Nabila Rifo: “Es un infierno lo que viví”

¿Cómo estay, Nabila? Preguntó el fiscal. El testimonio más esperado del juicio por el intento de femicidio de Nabila Rifo empezó así, con una pregunta informal. La mujer de 29 años está sentada en el púlpito, acompañada por una mujer policía. La justicia chilena transmite el juicio en vivo. Ella tiene anteojos negros: su pareja, Mauricio Ortega, le arrancó los ojos después de golpearla en la cabeza con una piedra. Nabila sobrevivió para contarlo. La defensa del acusado intentó defenestrarla: dijeron que mentía, que era una libertina, que estaba involucrada en temas de drogas.

Después de los detalles de rigor, Nabila relató su calvario. El primer ataque fue en junio de 2015. “Una noche él fue a romperme la puerta con el hacha. En ese tiempo estábamos separados porque no nos llevábamos bien. Yo estaba pololeando con otro chico. Yo estaba durmiendo arriba. Empecé a escuchar unos gritos que decían ‘Nabila, levantate’. Me levanté y empecé a ver que estaban rompiendo la puerta. Y veo que mete la mano y entra con el hacha en el hombro. Entró y le dije: qué hiciste. ‘Me buscaste el odio, mi mamá se va a morir, no me importa nada’, dijo. Me dijo que no le importaba ir preso. No lo vi ebrio, pero sí tenía los ojos rojos, como que estaba en otro mundo”.

Su hermano, que estaba en la casa, lo calmó y se lo llevó. El novio de Nabila escapó por la ventana. Ella pidió ayuda a un hombre que pasaba y llamaron a los carabineros. “Yo estaba desesperada. Hice la denuncia y él tenía prohibido pasar cerca de la casa. Quedé traumada. Después le dijeron que tenía que pagar una multa e ir a un lugar donde van los hombres violentos. Yo estuve de acuerdo porque se había muerto su mamá y estaba como depresivo, lloraba todo el tiempo”.

Mauricio le prometió que no lo iba a hacer más. Dos meses después volvieron a vivir juntos.

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Agresión brutal

“Al principio él era muy cariñoso, era cariñoso con los chicos, se preocupaba de que no les faltara nada”, contó Nabila. “Después empezó a alegar. Se molestaba por cualquier cosa: por la comida, se molestaba con los chicos. Empezamos a discutir mucho. Él me decía que yo era una maraca, una puta, que nunca iba a cambiar. Y le agarró rabia a mi mamá porque para año nuevo de 2016 él llegó muy bebido. ‘Son las 9 de la noche, para las 12 vas a estar tirado en el piso’, le dije. Agarré a mis hijos y me fui a pasar el año nuevo con ella. Desde ahí le agarró rabia”.

El intento de femicidio fue el 14 de mayo de 2016. Esa noche, en casa de Nabila y Mauricio hubo un asado. A las 9 empezaron a llegar los amigos de Mauricio. “Después de comer la carne fuimos al living y se pusieron a beber”, contó Nabila. “Puse música y empezaron a bailar. Yo bailé, no recuerdo con quién. Mauricio bailó con una chica. Yo me levanté al polera. Mauricio no dijo nada. Después Eduardo me dijo que pusiera una cueca y yo le dije “Qué, viejo culiado, deja de huevear”. Y ahí Mauricio se enojó. Y yo le dije que él me debía un dinero. “Siempre me haces lo mismo. Si te tengo el refrigerador lleno de carne, que más querés”, dijo él y se enojó más.  “Comenzó a golpear las paredes, la lavadora, la puerta. Ahí comenzó a quedar la embarrada: puta de mierda, malagradecida, deberías irte, me dijo. Incluso una vez me echó la ropa para afuera”.

A esa hora quedaban cuatro personas en la casa. Entre todos se llevaron Mauricio a fumar para que se calmara. Volvió solo. “Me dijo ‘maraca de mierda, por tu culpa pasa todo esto’ y va y me pega, un palmetazo y un combo, yo me caí del sillón”.

