Hermanos Juliá: de la fiesta menemista al tráfico de cocaína

Cosecha Roja.-

La muerte del brigadier José Juliá, en 2005, marcó la caída de un clan familiar sostenido por los altos contactos políticos. Los hermanos Gustavo y Eduardo pasaron de ser parte de la “fiesta menemista” a una cárcel de Barcelona acusados de tráfico de drogas.

Mañana comenzará el juicio por los 944 kilos de cocaína que llevaban ocultos en dos sofás cama y dos armarios dentro del avión de su propiedad.

La defensa tratará de demostrar las irregularidades cometidas durante la detención del avión de los Juliá: sin testigos ni orden judicial. “La manera en cómo se encontró la droga, como se interceptó el avión nos dan lugar a pedir la nulidad del caso”, dijo a Cosecha Roja Carlos Broitman, uno de los abogados defensores desde España.

Matías Miret, el otro detenido por el caso, es el piloto del avión que declaró haber sido contratado por Gustavo Juliá y no tener idea de lo que llevaba en la nave. Los abogados de Miret sumaron como testigos a ingenieros aeronaúticos que fundamentarán que 1 tonelada más de peso no modifica el vuelo de un aparato de 20 toneladas.

En octubre de 2011, cuando declararon ante la jueza Luisa Balagueró Barrios, los hermanos Juliá dijeron no saber que esa droga viajaba con ellos en el avión. Eduardo, el copiloto, dijo “pertenecer a un mundo muy distinto al de su hermano”. Gustavo, el empresario, dijo que “alguien la subió” sin poder decir quién.

Los Juliá perdieron la protección política tras la muerte de su padre, José: Jefe de la Fuerza Aérea durante la presidencia de Carlos Menem; creador de empresas aéreas prestatarias del Estado y de estrechas relaciones con Alfredo Yabrán, el empresario acusado del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas.

Los escasos “amigos” que quedaban de la época menemista les dieron la espalda. Unos pocos empresarios y algún que otro contacto en la justicia, los habría protegido en más de una oportunidad, sobre todo aquella vez que se los vinculó con cárteles colombianos en Argentina.

La conexión colombiana, en este caso, viene por el lado de tres hombres que vivieron en un departamento en el barrio de Retiro pagado por Gustavo Juliá. El empresario dijo que “fueron ellos quiénes retapizaron el avión”. De los colombianos tapiceros no hubo más pistas.

Los hermanos Juliá esperan el juicio en cárceles de máxima seguridad. Están separados. Miret fue alojado en una prisión modelo. Si son declarados culpables deberán cumplir entre 10 y 13 años de prisión.

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