Juzgan al policía que manejaba boracho y mató a dos adolescentes en Mendoza

godoycruzbarrioparquesur5Penélope Moro y Sebastián Moro – Radio Nacional Mendoza (*).-

Comenzó esta mañana el juicio contra el policía Antonio Cruz, acusado por las muertes de Tania Paéz y Lorena Castro y por las lesiones de Melannie Puebla, jóvenes amigas que fueron atropelladas el 9 de diciembre pasado en Godoy Cruz. Además de conducir ebrio, el actual sargento hizo abandono de personas y se mantiene imperturbable ante las víctimas. La audiencia inicial en el Cuarto Juzgado Correccional -a cargo de la jueza Motta- contó con tres testigos fundamentales: la sobreviviente, Jéssica Carvalho -mamá de Tania- y una perito policial que evaluó circunstancias y lugar del hecho. Continúa mañana.

Antonio Gabriel Cruz tiene 47 años, está casado y tiene dos hijos, vive en Las Heras y desde finales de 1987 integra la Policía de Mendoza, pasando de aspirante a agente y suboficial y actualmente ocupa el cargo de sargento, con funciones de adiestrador en el Cuerpo de canes y servicios de guardia en la Jefatura Central. Hace diez años tramitó el carnet de chofer profesional pero finalmente nunca lo utilizó. La suscinta lectura de la acusación tiene por acreditado que “el 9 de diciembre de 2014, aproximadamente a la hora dos y diez, Cruz conducía su Renault Nevada color gris oscuro por calle San Vicente de Godoy Cruz en sentido norte y al llegar a la intersección de calle Lamadrid perdió el dominio del vehículo y atropelló a Tania Valentina Páez -de 17 años-, a Lorena Castro -de 16- y a Melannie Puebla, de 14.

Las tres amigas estaban reunidas y sentadas sobre el veredín de esa esquina del Barrio Villa del Parque, contiguo al Barrio Parque Sur donde vivían. Tania murió el 11 de diciembre y Lorena el 23, ambas en el Hospital Central. Melannie, que ofreció un primer y valiente testimonio a continuación de que Cruz se abstuviera de declarar, tuvo lesiones graves, fue hospitalizada y derivada a su casa, y permaneció tres meses sin caminar. El dosaje de alcohol que aquella madrugada de diciembre se le hizo al policía indicó de 1,4 a 1,85 de gramos. Está acusado de homicidio imprudente por el número de víctimas y de lesiones graves.

La sobreviviente

“Prácticamente casi todo”, le dijo Melannie Ayelén Pueblaa la jueza Lucía Motta cuando la invitó a que recuerde esa noche tras la cual murieron sus amigas. Explicó que hasta cinco minutos antes de que Cruz enlutara la esquina en que tomaban una coca-cola, eran cinco las chicas del grupo: su hermanita de cuatro años y otra amiga, Dahiana, que vivía en la casa sobre la vereda donde estaban y llevó a la niña menor al baño. Sentada sobre el veredín, de frente a sus amigas y de espaldas a la calle, Melannie oyó frenadas “fuertes y rápidas”, y apenas giró la cabeza sintió el impacto. “No duró ni un segundo, al darme vuelta tenía el auto encima, sin tiempo para gritar”. A pesar de ser arrojada unos metros y caer sentada no perdió el conocimiento, un vecino la auxilió, tenía inmovilizadas las piernas. Tania “cayó más lejos, para el otro lado”, y Lorena “gritaba que le dolía, que le dolía mucho, que no la tocaran”. Por Dahiana supo que el conductor “comenzó a tirar cosas en el zanjón” y que quería irse pero los vecinos lo increparon para que se hiciera cargo. Sin embargo -y aquí la joven se quebró-, “antes de fijarse en nosotras, lo único que le importaba eran su teléfono y su seguro”.

La ambulancia llegó a los cinco minutos y en orden llevó a Tania, Lorena y Melannie, que por su edad fue internada en el Hospital Notti con fractura de pelvis. Tras cinco días continuó el tratamiento y la rehabilitación en su casa, de sus amigas sólo le habían dicho que estaban en el Hospital Central. Pero le dijeron del fallecimiento de Tania y también el de Lorena. Melannie fue clara en todas sus respuestas y reconoció que ni el imputado, ni su familia, ni el seguro se han hecho cargo de nada, ni siquiera de conocer su estado y secuelas.

