Mató a su agresor sexual y quedó en libertad

 

genesis
Por seis votos contra dos, los magistrados de la Corte Suprema de Chile le dieron la razón a la defensa de la joven, que fue condenada a cuatro años de prisión sin beneficios alternativos por el hecho. Una decisión desproporcionada con la ley, según dijo el TC. Para la Defensoría, el contexto de este caso estaba cruzado por la violencia de género. Esta es su historia después del encierro.

El jueves 2 de agosto, al mediodía, en el módulo de condenadas Centro de Cumplimiento Penitenciario, (Ccp) de Los Andes, las reclusas estallan en gritos y aplausos. ¡Bacán tu libertad! ¡Wena Cony! La más querida por las compañeras al fin estaba libre. Génesis Cerda, incrédula, paralizada, sin saber qué hacer, se puso a llorar de la emoción. Le había preguntado una y otra vez a su defensora Lissette de la Fuente sí de verdad saldría de la cárcel.

-¿Pero para dónde me voy?- preguntó
-A la casa, te vas para la casa-, le confirmó Lissette.
– ¿Pero cómo? ¿Me voy?-, siguió insistiendo mientras la abrazaba.

Dos días después, de regreso en su hogar-ahora en Santiago- en una población de Cerro Navia, su madre prepara café. Está toda la familia: Bélgica, su mamá, Mirta, la tía, su abuela Silvia y Romilio, el pastor de una iglesia cercana. En una de las paredes lilas del living, hay un televisor plasma que pasa videos de música evangélica. Mientras todos conversan, un gato café duerme arrimado a la estufa.

Génesis (21) hurga en la cocina las cosas para poner la mesa y no encuentra nada, ni el azucarero, ni las cucharas, aún no reconoce la que fue su casa. M, su hija, una niña risueña y de pelo claro, la persigue del living a la cocina.

-¡Tómame, tómame en brazos!-, le dice la pequeña y Génesis accede. Luego se sienta en la silla y se le escapa un suspiro.
-Yo estoy bien, estoy feliz, quiero recuperar el tiempo con mi hija nada más y empezar una nueva vida, trabajar o estudiar- explica con las dos manos tatuadas puestas sobre el mantel. “Vida loca” reza la frase en sus nudillos, dice que es parte de su pasado. Ahora tiene una melena prolija, lleva zapatillas Adidas, un polerón burdeos y los ojos perfectamente delineados.
-¿Qué te gustaría estudiar?
-Siempre soñé con estudiar pedagogía, pero creo que ahora será más útil que trabaje-, explica y Bélgica, que está sentada a su lado, esboza media sonrisa de satisfacción o de felicidad.

Comenta que Cony (así le dicen en su familia por su segundo nombre) aún está traspapelada, como en otro lugar y eso le preocupa un poco. Se interrumpe y cuenta que su marido murió asfixiado con un trozo de manzana cuando “la niña” tenía apenas seis años. Así que como ella no es mujer que se deja vencer por las adversidades, repite que seguirá apoyando a su hija.

-Bueno, quizá tiene que descansar de todo esto-, dice y la sigue con el rabillo del ojo mientras Génesis se para a buscar el hervidor.

El punto de quiebre

Génesis quedó embarazada a los 15 años y dejo el liceo Obispo Enrique Alvear para ir a vivir a la vuelta del pasaje con su pareja- ocho años mayor que ella- quien trabajaba de reponedor en un supermercado.

Ella recuerda que se convirtió en dueña de casa de la noche a la mañana. Tenía que hacer el aseo, cuidar a su suegra, (quien ya mostraba signos de demencia senil), atender a la niña y preparar la comida. Explica que un día simplemente se sintió atrapada en la rutina doméstica y en esa población, donde además de blocks diminutos y perros callejeros, abunda la pasta base.

Una mañana, un vecino le dio a probar pasta y ella siguió fumando otros días, gastando toda la plata que pasaba por sus manos. Cada vez quería más, hasta que “se envició”, recuerda. Tras una pelea con su pololo, volvió a la casa de Bélgica. Una noche no llegó a dormir, ella que era tan apegada a su pequeña hija, ella la que siempre fue el puntal de la casa, ahora era un fantasma con ojeras, irritable e inapetente. Su madre fue la primera en darse cuenta de todo.

-Cony tu estái rara, no eres las misma a ver, ¡Qué te pasa a ver!- la interrogó. Ella le contó todo, su crisis, la soledad, lo de convertirse en madre adolescente. Dejar los estudios y cómo la pasta le había pegado fuerte. Que ya no podía salir sola de ahí.