Nabila decidió irse a la casa de su mamá. Mauricio la siguió pidiéndole que hablaran, que no pelearan más. Quedaron de frente y ella le dijo que se iría de la casa “porque eres insoportable”.  Cuando se dio vuelta sintió que le pegaba con una piedra en la cabeza. “Se me pasó todo lo que había tomado, me retumbó todo”, dijo. “La segunda vez también y en la tercera quedé inconsciente. Me hice la muerta para que no me siguiera pegando. No me acuerdo de nada más”.

Despertó en el hospital. No podía ver. Preguntó por qué Mauricio no estaba con ella. “Yo quise defenderlo diciendo que fue otra persona. No lo quise culpar a él, yo quería que me explicara qué había pasado”, contó.

La situación cambió cuando volvió a Coyhaique: sus hijos menores no la reconocieron. Los mayores lloraban. Eso la quebró y decidió contar la verdad. “Esto es mucho sufrimiento, lloro todos los días porque no puedo hacer algo, porque no puedo vender mis muebles, porque no puedo hacerle la comida a mis hijos. A veces me dicen ‘mamá, te traje esto’, pero no puedo verlo”.

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Atacar a la víctima

El defensor de Mauricio Ortega tiene un moño, anteojos de marco y pregunta leyendo. Toda su estrategia se basa en desacreditar el relato de Nabila. Busca contradicciones, intenta hurgar en su vida pasada, señala hechos accesorios.

-Gonzalo (uno de los invitados al asado) contó que cuando llegaron a la casa estaban contentos- dice el abogado- Habían comido, habían bailado. Estaban las cosas bien. En un momento hubo una discusión: él estaba enojado y usted también.
-Sí-responde Nabila- pero yo no me pongo a pegar combos ni a golpear la lavadora. Menos a quebrar vasos. Eso no lo hace una persona normal.
-Ahí no le pegó.
-Ahí no porque su hermano y Juanito le estaban agarrando las manos. Se quería venir encima mío.

Luego la interroga sobre sus charlas con las peritos que la entrevistaron.

-Le preguntaron sobre sus relaciones de pareja significativas- dice el abogado
-No tengo por qué contar mi vida sexual -responde Nabila.
-Le hicieron algunas preguntas sobre su vida sexual -insiste.
-¿Y que tiene que ver mi vida sexual con lo que ahora me ha pasado?

-Cuando le preguntan cómo era su relación con Mauricio, usted le contó a ellas que tenía una relación cómo cualquier pareja y que cuando tenían discusiones nunca se gritaban. Usted dijo que no le tenía miedo.

-Eso es mentira. Lo dije para defenderlo a él, porque todavía no sabía si iba a venir a ver o no. Después empecé a preguntar por qué tenía vendadas las orejas, por qué no podía hablar bien, que había pasado con mis ojos.

Antes del primer cuarto intermedio, el defensor arremete con su mejor carta: la primera versión que dio Nabila es que la había atacado un joven de pantalón de cuero y pelo largo, un ‘metalero’.

-Usted dijo que estaba segura que Mauricio no la había atacado- dice el abogado.
-Eso no es verdad, lo dije para defender a Mauricio -responde Nabila- porque no me decían nada, no sabía que no iba a volver a ver. Sólo sentía los dolores. He dicho mil veces que lo hice por defender a Mauricio porque todavía lo quería.

Despertar en el infierno

“Cuando desperté en el hospital de Santiago. Mi mente estaba muy confundida, pensé que estaba con mi mamá de viaje comprando muebles, veía a los chicos, a Mauricio. Mi mente estaba divagando, no me acordaba de nada”, contó el momento más emotivo del relato.

“Los ojos los tenía vendados y un día le pregunté a la enfermera por qué no prendía la luz.  Me dijo que había tenido un accidente y dijo que me pondrían una  prótesis. Le pregunté si con las prótesis iba a poder ver y me dijo que no. Para mí era un infierno lo que me estaba pasando”.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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