Los derrapes de Cruz

Natalia Yanina Delgado es perito de la Policía Científica e hizo sus aportes en relación a la inspección que hizo pocas horas después en el lugar de los hechos. Explicó que Cruz se desplazaba por el carril este de calle San Vicente hacia el norte, hasta Lamadrid, calle de circulación doble. En la cuadra las acequias están cementadas pero hay terrenos terrosos, por lo cual halló los rastros del derrape del vehículo, no así las frenadas que son las que permitirían establecer la velocidad a la que Cruz conducía, pero sin dudas “elevada a la normal”, teniendo en cuenta además que para ese tipo de zonas urbanas, lo reglamentario es no superar los 40 kilómetros por hora.

Hubo un primer impacto del Renault contra el cordón, “el causal del derrape” según Delgado. Luego el vehículo giró en sentido antihorario, impactó contra las adolescentes y volvió a fijarse, pero esta vez en sentido horario. Entre ambos impactos hay seis metros de distancia, en tanto que del “punto de derrape” al de choque final son veinticuatro. La perito halló además de las huellas otros indicios: un poste metálico derribado, marcas de pintura del coche en los árboles, restos oleosos, cabellos y manchas de sangre en el lateral derecho del vehículo, con el que habría embestido a las jóvenes. También agregó que las luminarias de la calle estaban encendidas, que la visibilidad era media y que por la zona y la hora, había poco tránsito.

A pesar de la insistencia de los abogados de la familia de Tania, Lucas Lecour y Sergio Salina, tanto la fiscal como los abogados defensores y la jueza Motta decidieron prescindir de la velocimetría solicitada por los querellantes a la División Automotores de la Policía.

Indiferencia, desprecio, provocaciones

Jéssica Verónica Carvalho vive en el barrio Parque Sur, es empleada doméstica y Tania era la mayor de sus hijas. Evocó las sirenas, la agitación y los nervios que tenía al llegar aquella noche hasta la casa de su madre, donde su hermana le dijo que Tania acababa de tener un accidente. Al llegar a la esquina de San Vicente y Lamadrid, entre la ambulancia, gente y autos de policía encontró a su hija “tirada en el piso y sin reacción, era sólo quejidos”. En la Guardia del Hospital Central vio a Cruz uniformado de negro y celeste, “que iba y venía, enojado porque le habían puesto custodia”. Allí le oyó decir que pertenecía a “Cuerpos Especiales”, que no iba a pasar nada y que el seguro se ocuparía de todo.

Tania tenía múltiples lesiones y fue intervenida quirúrgicamente: “fueron dos largos días de agonía, jamás la vi despierta”, dijo Jéssica. Y resaltó la actitud de Cruz tras el impacto: primero se limitó a mirar el auto, luego a sacar y tirar las botellas al zanjón, por último se quiso ir y los vecinos se lo impidieron. “Estando preparado y con muchos años de conocimiento, actuó de manera muy fría y con desprecio a la vida humana, indiferente como si hubiera atropellado a un animal”, señaló.

Por último y a consideración de la jueza, Jéssica explicó que por su seguridad y la de sus hijas tramitó una prohibición de acercamiento contra Cruz. El miedo además está motivado porque desde que ocurrió el accidente, las pibas y los pibes del barrio Parque Sur comenzaron a sufrir represalias de parte del personal de la Comisaría 27 de Godoy Cruz. La testigo refirió las primeras noches en el Hospital Central, cuando al cuidado de Tania sus vecinos reclamaban justicia y eran reprimidos en el barrio. “Antes no había problemas, ahora los policías pasan y provocan a los chicos”, agregó y recordó el homicidio de Leonardo Rodríguez, de 31 años, un mes después de las muertes de Tania y de Lorena y en manos de la 27.

* Audiencia del 17 de noviembre de 2015. Informe de Penélope Moro y Sebastián Moro para “Tan Gente”.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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