
Para la autora, en el quiebre político institucional de diciembre de 2001, cuando la pobreza y la marginación social alcanzaron la visibilidad pública, surgieron dos narrativas contrapuestas y complementarias: una de índole autoritario-represiva y otra de índole reformista-correctiva. “El trabajo estigmatizador de los medios audiovisuales renueva en cada noticia y en cada ficción juvenil este identikit que presenta a los jóvenes como los potenciales enemigos de la sociedad a partir de rasgos físicos, lingüísticos y culturales”.
Este texto, publicado en libro Más allá de víctimas y culpables, editado por el Centro de Competencias de la Comunicación para América Latina(C3) de la Friedrich Ebert Stiftung, también resalta la capacidad que tienen los jóvenes para lograr un posicionamiento crítico y neutralizar esos modelos de identidad discriminadores que producen los medios de comunicación.
