“Mangeri está hasta las manos”, dijo el hermano de Ángeles Rawson

AngelesrsawsonJuliana Mendoza – Cosecha Roja.-

“Jorge está hasta las manos”, le dijo Jerónimo Arellano Villafañe a su mamá, María Elena Aduriz, cuando salió del interrogatorio. El hermano mayor de Ángeles Rawson declaró hoy que escuchó cómo Mangeri se negó ante la fiscal a mostrar unas heridas que tenía en el cuerpo. En una nueva audiencia del juicio por el crimen de la adolescente de 16 años, una compañera de la escuela, docentes del colegio Virgen del Valle y la titular de Ayuda a Víctimas de Violación María Elena Leuzzi declararon ante el Tribunal Oral en lo Criminal Nº9.

Cuando Jerónimo llegó a la Fiscalía el viernes 13 con la mamá y el hermano todavía era de mañana. Las declaraciones de sus familiares fueron largas y él fue uno de los últimos en pasar. Cuando lo interrogaban, escuchó la voz de Mangeri: “Tenía un tono nervioso y se negó a mostrar unas heridas que le habían hecho”. El encargado estaba en otro cuarto pero él lo pudo escuchar porque las paredes eran muy delgadas. Después entraron a examinarlo: “Un médico contó que Mangeri le había dicho que esas lesiones eran de ese mismo viernes, pero él pensaba que tenían unos días”. Cuando terminó la declaración la vió a Aduriz sentada al lado de Diana Saettone, la esposa del encargado. La apartó y le dijo: “No te apegues mucho porque Jorge está hasta las manos”.

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Aduriz y Jerónimo se abrazaron en la puerta de la sala cuando el tribunal pidió el cuarto intermedio. Diana salió acompañada de su hermana. “Muy bien diez, felicitado”, gritó la mujer del encargado en el pasillo haciendo alusión al testimonio del hermano mayor de Ángeles. Después del receso y del comentario, no volvió a entrar y se fue de Tribunales.

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La directora del colegio Virgen del Valle se acercó a Ángeles el viernes 7 de junio de 2013, tres días antes de que desapareciera. El trimestre había terminado y la adolescente había sido elegida mejor promedio de toda la escuela. “Estaba contenta y tenía la cara radiante de felicidad”, dijo Ana Vélez de Villa, la rectora. Los tres testigos que son parte del personal docente del colegio al que iba la adolescente dijeron lo mismo ante el Tribunal: era una alumna ejemplar, muy correcta, educada y respetuosa. Claudia Knez, la profesora de gimnasia, contó que una vez la calificó con un 6. Cuando le explicó por qué le había puesto esa nota, Ángeles se esforzó para levantarla. “Ella trabajó conmigo hasta tener un 9”, dijo.

Ese lunes 10 -el día que la adolescente desapareció- habían tenido clase de educación física temprano pero Knez dejó que se fueran cinco minutos antes. Florencia Habbeger, Ángeles y otra compañera siempre volvieron juntas y se despidieron rápido: estaban seguras de que se iban a volver a ver un rato. Pero esa fue la última vez. “En ningún momento avisó que iba a faltar, y Ángeles siempre avisaba”, dijo ante el Tribunal Habbeger, que hoy tiene 19 años. A eso de la una, una compañera le dijo que le iba a mandar un Whatsapp a Ángeles para preguntarle por qué no había ido a clase: ese mensaje nunca llegó. Esa noche Habegger se enteró por el grupo de Facebook del curso que su amiga había desaparecido. Al día siguiente, fue a la casa de su amiga a ayudar con la búsqueda y a repartir panfletos con su foto. “El lunes la noté normal, cansada pero todas estábamos cansadas porque nos habíamos levantado a las 7 de la mañana”, dijo.

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La titular de Ayuda a Víctimas de Violación (Avivi) María Elena Leuzzillegó con su hija a Ravignani 2360 el martes 11. Fue directo a buscar a la mamá de Ángeles. Le agarró las manos y como las sintió frías le preguntó si quería algo. “Un café”, respondió Aduriz. Pero Leuzzi no vio café: el día anterior Aduriz había llamado a la casa desde el auto cuando iba al trabajo. Atendió Ángeles y le dijo: “Acordate de comprar café”. Esa fue la última vez que hablaron. Leuzzi tuvo que hacer un té.

Candela, la hija de la titular de Avivi, se encargó de los hermanos: contuvo a Juan Cruz toda la tarde que estaba sentado en la vereda de la calle. Adentro, Leuzzi buscó un tacho y empezó a limpiar. Había botellas vacías de gaseosas y paquetes de “snacks”. En un momento vio a Franklin Rawson muy colorado y le sugirió que se acostara. Quiso ir a buscar un paño húmedo para ponérselo en la frente pero la cocina estaba cerrada. Se apoyó contra una mesa y vio un llavero con dos llaves doradas y una cinta celeste.

– Vení y guardá esto que se van a perder.

– Esas llaves son de Ángeles, le respondió Axel, el hermanastro de la adolescente.

Después de dudar mucho sobre si presentarse o no, Leuzzi fue a declarar el viernes 14 a la Fiscalía. “Fue el error más grande que cometí en mi vida. Me tomaron por chusma y por tiramugre, hasta me amenazaron”, dijo. Días después de su declaración, la llamaron desde un número desconocido y le dijeron que dejara de meterse en el caso.

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Ángeles Rawson desapareció el 10 de junio de 2013. Un día después los encargados de separar la basura en el CEAMSE encontraron el cadáver: tenía el torso desnudo, la ropa rasgada, dos vueltas de hilo sisal enrollado en el cuello y la cabeza cubierta con una bolsa. Las pericias determinaron que murió aplastada dentro de un camión compactador.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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