Fernanda volvió con un ladrillazo en la cabeza

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Miriam Maidana – Cosecha Roja.-

“Y si es cierto que lo nuestro se termina/ y si es cierto que hay que hacerle un final/ entonces quiero que te lleves mi hombro izquierdo/ que sin tu pelo no lo voy a usar jamás”

Volvió Fernanda. Les había contado de ella hace un tiempo.

Máximo quedó en libertad y peleas van, peleas vienen, él abandonó la casilla que habían armado con Fernanda para volver a vivir con la única persona con quien sostiene su convivencia, su madre. Fernanda y la nena- que ya tiene casi dos años- regresaron al hogar del padrastro, sin baño y sin espacio.

El lunes me enteré que ingresó al hospital tras un ladrillazo de Máximo. ¿Podré hablar con ella el martes? Esta vez se sienta frente a mí, con el escritorio de por medio. Tiene un ojo negro, la cabeza cosida y una tortilla de pan que una señora vende a $10 en la puerta del hospital.

– No comí nada, tengo hambre.

– Comé, no hay problema, le digo.

Siempre hace preámbulo cuando tiene que hablar de cosas que le duelen.

“Todo se envenena en mi boca / todo tiene gusto a peor….”

La tortilla por la mitad deja rastros de migas y comienza el relato: Máximo y el abandono, Fernanda y su obsesión. Los pocos pesos juntados en la venta callejera de dulces se fueron en dos bóxers y un par de medias para el día del padre. Pero Máximo no estaba donde debería y Fernanda fue invitada a un asado barrial donde corrió el alcohol y ya no pensó en nada. Salió a buscar a Máximo y lo encontró –siempre lo encuentra-. En un segundo desconfió porque él nunca usa la camisa prendida hasta el cuello. Ella, atenta a cualquier movimiento, lo vió: el primer chupón. Hay más, pero ese primero la cegó: con un bisturí conseguido quién sabe dónde le cortó la cara.

Máximo sangró y la escena se tiñó de violencia: el ladrillo voló hacia la cabeza y parte del ojo de Fernanda.

La nena, de casi dos años, testigo involuntario, olvidada en la escena, lloró.

“No la escuché, no pude….”

Cuando Fernanda y Máximo se encuentran, se aíslan, chocan los planetas, sube la térmica, explotan. El mundo circundante deja de existir. Son ellos dos. En la misma línea del consumo, del amor, del deseo explosivo, la violencia.

De ambos.

Son un pegoteo y un desapego. Son la inscripción de su amor en tatuajes. Son sus historias de muerte y pibitxs de la calle. Son el descuido, la furia, son un mundo y un océano.

Fernanda llora: “No puedo más. ¿Podemos hacer algo?”

Sí, podemos cortar la escena, alejarlos. Ella siempre dice: “Vos sabés Miriam que mi problema es mi cabeza” y para eso, para que la cabeza baje un poco el ritmo, hay que poner distancia territorial y física. Hay que poner distancia, alimentar bien la nueva panza de cinco meses, cuidar a la nena de dos años y correr a Máximo de la escena de los chupones, las infidelidades –crónicas-, el desprecio de la madre hacia Fernanda (“sos una negra”, le dice), del padrastro alcohólico y el hacinamiento estructural.

Antes de partir a un sitio donde pueda estar tranquila (o por lo menos tenga algunos hábitos de orden, un espacio para hablar de lo que le pasa –porque Fernanda es muy analizable- y alguien que la ayude a ocuparse de la nena y a cuidar de ella misma) denunció a Máximo por primera vez en su vida.

Por eso también tiene que correrse de la escena: la madre de Máximo no lo va a permitir así nomás. Y Máximo está herido, bravo, enojado.

“No hay video, ni álbum de fotos/ ni testigos, ni bendición/ una vez te até los cordones/ y otra vez fumaste por mí”

Las situaciones de violencia/s a veces son como fotografías sin marco, mal enfocadas. Lo que no sale en el revelado son las huellas: el ojo negro, la cara tajeada.

Máximo no volverá a ser el “lindo” en esa barriada donde los pibitos de cabello rubio y ojos claros “ganan”: Fernanda sabe eso.

Pero esta vez admitió que no puede más con la situación: que no quiere morirse, ni matarlo para pasarse años presa.

No sabe cómo hacer algo distinto, pero admitió su límite.

Fernanda y Máximo armaron juntos un compuesto tóxico, nocivo, violento, sexual, amoroso, de carencias y de réplica.

En las situaciones de violencia los pares suelen ser fatales.

Acá, apostamos a volver a la una….

Notas:

  1. Escuchen el tema de Acorazado Potemkin: https://www.youtube.com/watch?v=ZYYQJiLyDBY
  2. Estas historias tienen un denominador común: el día a día. No puedo preveer que va a pasar entre Fernanda y Máximo. Solo puedo decirles que se pusieron en juego todas las transferencias posibles para intentar armar algo diferente con la violencia.
Cosecha Roja
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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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