Mariana Condorí: para la justicia era un vínculo pasional, no violencia machista

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A Mariana Condorí la encontraron muerta, colgada de un tirante en su casilla de Villa Elvira, La Plata. Tenía 20 años y tres hijos. Una semana antes había denunciado que su pareja Gabriel “el Chancho” Maldonado la golpeaba: como respuesta el fiscal dispuso una mediación. Después de cuatro años, la familia -patrocinada por el Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ)- logró que condenaran a Maldonado en un juicio oral y público a diez años de prisión: a los siete que tenía por una condena por robo que ya cumplía le sumaron tres por fisurar la mandíbula de Mariana, amenazarla con una 22 y privarla de su libertad.

El fallo habla de un vínculo de pareja “anormal”, “que se ha salido de cauce”. Según el juez Diego Tatarsky, entre Mariana y su agresor había un vínculo “pasional, enfermizo y obsesivo”. El CIAJ denuncia que se desconoce e invisibiliza el contexto de violencia de género y “la relación de dominio estructural que existía entre la víctima y el victimario”.

– Cuando veía que su hija y Maldonado discutían, ¿usted nunca le pidió explicaciones a él? -, preguntó la defensa.

– No daba explicaciones.

– ¿Usted se las pidió?

Alejandra quedó al borde del llanto. Agachó la cabeza, no pudo responder. Las audiencias del juicio se parecieron más a una acusación a la familia de Mariana.

Hugo Maximiliano “el Chucho” Condorí es hermano de Mariana y fue testigo del juicio. Igual que a su hermana Bárbara, el juez le pide que se acerque al micrófono, que hable claro. La defensa pregunta: “¿Qué hizo usted el día de la moto? ¿dónde estaba? ¿en la vereda? ¿podría describir la vereda? ¿a qué distancia queda de la casa? ¿estaba usted sentado o parado? Usted declaró que cruzó a Mariana en moto antes. ¿Fue ese mismo día? ¿quién manejaba? ¿pero usted no dijo que iba a la casa de su abuela?”.

– No es que quiera hacerlo incurrir en imprecisiones-, aclara el defensor.  

– ¡No parece!-, le dice un pibe del público.

Cuando fue el turno de Soledad Correa, la hermana de la víctima, la defensa preguntó:

– ¿Por qué su hermana volvía con Maldonado?

– Ella lo amaba mucho. Pensaba que podía cambiarlo – dijo llorando.

Según Soledad, al principio el Chancho era “divino” pero después empezó a no dejarla no que se pusiera un shorcito.

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El final de Mariana Condorí comenzó el 7 de marzo de 2012, la última vez que denunció al Chancho. Él la obligó a subirse a su moto y manejar por la ciudad mientras le pegaba con una 22. Llevaba en brazos a la bebé de ambos. El fiscal de instrucción de la UFI 6 Marcelo Romero dispuso una mediación entre las partes: sentar en el mismo despacho a la víctima y el victimario. La citación salió de la fiscalía un 13 de marzo pero nunca llegó a destino. El 14, después de una agresión que duró horas y en la que volaron cubiertos, ropa, sillas, Mariana no pudo más: improvisó una cuerda con lo primero que encontró y se ahorcó.

“El fiscal no investigó porque para la justicia, cuando le pasa a una mujer no es delito, no tiene entidad, no es importante”, dijo a Cosecha Roja la abogada querellante Sofía Caravelos. Según el Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo, el 80 por ciento de las denuncias que hacen las mujeres en la Provincia de Buenos Aires quedan caratuladas como ‘lesiones leves y amenazas’ y se archivan.

Caravelos piensa que la condena no alcanza, “porque Mariana ya no está”. “¿Qué hubiese pasado si en vez de mandar a mediar, a Mariana le hubiera llegado una medida de protección? un equipo de trabajadores sociales, una asistencia económica, algo que le muestre que no era su problema, que no estaba sola”.

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En el juicio debían declarar 65 testigos, la mayoría aportados por la querella. La familia piensa que muchos no se presentaron porque temen represalias. A otros no les llegó la citación: la fiscalía le mandó todas a Alejandra porque es la única casa numerada de la cuadra.

María de los Ángeles fue la última vecina de Mariana. Camina despacio hacia el banquillo, aprieta la cartera sobre su cuerpo. Le piden varias veces que hable más fuerte, que se acerque el micrófono. “Si es necesario, grite”, le dice el juez y se ríe. Ella cuenta que en una ocasión Mariana la llamó desde el patio y le preguntó si estaba el marido para que la lleve al hospital. “Se sostenía la cara así” y se toma la pera. “Le dije que mi marido no estaba, después me enteré que Maldonado le había fisurado la mandíbula. Me contó que en el hospital le dijeron ‘a vos ya te conocemos’ y le pusieron eso que le ponen a los caballos, para acomodarle la cara”.

– ¿Ese hecho que cuenta pasó en enero, febrero o marzo? -pregunta la defensa.

– Era verano, la verdad no me acuerdo.

– Y sí, señora, enero, febrero y marzo son meses del verano…

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En la segunda audiencia, el guardia pidió a las 13 mujeres y a la familia de Mariana que se corrieran de la puerta. “Parece que entra el Chancho”.

– ¡Femicida!

– ¡Asesino!

– Bueno, bueno. Hagan silencio.- El policía hablaba para todas pero la miraba a Soledad, la hermana. –Ahora cuando entren no quiero ni un cuchicheo. Si escucho algo desalojo la sala.

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– ¿Sabía si ellos tenían discusiones? – le pregunta la defensa a Elsa Beatriz Sánchez, la madre del acusado.

– Yo nunca presencié gritos. Peleaban, sí. Es natural porque son jóvenes.

La última vez que vio a Mariana fue una semana antes de lo de la moto.

– Charlamos, bien. Todavía yo la gastaba ‘te vas a resfriar’ porque andaba en moto con una pollerita así-, señala con su mano que era corta. –una pollerita que le gustaba mucho, la usaba siempre, así cortita.

– ¿Pollera corta?

– Sí.

– ¿Siempre usaba pollera corta?-, insiste la defensa.

– Sí.

Para el abogado defensor Claudio Ritters el asunto de la pollera fue un indicio. Durante el alegato le dijo a la mamá de Mariana: “señora, si se hubiese preocupado por su hija no estaríamos acá”. Alejandra pasó dos días convencida de que sí, que tenía razón: “llegué a pensar que capaz hubo algo que yo no hice”.

– No es así, Ale. Fue el Estado el que no hizo nada-, le dijo una compañera.
Fotos: Fernando Ghersi

Anita Aliberti
Anita Aliberti

Periodista.

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