Las dos pensaron en un plan para alejarla de la droga: irse donde su tía Loreto en Los Andes sería lo mejor para ella mientras Bélgica cuidaría de la niña. Los primeros días todo salió bien, Génesis se sintió acogida por tíos y primos, pero en la población Alto Aconcagua también supo dónde encontrar pasta.

El domingo 18 de diciembre del 2016, fue a visitar otra tía en el mismo sector, esa tarde, José Velásquez (51), un vecino colombiano estaba tomando cerveza y la invitó a pasar. Ella recuerda que sintió acosada desde el primer momento, pero quería “carretear”.

-Pasé porque tenía ganas de servirme algo, me dio un vaso de cerveza y compramos “el vicio” un rato después empecé a quedarme dormida en el sillón, yo vi que metió unas pastillas al vaso, me sentí mal y me relajé. Cuando desperté él estaba encima mío, tocándome. ¡Qué me quieres hacer le pregunté! ¡Qué me ‘queríai’ hacer!, le dije como eufórica y me defendí-, recuerda, y se queda en silencio.

Génesis tomó un cuchillo de la mesa y lo apuñaló en el tórax. El hombre intentó huir, alcanzó a abrir la puerta, pero mientras trastabillaba por la escalera del block, ella le lanzó una botella de cerveza en la cabeza. Entre los recuerdos borrosos y somnolientos, se ve minutos después en una plaza. Dando vueltas, sabía que lo había asesinado, porque vio a un vecino pasar raudo por el lugar gritando “que habían matado a un colombiano”. Se fue a la casa de una prima, se bañó, comió y se cambió de ropa. “Cony, tienes que entregarte, llama a tu mamá”, le dijo. Génesis llamó a Bélgica quien le mandó dinero para que se fuera rápido a Santiago.

El día martes 20 de diciembre su mamá la abrazó fuerte, Génesis aún temblaba. Llamaron a la Policía de Investigaciones.

-Cony, siempre transparente, siempre con la verdad por delante-, le dijo Bélgica para calmarla y la acompañó hasta la Brigada de Investigaciones en Quinta Normal.
Antes de despedirse se fundieron en un último abrazo apretado y se pusieron a llorar.
-Siempre voy a estar contigo, hija-, le dijo su mamá. Y cumplió.

Génesis quedó en prisión preventiva hasta que salió la sentencia en octubre del 2017: el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Los Andes determinó condenarla a la pena de cuatro años de presidio menor en su grado máximo como autora del delito consumado de homicidio simple.

-Sentía en un momento que nadie me entendía, que aunque nada de lo que hice tiene justificación, él igual me había atacado-, explica “Cony” con la voz casi inaudible en medio de la bulla y la conversación familiar.

Adentro dice que la cosa no fue tan aterradora como le habían contado, en ese lugar “las chiquillas” la entendieron, al menos más que la mayoría de la gente. “Bueno, él te iba a violar y tú te defendiste”, “Quizás que te habría hecho el gallo ese”, le decían.

Génesis recuerda que se acostumbró a la cotidianidad de la cárcel y para mantenerse ocupada no dejó espacios en blanco: aprendió a hacer bombones, bordó decenas de cojines y terminó primero y segundo medio. Pero confiesa que pensaba todo el tiempo en su hija. No soportaba poder verla solo cada quince días, visitas que se espaciaron hasta una vez al mes. También recuerda la insoportable rutina. Todos los días parecían iguales: levantarse, bañarse y “pasar la cuenta”.

Bélgica hacía el esfuerzo de ir a visitarla y le llevaba las cosas que pedía, y como “la Cony” es vanidosa, no le podía faltar la tintura castaño claro, un rouge burdeos y el delineador de ojos. Lejos de la droga, comenta que el encierro no habría sido una situación tan traumática, pero pensaba en su familia, en las cosas que había perdido y se deprimía. Otra reclusa, Luisa, una mujer mayor, la adoptó como a una hija, la levantaba de la cama y le llevaba té para que se le pasara la pena.

-Lo que más me ponía triste era la vergüenza de que mi mami y mi hija me tuvieran que visitar en la cárcel-, dice afuera de su casa, en una tarde fría.

Una defensa con perspectiva de género

Así pasaron los días en la cárcel hasta el pasado siete de mayo cuando, en una decisión inédita, el Tribunal Constitucional acogió un recurso presentado por la Defensoría Penal Pública a favor de Génesis y se pronunció sobre este caso, inscribiendo un precedente en cuanto a violencia de género.

