Madre e hija retrataron el Encuentro Nacional de Mujeres

Gise y Zoe tapa
La fotógrafa Gisela Volá viajó al Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco con Zoe Pousthomis. Cada una llevó su cámara: la mamá una digital que usa para su trabajo en SubCoop, la hija una analógica. Las imágenes de esta nota son el resultado del cruce de miradas entre dos generaciones.

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Gisela Volá y Zoe Pousthomis viajaron 24 horas entre Buenos Aires y Resistencia. Son mamá e hija y el de Chaco fue su segundo Encuentro Nacional de Mujeres juntas. Gisela ya había ido a muchos (“entre siete u ocho”, calcula) y el de la semana pasada fue el segundo para Zoe, que tiene 16. Cuando dejaban atrás la provincia de Buenos Aires, el chofer tomó un atajo. La idea era acortar camino, ir por Santa Fe, pero se perdió y el viaje duró 10 horas más de lo esperado. No importó: para ellas el encuentro empezó ahí, sobre ruedas, en medio del bamboleo del colectivo por la ruta santafesina.

Antes de salir, se sacaron una foto juntas: las dos están serias, Zoe tiene las manos en los bolsillos y la pera un poco alzada. Entre ella y Gisela hay un bolso negro y grande.

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La del año pasado fue una experiencia muy reveladora para las dos. “Lo estaba esperando: cuando iba y ella era chiquita para mí era un anhelo a largo plazo. Cuando veía chicas jóvenes siempre pensaba cuando sea más grande voy a poder venir con ella”, dice Gisela. Al ENM de Rosario en 2016 viajaron solas las dos y durmieron en lo de una amiga. Fueron al taller de Mujer y Adolescencia y Zoe se sorprendió por la intensidad con que un montón de mujeres podían compartir experiencias personales y reflexiones aunque fueran casi desconocidas.

Este segundo viaje fue distinto. Gisela le propuso a Zoe ir con una organización, como hacía ella en sus primeros encuentros. Se sumaron entonces al micro de un bachillerato popular donde viajaron con otras 60 mujeres, la mayoría de entre 20 y 30 años. Zoe era una de las más chicas y Gisela una de las más grandes. En el viaje sacaron fotos: Zoe con su cámara analógica y Gise con su cámara digital, la misma que usa para trabajar como parte del colectivo SubCoop. Son retratos en tránsito, de mujeres cruzando el país en manada para encontrarse.

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Gisela quería que Zoe sintiera esa energía colectiva, la conexión que se genera cuando un montón de mujeres duermen juntas en una escuela, hacen cola para lavarse los dientes y después comparten experiencias y debaten ideas durante horas. “Ahí está la diversidad del colectivo de mujeres. Me interesaba que viviéramos juntas esto de estar con muchas mujeres distintas a nosotras”, cuenta.

El viaje a Resistencia fue también un encuentro entre ellas: un modo de reconocerse distintas, no solo como madre e hija sino también como compañeras. Pudieron verse de otro modo, con actitudes y preguntas nuevas, incluso cuando en algunos momentos no lograron ponerse de acuerdo. “Fuimos a encontrarnos como mujeres, ella conmigo y yo con ella. Nos daba mucho vértigo hacerlo juntas y fue maravilloso”.

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En Resistencia, Zoe le dijo a Gisela: “hay muchas mujeres jóvenes pero las más furiosas somos nosotras”. Nosotras: la generación que filtra el acoso callejero con auriculares gigantes cuando salen de la escuela o esperan el colectivo para ir a cursar sus primeras materias. Nosotras: la generación que aparece en los flyers de búsqueda que todas las semanas empapelan las redes sociales y las calles de los barrios. Gisela entendió enseguida: las chicas de la edad de su hija, las que tienen entre 15 y 20 o 22 años, están cansadas, rabiosas, van al frente.

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Cuando volvieron se sacaron otra foto. En esta segunda imagen, Gisela tiene el bolso grande cruzado sobre el pecho y sonríe. Del cuello lleva atado el pañuelo verde del aborto. Juntas cargan una bolsa, cada una sostiene una manija. “Queríamos ver qué se revelaba en esa imagen”, cuenta. “Para adentro creo que la palabra es libertad, romper moldes, abrir los pensamientos. Volvimos sintiéndonos parte de algo mucho más grande y eso fue lo más lindo, sentirnos espejo de otras”.

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Los viajes a Rosario y a Resistencia fueron una suerte de iniciación ceremonial. Gisela lo vivió así: estos dos primeros encuentros los hicieron juntas como mamá e hija, pero el año que viene es posible que Zoe vaya con sus propias compañeras de la escuela, que haga la experiencia con las chicas furiosas.

 

Emilia Erbetta
Emilia Erbetta

Periodista.

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