Lesboodio: piden justicia por Nicole Saavedra

Hace dos años la joven lesbiana Nicole Saavedra fue secuestrada, torturada y asesinada. Su cuerpo fue lanzado al embalse Los Aromos de Limache por desconocidos. El crimen de odio volcó a su familia, lesbianas y feministas en una lucha conjunta por la verdad. Para resistir, construyeron lazos de contención y apoyo que desafían a la indolencia de los medios y la justicia. Publicado en ElDesconcierto.cl.-

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Faltaba un día para que se cumplieran dos años desde que asesinaron a Nicole Saavedra Bahamondes. En medio del dolor de su ausencia, de la insistencia desesperada por justicia, repartidas entre marchas y acciones de agitación, no habían tenido tiempo para decir adiós. Todo transcurrió muy rápido desde que la joven de 23 años fue encontrada muerta, maniatada y con señales de tortura en el embalse Los Aromos de Limache, el 25 de junio de 2016. Primero enfrentaron el horror del crimen y luego vino la amenaza conocida de la impunidad, como un fantasma que los asedia hasta hoy.

En todo ese tiempo, Olga, madre de Nicole, y su prima María Bahamondes no estuvieron solas y la mañana del domingo volvieron a comprobarlo: lesbianas y feministas se reunieron en el sector de Tabolango, de la comuna rural de Limache, a unos 15 minutos en bus desde el centro de Quillota. Llegaron de a poco, con bolsas con frutas, instrumentos, materiales varios y fotos, en autos repletos y una micro reservada para la ocasión. Se estrecharon en abrazos largos y comenzaron en grupo el camino hacia el embalse.

“Que nuestra memoria construya rebeldía“, rezaba el lienzo de las mujeres que encabezaban la fila, vestidas para una intervención teatral. En un abrumador silencio interrumpido solo por el canto musitado de “Lemún” de Solteronas en Escabeche, avanzaron por el sitio eriazo, con los ojos perdidos en la tierra. En las cercanías de una torre de alta tensión, donde responsables que aún no son identificados lanzaron el cuerpo de la estudiante, le rindieron homenaje mezclando ritos católicos y ancestrales.

—Es difícil estar acá y recordar ese maldito 25 de junio. Yo sé que Nicole esperaba que yo la llegara a encontrar. Lamentablemente no pude pero mi promesa es hacer justicia y no voy a descansar hasta lograrlo.

A María, de ojos achinados y lentes, aún se le corta la voz cuando habla de Nicole. Desde la muerte de su prima ha liderado la lucha de los Bahamondes, sin abandonar a su tía Olga, quien vivía sola junto a su hija hasta el asesinato. En esa casa ambas eran felices, pero un día destruyeron el sueño de toda la familia. María se muestra fuerte y habla por su tía, quien sigue con una depresión profunda y se daña las manos de la impotencia de no encontrar a quienes le arrebataron a Nicole.

María invita a rezar un padre nuestro “a las que crean en Dios” y a las que no, en sus propios dioses. En el pasto extienden un paño multicolor, lo adornan con ofrendas, flores y yerbas. Encienden velas y observan en silencio mientras Olga Bahamondes se acerca y deposita una rosa azul. Aseguran que será el cierre de una etapa, que esperan que tras este acto de amor Nicole pueda seguir su camino. Una de las chicas lee un poema escrito por la autora feminista Amanda Varín en su homenaje. Alrededor las palabras retumban:

“Desataré mis manos
lameré las torturas en mi piel
y cuando menos lo esperes
cualquier día común
quizá mañana
mientras la vida gira en la rueda de un bus
saldré por tu boca gritando y no sabrás porqué me nombras:
Nicole
paria
veta
lesbiana”.

Nicole Chile

¿Dónde estaban cuando las mataban?

Durante una semana, diversas actividades de difusión sobre el caso se tomaron las calles de Quillota, Santiago y Valparaíso. La invisibilidad mediática se convirtió en el aliciente de la rabia lésbica y feminista. Desde que fue descartado como un femicidio —debido a que la legislación chilena solo considera como tal las muertes de mujeres en manos de sus parejas o ex parejas—, la muerte de la estudiante siguió el curso predecible de la impunidad.

La investigación se mantuvo a cargo del fiscal Juan Emilio Gatica y cuando la abogada Silvana del Valle asumió la representación de la familia, advirtió que una serie de diligencias claves y básicas no se practicaron. La burocracia y soledad que rodeaba a los Bahamondes alertó a las mujeres. Desde Santiago, Aconcagua, Concepción y otras ciudades, se fueron organizando para apoyar y hacerse presentes en las actividades de presión por justicia. Desde entonces es fácil reconocerlas siempre en todos los actos que realiza la familia, algo que emociona a María:

—Nosotros estamos súper agradecidos con todas las actividades que se han hecho, nos sorprende que a pesar de que muchas chicas no conocían a Nicole estén ahí apoyando en esta lucha, en esta búsqueda de justicia. Ayer fue la jornada más triste. Colocamos la gruta de Nicole, estuvimos en el lugar donde fue encontrada, necesitábamos cerrar esta etapa como familia. Estuvimos bien acompañados por todas las chicas.

