Juntas y salvajes

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Fotos: Facundo Nívolo y Stephanie Bridger

Nadie sabe dónde empieza el grito, arranca aislado, pero siempre prende: al principio somos unas pocas las que sacudimos las manos sobre la boca y gritamos como si fuéramos a la guerra. En cuestión de segundos el aullido es de todas y podría no terminar nunca, porque nos encuentra y nos hace sentir como un viento salvaje que viene a correr todo de lugar. Es que estamos juntas y somos muchas, cada vez más, las que salimos, como volvimos a hacerlo hoy, a pedir #NiUnaMenos y a gritar que el Estado es responsable.

Los preparativos para la tercera movida del #NiUnaMenos empezaron al mediodía frente al Congreso con talleres feministas. A las tres de la tarde, un centenar de mujeres colgó cintas violetas de las vallas que rodean al Palacio de Tribunales. A las cinco, la Avenida de Mayo ya estaba llena de mujeres (aunque había también muchos varones, más que los años anteriores) que bailaban, cantaban y marchaban: la mayoría llevaba el pañuelo verde anudado al cuello. Por todos lados había grupos haciendo cosas: bailarinas que se preparaban para hacer una performance, chicas que pintaban remeras o preparaban esténcils. En la esquina de Avenida de Mayo y Callao sonaba una orquesta de 20 vientos.

El feminismo organizado fue protagonista: estuvieron los partidos políticos alineados a la izquierda y el peronismo, organizaciones como Mumalá, Tupac Amaru, la Corriente Clasista y Combativa, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), el CELS y decenas de colectivos de mujeres, lesbianas y trans. La cabecera de la columna central fue para la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

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En estos dos años, las mujeres gritamos en la calle muchas veces: algunas marchas fueron organizadas durante varios meses y otras fueron espontáneas para paliar el dolor y estar juntas aún bajo la lluvia, como la noche del 8 de abril, cuando apareció en un descampado el cuerpo de Micaela García, en Gualeguay. Esa misma noche, la cara de Araceli Fulles, que llevaba unos días sin volver a su casa de San Martín, tapizó los muros de Facebook. En 2016, el nombre de Belén, la chica que estuvo casi 900 días presas en Tucumán por un aborto espontáneo, funcionó como contraseña. Este año, la clave fue Higui, una lesbiana presa desde octubre del año pasado por defenderse de una violación correctiva.

El 3 de junio de 2015 cayó miércoles. Fue un día cálido, casi primaveral. A las seis de la tarde, la Plaza de los Dos Congresos y las calles laterales reventaban de mujeres: estábamos por todos lados, no se podía caminar ni hablar por teléfono o mandar un whatsapp. Esa tarde, marcamos un punto en el terreno con el cuerpo, ocupamos un espacio. Chiara Páez, de 14 años, había sido asesinada y enterrada en el patio de la casa de los abuelos de su novio 20 días antes. En marzo, Daiana García también había aparecido muerta dentro de una bolsa de arpillera. En 2013 había sido Ángeles Rawson, en 2014, Melina Romero. Los nombres de una generación.

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Según el registro de femicidios de la Corte Suprema de Justicia, entre 2015 y 2016 se cometieron en Argentina 489 crímenes contra mujeres. Sumando el registro que la organización Mumalá lleva de los primeros cinco meses de este año, el número asciende a 622. “Los gobiernos no están a la altura de las circunstancias. No han cambiado las cifras,  nos vemos avances reales, no hay números para saber qué se está haciendo. Los tres poderes del Estado son responsables de esta situación y entendemos que la Justicia, la policía y las políticas públicas tienen que tener perspectiva de género”, dijo a Cosecha Roja la senadora provincial Micaela Ferraro.

El estado de movilización permanente que hoy tuvo otra ceremonia es la parte más visible de un movimiento de mujeres que en estos dos años desbordó y copó las calles de todo el país, se reunió en asambleas barriales, sindicatos, centros de estudiantes, organizaciones sociales, claustros universitarios, charlas de sobremesa y redes sociales. “Ahora podemos hablar de un movimiento de masas”, dijo a Cosecha Roja Marta Dillon, directora del suplemento Las 12 y parte del Colectivo Ni Una Menos.

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“Hay una profunda transformación de los sujetos, porque que no son manifestaciones en las que una participa y después vuelve y sigue siendo la misma persona. Es una manifestación que reconoce la potencia de ser sobreviviente, porque en general todas las mujeres tenemos en nuestra historia algún hecho de violencia al que hemos sobrevivido o resistido. Ponerlo en conjunto es reconocer la fragilidad y también esa fortaleza”, explicó Dillon, que durante la marcha estuvo arengando a la columna del Colectivo Ni Una Menos mientras ella y sus compañeras cantaban la versión feminista del hit “Despacito”.

