“La rabia se transformó en la voluntad de hacernos escuchar”

Por Redacción – Cosecha Roja.-
Como tantas cosas de la vida, este libro nació en el lugar menos esperado. Rodolfo González Arzac era del staff de periodistas del diario Crítica de la Argentina que en 2010 quebró y cerró.  Una tarde, durante los días de asamblea, fue al baño. Allí se cruzó con un compañero al que le sonó el teléfono. La conversación que escuchó le erizó la piel.
– Cuando cortó me dijo que Sergio, un chico que había recibido un balazo en la represión del  2001 había muerto. Era compañero de trabajo de su mamá.
La historia le quedó picando. Se acordaba de un caso que escribió Miguel Bonasso: el de Martín Galli, al que los médicos no le pudieron quitar la bala. Y sabía que había también una chica viviendo con el proyectil en su cuerpo: Paula Simonetti.
Así arrancó La rabia, el libro que acaba de publicar con editorial Sudamericana. Salir disparados, el capítulo que compartimos en forma exclusiva en CR, narra esas historias. Son jóvenes que tienen proyectiles incrustados en sus cuerpos.
– Conviven con la certeza de que alguien los quiso matar. Dejan la facultad, se van a vivir afuera, terminan trabajando en lugares que no imaginaban: muchos para el gobierno de la ciudad.
Sergio había sido contratado en el Ministerio de Planeamiento Urbano. Su única tarea era sellar expedientes: no más de dos por día. El empleo le comía la cabeza y por alguna razón ya no se podía concentrar para estudiar así que no pudo arrancar la carrera de programador. En 2009 se separó. Y lo que podría haber sido una buena noticia: que lo estaban por pasar a planta permanente, trajo otra peor. En el chequeo médico le descubrieron una mancha en el cerebro. Meses después lo encontraron muerto sobre su cama.
***
En diciembre de 2001 Rodolfo ya llevaba más de un año sin encontrar trabajo. Con la plata que juntó de lo que cobró de la indemnización por su paso en el portal Data54 que dirigió el periodista Jorge Lanata, alquiló una casa cerca de Capilla del Señor.
– Me fui para cargar pilas y tratar de empezar el año próximo un poco mejor- dice.
Así que cuando pasó lo del 19 y 20, él estaba lejos, en un lugar sin televisión y con una radio portátil a todo volumen. No lo podía creer. Algo importantísimo pasaba en Plaza de Mayo y él allí, con la oreja pegada a los parlantes.
Pero esos días fueron sólo el comienzo de otra cosa. Meses, años que siguieron y que de algún modo estaban ligados a aquello. Ayudarlo a Martín Caparrós en la producción del libro Qué país, donde “50 tipos hablaban de esta crisis para empezar a pensar qué país queríamos”, enseguida lo metió en tema.
Después del episodio en el baño hizo la propuesta a la editorial. En el libro se entrecruzan 26 retratos de la crisis argentina del 2001. Y lo que siguió. Dice que en cada charla que tuvo con quienes le dieron testimonio sentía algo raro:
– La certeza de que ante el recuerdo vuelven a mezclarse la alucinación, la tristeza, el peligro, la valentía de esos días. Está en el aire.
***
González Arzac tiene 39 años. Trabajó en los diarios Perfil, La Razón, Crítica y ahora es redactor de Tiempo Argentino. Escribió en las revistas La Maga y TXT. Fue productor de radio y del programa televisivo Telenoche. En 2009 publicó ¡Adentro!, millonarios, chacareros y perdedores en la nueva argentina rural.
Con su libro recién salido de la imprenta y a diez años del diecinueve-y-veinte, para él lo que quedó es la rabia. Tomó diversas formas, sí, pero está latente.
– Con el paso de los meses la rabia se transformó en la voluntad de hacernos escuchar, de no mirar las cosas por TV. Nacieron asambleas barriales, se recuperaron fábricas. Esa es una mirada. Otra: hay un regreso a algunas cosas, a una manera tradicional de hacer política. La militancia de estos días otra vez es muy parecida a la de antes. Y hay cosas que parece que no cambiaron: está pendiente el  juicio a los 39 muertos de la represión ilegal, como si no aprendiéramos y otra vez tuvieses que pasar tantos años para hacerse justicia. Lo que sí es distinto es que los movimientos sociales ahora ingresan a la Casa Rosada y diez años atrás eso era impensado.
Sin comentarios

Responder

Su dirección de email no será publicada