Antes de irse a la marcha en conmemoración de los dos años del crimen, María suelta un suspiro débil y recuerda que “me las lloré todas, fue muy doloroso recordar, sentía un nudo en la garganta. La extraño, sí, la extraño demasiado a la Nicole y es como que todavía no lo puedo creer. Tengo rabia, una impotencia tan grande porque ella era una niña tan buena, nunca vio maldad. Y gracias a las agrupaciones, a todas las chicas que están apoyando, gracias a ellas estamos logrando avanzar”.

A su juicio, Nicole unió a todas las lesbianas. El sábado se reencontraron en un festival que instalaron en medio de la Plaza de Armas de Quillota, con bandas invitadas. Desdén, Horregias, la rapera del Aconcagua Meme Alesín y otros artistas llegaron a participar del evento, rodeado por lienzos con consignas de visibilidad: “¡Vivan las lesbianas!”, rezaba uno sobre el escenario. Ese día, construyendo lazos y disfrutando de la música, se hicieron tan visibles que desbordaron la paciencia pacata de algunos vecinos. Al cabo de unas horas llegó un contingente de carabineros al lugar para hacer controles de detención. Dieron una vuelta entre la multitud con actitud de sospecha. Luego les pidieron los carnet a algunas, mientras un funcionario soltaba la correa de su perro policial cada vez que se acercaban, amenazante.

A un costado, mientras las chicas gritaban contra los uniformados, la mamá de Nicole intentaba explicarle a una carabinera que alguien asesinó a su hija de 23 años:

—Ellas nos están acompañando porque estamos solas.

Con el paso de los minutos la ira se desataba y también las recriminaciones: “Dónde estaban / cuando las mataban“, repetían las mujeres una y otra vez en contra de los funcionarios policiales. Los responsabilizaban, en específico, de no haberla buscado cuando la familia alertó de su desaparición.

Tanta lesbiana no había pasado desapercibida en Quillota, donde la diversidad sexual seguía siendo objeto de un rechazo y discriminación más visceral que en la ciudad. A María le da rabia acordarse porque a Nicole también la perseguían y le gritaban en la calle. Ahora ve cómo miran con rechazo a las mujeres que las apoyan desde que murió: “Quizás qué piensan”, declara, levantando los hombros.

Los mismos vecinos las denunciaron por pegar carteles anunciando la marcha por la ciudad. En la mañana, horas antes de la manifestación, solo quedaban unos pocos en las calles. Durante el recorrido de la manifestación por Quillota, un par de hombres se acercó a insultarlas y gritarles que estaban locas. Al mismo tiempo, descubrieron que un mural pintado en homenaje a Nicole en Concepción fue borrado en dos ocasiones, luego de ser arreglado por las feministas. Las dos veces, desconocidos pintaron de blanco la palabra que apuntaba al “lesboodio” del crimen.

En Santiago, las lesbianas no vivieron algo tan diferente durante la tradicional marcha del orgullo. Molestas por la decisión de una empresa de elegir a Karol Lucero —rostro de TV heterosexual— como una de las figuras de la marcha, varias desfilaron bajo su propia convocatoria junto a un lienzo que rezaba “No hay orgullo sin justicia para Nicole“. Sin embargo, el material molestó a los organizadores de la marcha Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), que argumentaron que le impedía el libre trayecto a un camión que circulaba con modelos gay bailando. La polémica parecía inevitable, pero la reacción de algunos miembros del Movilh fue inesperada.

“¡Ustedes se casaban mientras nos mataban!”, gritaban las mujeres una y otra vez, mientras Óscar Rementería, vocero del Movilh, reaccionaba dando codazos y empujones. Desde hace años, círculos feministas y lésbicos han cuestionado a la organización por ignorar las demandas de las mujeres lesbianas, bisexuales y trans.

A María Bahamondes no le impresionó lo que pasó ese día. Desde el Movilh la llamaron cuando supieron lo de Nicole, para decirle que se harían parte de la querella cuando se confirmara que había sido un crimen de odio lésbico. A la prima el ofrecimiento le pareció mezquino y les respondió que no era necesario. Luego la llamaron un par de veces más para seguir el caso. No tendrían más apoyo de ellos, pero a cambio contaban con el compromiso de organizaciones como la Agrupación Rompiendo el Silencio, la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres y la contención fiel de las lesbofeministas.

“Nosotras nos vemos reflejadas en defender nuestra existencia, en visibilizar este crimen de lesboodio y en decir que ocurrió porque ella era lesbiana y era visible. Es parte de nuestra política el querer vivir nuestra existencia libremente. Entendemos que la justicia patriarcal y sus instituciones son igual de lesbofóbicas que las personas que mataron a Nicole. Y se ha visto demostrado en dos años”, comentan las integrantes del equipo de la señal comunitaria Radio Humedales.

