Mauro-Castaño Puerta ECosecha Roja.-

Mauro Castaño tenía 25 años y el sábado 7 de febrero fue a bailar al boliche El Molino, en pleno centro de Trelew. A la madrugada la policía local lo detuvo y lo dejó demorado en el calabozo de la Seccional Primera. A las 11:30 su mamá recibió un llamado: un oficial le decía que iban a trasladar a su hijo al hospital porque se había quemado el brazo y la pierna, pero que no se preocupara, que no era grave. Ella no sabía, ni siquiera, que estaba detenido. Diez días después el joven murió.

– Que no me extrañe mi papá, que no me extrañe mi hijito.

Eso fue lo último que dijo Mauro antes de morir. Cuando llegó al Hospital de Rawson, tenía el 70 por ciento del cuerpo quemado. “No le funcionaba el hígado ni el riñón. Lo pasaron a un coma inducido y aguantó lo que pudo, pobrecito”, dijo a Cosecha Roja Darío Castaño, el papá.

“No se sabe qué pasó adentro de la comisaría. Lo que sí sé es que a mi hijo lo demoraron y salió casi muerto: hubo abandono de persona”, denunció Darío. “Primero dijeron que mi hijo se había prendido (fuego) solo y luego dijeron que otros presos le arrojaron un elemento incendiario”, dijo a los medios Cristina Saavedra, la mamá.

La versión de la policía es que lo detuvieron porque se peleaba en la puerta del boliche. Los amigos cuentan que estaba en la barra cuando dos patovicas lo sacaron para afuera a la fuerza. Dicen que nadie entendía por qué y que él se calentó. “Había pagado la entrada y estaba tranquilo, no tenían por qué sacarlo. Una vez afuera, se agarraron: él era boxeador y todos lo querían medir”, contó Darío.

Los policías lo llevaron a la Seccional Primera. No se sabe qué sucedió en del calabozo: ningún oficial lo vigilaba. “Lo rescató un policía que hacía una patrulla y llegó a la comisaría. Entró, sintió olor a humo, corrió hacia adentro y lo sacó. ¿Dónde estaban los demás policías?”, cuestionó Darío que, cuando se enteró, se subió al auto y manejó a toda velocidad hasta el hospital. “Pasé todos los semáforos en rojo. Yo presentía que era grave: los milicos acá son terribles”, dijo.

La fiscal general de Rawson, Silvia Pereira, dijo en conferencia de prensa que fue una “muerte violenta” y que el lugar era “precario”. La organización de Derechos Humanos “Comisión contra la Impunidad” convocó a una movilización que se hizo esta mañana en la puerta de la seccional. En un comunicado denunciaron que un “demorado por una contravención jamás debe estar en una celda común porque es por todos sabido que las figuras de contraventor y preso condenado son absolutamente distintas”.

Según un informe de julio de 2014, en Chubut la tasa de encarcelamiento aumentó. Además, 148 personas privadas de la libertad están en las comisarías, donde no hay espacios de recreación ni educación: en Chubut, cumplen el papel de las cárceles y de las alcaidías.

La policía de Trelew carga con la impunidad del asesinato de Julián Antillanca, el 5 de septiembre de 2010. Julián tenía 20 años y la policía lo molió a golpes y lo subió muerto a una patrulla. El cuerpo apareció tirado en la calle y encontraron rastros de sangre en la patrulla de la Comisaría Segunda. Esa misma noche, los hermanos Sergio y Denis Aballay salieron de un boliche y también recibieron los golpes de los agentes. El más chico entró a la comisaría y salió con siete impactos de bala de goma. Los hermanos denunciaron, fueron a juicio y lograron que se condenara por privación ilegítima de la libertad agravada a cinco policías.

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Mauro estaba de novio y tenía un hijo de dos años. Ayudaba a su papá, que trabaja con máquinas excavadoras. En temporada, hacía tareas en el puerto de Rawson. Desde noviembre hasta marzo cargaba cajas con pescados y los subía a los camiones térmicos. Era el único hijo varón y, entre los dos, ayudaban a la hija menor a pagar sus estudios de Odontología en La Plata.

Todas las noches iba al Club Municipal a entrenar. “Era muy buen boxeador, tenía condiciones naturales: de 40 peleas, no perdió ninguna”, contó Darío. Ese sábado Mauro había estado en Rawson y viajó hasta Trelew. Pasó a visitar al padre para llevarle una plata y de ahí salió para el boliche.

– ¿A dónde vas?- preguntó Darío.

– Voy a salir, ¿hace cuánto que no salgo?- respondió Mauro.

– Dale, no salgas, está jodido Trelew.

 

Foto: Puerta E