En estos dos años los grupos de mujeres, las comisiones de género, los proyectos feministas se multiplicaron y crecieron como nunca antes: editoriales, grupos de trabajo, colectivos, organizaciones sociales, publicaciones, todo un ecosistema de organizaciones que trabajan para poner en agenda la desigualdad. Como Economía Femini(s)ta, el proyecto de investigación y divulgación que crearon las economistas Magalí Brosio y Mercedes D’Alessandro en mayo de 2015.

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“Hay varios grupos que están avanzando sobre soluciones concretas y eso me parece lo más importante de todo: que no se señalan problemas, sino soluciones”, dijo a Cosecha Roja D’Alessandro. Economía Femini(s)ta nació unos días antes de la primera movilización de #NiUnaMenos y puso el acento en la desigualdad económica, la otra cara de la violencia machista: en Argentina la brecha salarial es del 27 por ciento y el 70 por ciento del trabajo no remunerado lo hacemos las mujeres.

03052017_niunamenos_10Cuando la movilización se acercaba a Plaza de Mayo, Georgina Orellano fue una de las mujeres que cargó la bandera con la leyenda “#VivasNosQueremos El Estado es responsable”. Para la Secretaria General de AMMAR Buenos Aires, la ebullición feminista de estos últimos dos años fue fundamental para visibilizar el movimiento de trabajadoras sexuales organizadas. “A partir de este grito de las mujeres se empezó a visibilizar a esos sectores que no tienen voz en los lugares de toma de decisiones. Permitió que se hagan asambleas autoconvocadas donde no solamente vayan las feministas históricas o los partidos políticos sino todas las que sienten que el feminismo es un lugar de pertenencia y de militancia”, dijo a Cosecha Roja.

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Martina tiene 15 años. Este sábado, le pidió a su mamá Patricia que la acompañara a la marcha. Temprano, viajaron desde su casa en San Antonio de Padua hasta el centro de Buenos Aires: tomaron el tren y el colectivo y cuando llegaron buscaron a un vendedor ambulante y compraron la bandera multicolor LGBT. “Siempre habíamos querido venir pero nunca habíamos podido”, dijo Patricia. A Martina le interesa la lucha por la legalización del aborto, no entiende que haya mujeres que mueran “porque otros les dicen qué tienen que hacer con su cuerpo”. En la escuela hablan sobre violencia de género y ella sintió que esta vez tenía que estar.

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A la periodista Mariana Carbajal le gusta la idea de “derrame” para pensar el #NiUnaMenos porque desde el 3 de junio de 2015 la violencia machista es tema en los trabajos prácticos de muchas chicas que cursan el secundario, porque muchos sindicatos abrieron o fortalecieron sus secretarías de género y los gremios docentes impulsaron la licencia por violencia de género. “Todo esto a mí me parece maravilloso, porque multiplica y porque es apropiado por las jóvenes, se extiende, genera conciencia y es un abridor de cabezas”, dijo a Cosecha Roja. Hoy, durante la marcha, cantó a viva voz junto a sus compañeras del Colectivo Ni Una Menos y explicó: “Ni Una Menos es hija de los Encuentros Nacionales de Mujeres y de toda esa movilización. Pero tal vez ahora tiene otro eco”.

Para ella, que cubre la violencia machista desde hace años, se trata de un cambio también en la sensibilidad, en la formación de una audiencia más crítica que usa las redes sociales para repudiar el video sexista de la liga de básquet femenina, o una publicidad cuando el contenido es machista. Hasta Marcelo Tinelli recibió el mensaje: este año anunció que ya no habrá corte de polleras en su programa.

03052017_niunamenos_07A las seis de la tarde, la columna central entró a la Plaza de Mayo. Las compañeras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito enganchaban una tras otra las canciones de su playlist feminista mientras se encendía el verde de unas bombas de humo y decenas de manos alzaban sus celulares para sacar fotos como en un recital. Empezaba a anochecer y Norita Cortiñas y Liliana Daunes se preparaban para leer el documento consensuado en las asambleas. Alrededor del Cabildo había grupos de amigas y amigos tomando mate, bailando, cantando. Antes de sacarse una selfie grupal, una chica pidió que la esperaran un segundo: quería acomodarse el pañuelo verde para que nadie tuviera dudas de que sin aborto legal no hay #NiUnaMenos.

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Las leyes Micaela

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Emilia Erbetta
Emilia Erbetta

Periodista.

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