La rebeldía de Hebe hace su parte. ¿Y nosotros?

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Me proponía escribir que declarar en rebeldía a Hebe de Bonafini es tardío y de Perogrullo, cuando ella lo dijo de manera rotunda: “estoy en rebeldía desde el 8 de febrero de 1977”.
La afirmación deja en claro el carácter de la lucha de Hebe y de las Madres. Pero también desnuda cuál ha sido la actitud predominante en el poder judicial, no sólo frente al tema de los derechos humanos, sino también cada vez que los intereses de los sectores de privilegio han entrado en conflicto con los de la mayoría.
Desde aquella primera vez en que fue detenida en La Plata por insultar al juez Russo, exigiéndole que recibiera un habeas corpus por su hijo recientemente desaparecido, muchas fueron las detenciones y agresiones que Hebe y las Madres padecieron por parte de los poderes públicos, incluida la desaparición de la fundadora de la organización y la represión en Plaza de Mayo que precedió a la caída del gobierno de Fernando De la Rúa.
“Hebe es así”. ¿Cuántas veces lo hemos oído? Pero, ¿así, cómo? Cada vez que habló con honestidad brutal, esa u otras frases similares señalaron que la corrección política no es su fuerte.
Es cierto que no está exenta de cometer errores o de realizar afirmaciones contraproducentes. Pero la subestima quien no advierte que tiene muy en claro la dimensión política de su lucha, el peso de su figura y la importancia de ejercer ese rol revulsivo y movilizador, desde la rebeldía que tardía y efímeramente declaró el juez Marcelo Martínez de Giorgi.
“El sistema no lo asimila, hay que tirarle un poquito de soda cáustica para que se lo diluya. La soda cáustica viene a ser el pueblo en la calle. Hoy el pueblo diluyó muchas ideas y abrió muchas cabezas”. Eso significó poner blanco sobre negro la naturaleza política de la citación judicial y responderle en ese terreno con la movilización popular.
Se equivocan los que se dedican a dilucidar jurídicamente si debía o no debía ir a declarar. Abruma la cantidad de ejemplos en los cuales los que debían ir no han ido, incluido el propio presidente. Sin desmerecer la importancia de lo jurídico, ésta y otras causas se terminan dirimiendo en la política. Y si, como bien señala Zaffaroni, la declaración indagatoria es el principal acto de defensa de un imputado, Hebe comprende la entidad del ataque que recibe y lo enfrenta con la mejor de las defensas posibles de que dispone en esta coyuntura.
Toda lucha implica una búsqueda y Hebe no es la única que sigue buscando. El desafío de derrotar al actual gobierno y volver a construir una mayoría que esté consustanciada con la ampliación de derechos y de ciudadanía, se da en varios frentes y desde los más diversos protagonismos.
En los mismos días en que Hebe evitaba ser detenida, miles de usuarios llevaron adelante un “ruidazo” contra los aumentos de tarifas, trabajadores de la economía informal y organizaciones diversas marcharon de San Cayetano a Plaza de Mayo por techo, tierra y trabajo, las organizaciones gremiales compartieron un crítico documento hacia el gobierno, los productores lecheros entregaron leche de manera gratuita y comienzan a alzarse diversas voces críticas contra las políticas del gobierno. En la propia justicia, a pesar de la clara voluntad oficialista de conducirla verticalmente y utilizarla como recurso disciplinador de las disidencias, los sectores críticos empiezan a percibir “otro espacio” para hacer oír su voz.
Esto no quiere decir que la oposición le haya arrebatado la iniciativa al gobierno ni mucho menos. La política opositora cruje entre quienes prefieren un perfil más dialoguista (por convicción, intereses o para no ser víctima de carpetazos), quienes procuran generar espacios de unidad opositora y quienes eligen un perfil duro en la creencia que una referencia de ese tipo a la corta o a la larga podrá ejercer un liderazgo más amplio. Todavía se perciben fragmentaciones, reacomodamientos y pases de factura y está claro que no existe aun un liderazgo que pueda expresar a la gran mayoría de ese amplio espectro.
Algunos de ellos quizás crean, encuestas en mano, que las posturas de Hebe no convocan a la mayoría. No creo acertado analizarlas con esa lógica. En una lucha compleja, las disputas son diversas y está en la inteligencia de los protagonistas que puedan complementarse.
En primer lugar, Hebe moviliza y demuestra que esa movilización tiene un peso político concreto. Pero además, pone sobre la mesa cuestiones que si bien no funcionan como ejes convocantes de la mayoría, no pueden ser omitidas si se pretende perfilar un camino genuino. Seguramente que la lucha contra los tarifazos o en defensa del salario y del empleo son más convocantes que los derechos humanos, pero no tendrá horizonte un proyecto popular que se resigne a la impunidad y el olvido.
Pero además, algunos de los dichos de la titular de Madres de Plaza de Mayo deberían dejarnos pensando. “Cuando dije que en la Corte Suprema eran unos turros se enojaron todos…Me quedé corta cuando les dije turros”. Aunque sea difícil hacer autocrítica, está claro que en los años precedentes se careció de objetivos y líneas de acción claras en pos de la transformación de la justicia.
Hebe dice la verdad cuando afirma que nos quieren hacer desaparecer. Es lo que quisieron en 1955, en 1976 y lo que quieren ahora.
“No estemos tristes, afligidos, callados o quietos. La movilización de los pueblos es lo que libera. Las Madres vamos a seguir en esta posición inclaudicable para que no sigan avanzando sobre nosotros”.
Con casi 88 años, ella hace su parte. Ojalá todos los demás seamos capaces de hacer la nuestra.

Alfredo Fernández
Alfredo Fernández

Escritor, autor de la novela 24-03-76. Director ejecutivo del Instituto de Investigación sobre Jóvenes, Violencia y Adicciones (Ijovenes)

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