Miedo y coronavirus: ¿podremos ser héroes?

Para quienes tenemos ciertos privilegios -además de las necesidades básicas satisfechas- se nos pide poco: quedarnos en casa, no salir, no socializar. Muchxs no saben qué hacer en el encierro, en la soledad y en la interacción con quienes les tocó en suerte pasar la cuarentena. Miriam Maidana nos acerca una pista.

Miedo y coronavirus: ¿podremos ser héroes?

Por Miriam Maidana
23/03/2020

En la película Mejor Imposible, un hombre con un empleo que le permite vivir muy bien económicamente (Jack Nicholson interpreta a un escritor de novelas románticas), tiene una casa hermosa y debería disfrutar de la vida no puede hacerlo. Debe saltear una baldosa cuando camina, sólo puede atenderlo una camarera, no tiene contacto social y su psiquiatra ya no lo soporta más. 

¿Cuál es su miedo? A morir. 

Pero ¿qué significaría vivir?

Según la película, algo parecido a tener que soportar situaciones imprevistas: su vecino pintor es molido a palos por un amante para robarle y Nicholson debe cuidar a su perrito. La camarera que lo atiende día tras día tiene un hijo muy enfermo y el sistema público de atención de USA no le brinda atención adecuada. Nicholson, sólo para que ella pueda seguir sirviéndole el almuerzo, le paga un médico y el niño mejora. Termina viajando en su auto con su vecino apaleado y la camarera en busca de dinero para el pintor, quién no ve a su familia hace años. 

¿Qué significaría morir?

Ataques de ansiedad, de pánico, de angustia o como quieran llamarle no dependen pues del buen pasar económico, de tener trabajo o no, de un momento en particular. Aparecen, irrumpen en lo psíquico y el cuerpo responde: hay palpitaciones, taquicardias, temblores, asfixia, imposibilidad de respirar. No suelen estar ligados a un tiempo real, ni a una situación que podamos identificar así nomás: algo que estaba reprimido despierta, sin que sepamos por qué. Ese es el trabajo que se realiza en un tratamiento: armar el rompecabezas, que -indudablemente- tiene que ver con la historia de cada unx. 


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El momento actual está más ligado al miedo, a un miedo concreto: como en una peli de ciencia ficción un virus avanza a una velocidad increíble. Pero es un miedo identificable, que -claro- desencadena otros más personales: la caída de la economía personal y general, la ruptura de vínculos -sospecho que más que embarazos y relaciones duraderas tras la cuarentena habrá que volver a vincularse-, las enfermedades asociadas, etcétera.

En Mejor Imposible se narra cómo una serie de imprevistos y circunstancias pueden movernos todo un esquema en el que vivíamos. Algunxs estábamos contentos con nuestro modo de vivir, otrxs lo odiaban. Pero lo que no nos conforma en algún momento se puede revertir: por eso nos ilusionamos, ponemos metas, generamos proyectos, etcétera.

La “cuarentena” de 14 días que se nos impuso como medida para atenuar los efectos de una pandemia mundial cayó como plomo en psiquismos no preparados para la medida. 

Hace días que convivimos con personas a las que solíamos ver unas horas por día (hijxs, parejas, familia), mascotas, vecinxs que se gritan por balcones, cantan, escuchan música y pelean. Algo está claro: antes de la cuarentena el “problema” parecía ser qué haríamos las personas con hijxs sin sistema escolar. Pues bien: el problema somos nosotrxs, lxs adultxs.

Es loable pensar que Shakespeare escribió El Rey Lear durante una cuarentena y ni hablar de Newton y sus teorías. Pero capaz muchxs estamos a años luz de ellxs y fracasamos haciendo incomibles panes caseros o tocando la guitarra o escribiendo. Estamos dispersxs, ansiosxs, malhumoradxs y lo que fuera que nos pase. Porque generalmente tendemos a producir cuando ¡no tenemos tiempo para nada! Ahí se mueve el deseo: en esa brecha. Si me falta el tiempo ¡qué momento hermoso!.

Yo estoy harta de leer qué tengo y qué no tengo que hacer en cuarentena. Creo que muchxs estamos en ese momento. Las indicaciones generales las dicta y transmite muy claramente el Gobierno y el Ministerio de Salud: eso es un alivio. El resto… cada cual sabrá si será Shakespeare o no.

Esta pandemia no es algo “siniestro” (en el sentido de extraño, inquietante) sino algo tangible, localizable: es un virus. Mortal en algunxs casos, en otrxs no. Un virus que puede detenerse si no circula y que tiene un sistema de salud mundial buscándolo para matarlo. 

¿Qué podemos hacer nosotrxs? ¿Se acuerdan cuando Bowie cantaba “Podemos ser héroes, sólo una vez?”. Bueno, algo así…

Miriam Maidana

Miriam Maidana

Psicoanalista, investigadora UBACyT en Consumos Problemáticos.
Miriam Maidana