Claudio Fierro, jefe de unidad de Corte de la Defensoría, espera en el escritorio de su oficina un viernes en la mañana.

-Génesis salió a las cuatro de la tarde de ayer de la cárcel- dice con un aire de orgullo.

Explica que ellos vieron que Génesis estuvo involucrada en un hecho anecdótico. Había que considerar que ella no había buscado lo qué pasó y por más que hubiese consumido drogas y alcohol, había sido agredida. Punto. Ese contexto lo pusieron en un primer plano. No así las demás instituciones en el resto de la cronología del caso. “Ganamos en el Tribunal Constitucional, lo que es algo inédito, no obstante, la Corte de Valparaíso rechazó toda posibilidad de conceder la pena sustitutiva a Génesis, afirmando que era una pena proporcional y que ésta se justificaba por su ingesta voluntaria de alcohol y drogas.

Esta argumentación de la Corte, fue cuestionada en nuestro recurso de amparo y alegatos, en los que dijimos que los jueces de alzada habían desperdiciado una buena oportunidad de despojarse y erradicar las concepciones patriarcales instaladas en la estructura del Poder Judicial”, expone Fierro.

El fallo del TC, por seis votos contra dos, les dio la razón. El documento consigna que “la acción punitiva del Estado no debe propender a infligir el mal por sí mismo o el mero sufrimiento de aquel miembro de la sociedad que infringió la ley”, así como “la opción de privar de libertad al ser humano debe adoptarse solo si es estrictamente necesario y respecto de las conductas delictivas más graves que afecten bienes jurídicos de la más alta importancia”.

En la apelación en la corte de Valparaíso, la defensa mencionó además que el delito no había quedado impune, Génesis llevaba año y medio en la cárcel y destacaron cómo el encierro afecta a las mujeres, lejos de sus hijos, en el caso de ella de una hija de cuatro años.

Luego del fallo, la Corte Suprema acogió el amparo interpuesto por la defensa de Génesis por tres a dos, otorgándole finalmente la pena sustitutiva de libertad vigilada.

De la primera vez que vio a Génesis, Lissette de la Fuente, su defensora, la recuerda distinta, la cara cansada, aún con signos de consumo y tímida, dice al teléfono y lo confirmará dos días después en una visita a la familia de “Cony”.
Frente a ella -hace casi dos años- Lissette le dijo la verdad.

-Esta es una causa difícil, la pena es alta, te puedes quedar presa, pero vamos a hacer todo lo posible para que no sea así-, la calmó.

Génesis un poco introvertida, fue confiando en ella de inmediato. “‘Este tipo de verdad trató de abusar de mí y fue por eso que lo acuchillé’, fue la primera frase que dejó escapar.

Lejos del prejuicio de algunos jueces, Génesis le parece una mujer con bastante proyección en el futuro, si la familia la sigue ayudando. Cree que tiene una red de apoyo importante, la iglesia del sector también está atenta a su situación y su hermano mayor estudia leyes en una universidad privada. La tesis de la Defensoría Penal Pública presentada en el TC siempre apuntó a eso, a las características personales de Génesis y también a cómo se dio el contexto del asesinato, -que cruzado por la violencia de género- sería inconstitucional que no se pudiera optar a un cumplimiento alternativo de la pena.

-Siempre creí en su versión, siempre-, recalca Lissette, frente a la casa de la joven.

Ese día jueves 2 de agosto, Génesis sintió la reja de la cárcel cerrarse detrás de ella. Se fue con lo puesto, tal y como dicta la costumbre de dejar los objetos personales y la ropa a las “compañeras”. Afuera no vio ninguna cara conocida y un poco desorientada caminó en sentido contrario al terminal de buses. Cuando al fin logró llegar, se encontró con Yerko, su primo, quien le dijo que toda la familia de Los Andes la estaba esperando con un asado.

Ella estaba contenta, pero no del todo y un poco ida miraba el reloj esperando que se hiciera de noche para ir a dormir y partir rumbo a su antiguo hogar.

-Al otro día tomé el bus a las dos y media de la tarde y llegué a Santiago a las cinco, tomé un colectivo y en la esquina del pasaje me estaba esperando mi mamá y mi hija que corrió a abrazarme- , recuerda y se emociona.

La pequeña, colgada del cuello de Génesis, le preguntó a su abuela “¿Hasta cuándo se queda mi mamá?”

-Ahora, la Cony, se quedará para siempre- le contestó Bélgica.

Esta nota fue publicada originalmente en El desconcierto

Carolina Rojas
Carolina Rojas

Periodista chilena

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