Las mujeres aseguran que esta investigación, que no parece relevante ni prioritaria para la justicia, sí lo es para ellas: “También es parte de nuestra ética organizarnos para erradicar el lesboodio y poder existir libremente. Nosotras sabemos que el caso de Nicole no es aislado. La familia de Nicole, sobre todo María, es muy fuerte, ha sido muy movilizada en esto”, destacan.

Durante dos años, Radio Humedales ha vociferado el crimen de Nicole, como el de otras lesbianas muertas por lesbianas, mientras los medios de comunicación tradicionales han omitido el caso.

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“Vamos a hacer justicia por ti”

Luego de dos largos años de protestas y peticiones omitidas, las mujeres y la prima de Nicole se encadenaron a la reja de la Fiscalía Nacional. Ese día consiguieron reunirse con el fiscal Jorge Abbott, quien escuchó la preocupación de la familia por el nulo avance de la investigación. Pocos días después les confirmaron que el traslado de la causa a Quillota y que el fiscal Gatica había sido removido del caso.

Estaban contentas y aliviadas, pero cuando se reunieron con el fiscal Hernán Martínez, designado para el caso mientras está ausente la fiscal de Quillota, Ymay Ortiz Pulgar, la realidad les chocó en la cara. Ese día les hicieron ver que, dado el tiempo transcurrido desde el crimen y la serie de diligencias que no se realizaron en un comienzo, la posibilidad de no encontrar a los responsables también existía. Aunque era un escenario lógico, la conversación entristeció a la señora Olga. Su sobrina no pierde las esperanzas:

—Tengo la expectativa de hacer justicia y que lo que pasó sirva para demostrar que si vuelven a tocar a una lesbiana, respondemos todas. Tengo toda la fe en que la Fiscalía de Quillota logrará avanzar en el caso y pronto tener imputados.

La ausencia de Nicole ha impactado tan hondo en la familia que la resignación no aparece como posible. El amor los ha impulsado a manotear contra la impunidad, a resistirse a ese destino, el mismo que tuvo el crimen de María Pía Castro, famosa futbolista y lesbiana de la zona, quien fue asesinada y calcinada en 2008. El año pasado, el caso prescribió sin culpables y la familia de Nicole vio en ello una advertencia clara. Supieron que no podían quedarse a esperar resultados. Aunque la lucha también ha tenido un costo evidente: a estas alturas, confiesa su prima, varios miembros de la familia están con psicólogos y pastillas para enfrentar la depresión y las crisis de pánico.

“Nos cambió la vida por completo, nos destruyeron”, confirma, reclamando que están cansados, con pena y con rabia y que no hay día en que no se pregunten por qué “nuestra Nicole ya no está”. A un costado, la madre de Nicole observa la animita ya construida en memoria de su hija, que cobija un cuadro azul con la foto de la joven, flores del mismo color, plantas y recuerdos. Su prima toma el micrófono y las palabras ya no le alcanzan, son escuetas:

—Nicole, descansa en paz, que tu familia, las lesbianas y feministas vamos a hacer justicia por ti.

Alguien conecta un parlante a su celular y por minutos resuena Ángel para un final de Silvio Rodríguez. Las lágrimas brotan en el rostro de la sobrina de Nicole y en todas las mujeres presentes. La herida no sanará hasta saber qué le pasó: la rabia parece solo estar contenida hasta que se respondan todas las preguntas. Mientras, un grito rompe el silencio: ¡Que nuestra memoria construya rebeldía!”, arengan tres veces antes de repetir su nombre. “Si nos nombramos existimos”, añaden.

La mamá de Nicole habla muy poco pero ese día, frente a la gruta, Olga tuvo un mensaje para quienes estaban presentes: “Quiero dar las gracias a todas las personas que nos acompañaron, que no nos han dejado solas, que han venido desde muy lejos, les doy gracias. Hemos pasado una etapa muy dura, si no me ven llorar es porque ya no tengo lágrimas, he llorado tanto por mi hija. Sin ustedes no seríamos nada, andaríamos solas”, musitó.

La despedida dura largos minutos, los abrazos también. María es de las últimas en subir al auto. Mientras avanza por el sector, echa un vistazo a la animita de Nicole y comenta que quedó bonita “y eso que le faltan cosas”. Este lunes se cumplieron dos años desde que asesinaron a su prima y lo que más extraña de ella es su sonrisa, su presencia en cada cumpleaños o comida familiar. Aunque la pena la inunde y le nuble los ojos, cuando piensa en Nicole recuerda que ella siempre estaba contenta.

Vanessa Vargas
Vanessa Vargas

Periodista chilena. Escribe en El Desconcierto. Es becaria de Cosecha Roja.

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