierno, institución, figura o sistema proveniente del estado y que se autoproclame a favor del pueblo. Es verdad que cada pueblo tiene el gobierno que se merece pero nos ha rebasado. Los gobiernos impuestos tiene el pueblo que merecen: uno callado, silente e inmóvil.

Seguiremos exigiendo a las autoridades el esclarecimiento del caso, a que se definan como esa autoridad moral que ha estado ausente y ha cedido el poder al crimen organizado, que al día de hoy es la autoridad que gobierna al país. La lucha es permanente y rendirse no es opción, lucha es justicia y la justicia que esperamos no viene de una institución, lo justo es que nunca hubiera sucedido. Esa fue la mayor razón por la cual seguimos con el periódico: no podíamos dejar morir un sueño y dejarnos vencer por el miedo, por un enemigo cobarde que se esconde tras el dinero y las sombras. Porque tengo algo más valioso: voluntad, pasión y esperanza. Eso es lo que me mueve día a día.

Sé, que tal vez nunca la encuentre pero cada día estoy más cerca de él –mi padre-. De ser como quería que fuera: un hombre de bien, un luchador incansable Me dio el regalo de la vida, y la vida con vida se paga. Pero estoy vivo y te voy a extrañar siempre. Mientras tengamos vida los que se te sobrevivimos, mientras te recordemos, lo juro, siempre estarás vivo.

Testimonio de Blanca Alicia Martínez (esposa de Armando Rodríguez)

Soy Blanca Alicia Martínez, viuda de Armando Rodríguez, El Choco, reportero de la fuente policiaca. Asesinado el 13 de noviembre de 2008, afuera de nuestra casa en Ciudad Juárez. Ese día, era un jueves antes de las 8 de la mañana. Estábamos preparándonos para salir. Armando salió a encender el auto que estaba dentro de la cochera y luego regreso para decirme que ya se hacía tarde. Le pedí que saliera con mi hija la mayor y le dije que sacara el auto mientras yo le daba la medicina a nuestra hija la menor y la terminaba de cambiar de ropa. Armando salió con la niña, escuche cuando abrió la reja de la cochera y saco el carro. Cuando yo estaba junto a la puerta de la casa, abrochando la chamarra de mi otra hija, escuché los disparos.

Me asuste. Puse a la niña en el sillón de la sala, donde estaba nuestro hijo pequeño, entonces de 2 años, y camine alrededor de una barra en la cocina para asomarme por la ventana. Vi el auto afuera y Armando con la cabeza agachada. Pensé que estaba buscando su teléfono para llamar al Diario y avisar lo que pasaba, pero de pronto reaccioné. Salí y fui hacía el auto, por el lado del conductor. Armando tenía los ojos cerrados. Y desde ese lado le pregunte a nuestra hija, que estaba en el asiento del piloto, si estaba bien. Ella me señaló la pierna y me dijo que creía que tenía algo. La revisé, pero ella estaba bien. Le pedí que bajara del auto y que entrara a la casa.

Armando ya no me escuchó. No vi sangre en su cuerpo, solamente una rasgadura en su chamarra, a un costado del pecho. Quise moverlo para poder manejar rumbo al hospital pero no pude.

Entré a la casa para buscar el teléfono. Vi a mi hija la mayor sentada en un sillón de la sala. Tenía la mirada perdida. Traté de calmarla y salí con el teléfono. Llamé al número de emergencias y luego, del teléfono celular de Armando, le marque al director del Diario para avisarle lo sucedido. No lo podía creer. Minutos más tardeo llego la policía y la agente me pidió que entrara a la casa. A partir de ahí todo ha sido un caos. Ya nada fue igual.

¿Cómo se puede resarcir un daño así? Yo puedo decir que no se puede. El mejor resarcimiento sería que Armando pudiera volver, pero eso no es posible. Pero la sociedad ha convenido que ofrecer justicia a las víctimas es una forma de reparación. Justicia no como un sentido de venganza, sino como una señal de que el pacto social funciona.

Hoy nosotros no tenemos más a Armando. Sus hijos no pueden recurrir más a él y Armando no podrá verlos crecer. Ya no lo esperamos, aunque lo añoramos y extrañamos de una forma que no se puede explicar. Tampoco tenemos justicia. Armando no la ha tenido y esa si la seguimos esperando. Yo puedo decir que la justicia no ha llegado. Hasta hoy no se ha recibido ninguna comunicación oficial formal sobre la investigación del crimen.

Ni la autoridad estatal en Chihuahua que tiene una averiguación, ni la autoridad federal que aparentemente atrajo el caso nos han informado nada, lo que me parece esencial en el proceso de resarcimiento. Es como si para ellos el crimen de Armando no hubiera ocurrido, pero si ocurrió.

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