Neuquén: golpes y amenazas contra testigos claves del caso Braian Hernández

NQN Detuvieron a dos adolescentes testigos del crimen de Braian por p

Por Federico Schirmer – Cosecha Roja.-

Elizabeth Fernández dejó el anonimato el día que se dio cuenta que a Braian, su hijo,  lo había matado la policía. Desde ese día de diciembre enfrentó cámaras y micrófonos con la fiereza del que no tiene nada que perder.

El 24 de febrero Elizabeth propuso hacer una pintada en la calle.  No estaba sola. Con ella había otros 10 mayores: gente de la Multisectorial de Neuquén, de la organización de derechos humanos Zainuco. Estaban, también, los amigos de Braian. Todos en la calle Río Negro al fondo, ahí nomás del Río Grande, pintando un mural con un mensaje claro: “A Braian lo mató la policía”. El lugar no era un capricho. Ahí se iba a celebrar la primera Fiesta de la Confluencia, la más grande la Patagonia. Y ellos querían que todos los asistentes supieran la verdad: que Braian y sus 14 años habían encontrado su punto final en el gatillo del oficial subinspector Claudio Salas.

Entre los amigos de Braian estaban Damián y Cristian, dos chicos que están por cumplir los 15. Ambos dos testigos claves para que el oficial Salas termine de contar sus días en prisión. Bastó que se alejaran una cuadra camino al quiosco. La misión parecía medio zonza: ¿Qué te puede pasar yendo al quiosco a comprar un par de botellas de agua? “Me di cuenta que algo pasaba cuando escuché los primeros gritos –dice Elizabeth- y salí disparada en dirección al griterío. Los vi cuando doblé en la esquina: un grupo de policías los estaba moliendo a palos”.

Los 10 mayores que estaban con Elizabeth se metieron en el medio, para defenderlos. Hubo gritos, forcejeos. Volaron algunos golpes. A los cinco minutos ya había unos 30 policías en la cuadra. Hubo más golpes, empujones. Los chicos lloraban: “No nos dejen, no dejen  que nos lleven de nuevo a la comisaría de menores”. Gladys Rodríguez, la fundadora de Zainuco, no los soltaba. Prefirió irse en el patrullero con los chicos que quedarse de brazos cruzados. Para ellos no había otra forma de defenderlos. Entre el tumulto alguien llegó a preguntarles de qué se los acusaba. La policía les dijo que un par de cuadras más allá habían robado  25 mil dólares de la guantera del auto de unos turistas chilenos.   “Sí, claro. Imaginate que estaban en malla”, dice Elizabeth. ” ¿Dónde iban a guardar todos esos dólares? Como los chicos son de un sector marginal, los acusaron de robo. Pero lo que quieren es desacreditarlos para que no sean confiables como testigos. El tema es que la policía se dio cuenta quienes somos”.

Portación de rostro. La madre de Braian dice que estaban llegando cuando se encontraron con un megaoperativo policial. Que era una cuadra entera de conos bajo la protección de 8 policías Ithaca en mano. Los uniformados estaban a 200 metros de la pared donde iban a pintar el mural. La forma en que les brillaron los ojos convenció a Elizabeth de que sabían quiénes eran los que habían pasado. Cristian y Damián los miraban fijo mientras dejaban atrás la fila de conos. Ella les dijo: “Chicos ni los miren, son tipos peligrosos Yo sabía que iban a agarrarse de cualquier motivo para hacerles algo”.

Decíamos que Elizabeth salió del anonimato un día cualquiera del último diciembre. Y decíamos también que lo hizo poniéndole el cuerpo, la cara, su propio nombre, a la tragedia que disparó un tal Salas. Y esa toma de posición tuvo su costo. Ella dice: “A mí la policía me ha venido a amenazar hasta la puerta de la casa. Si no tuviera la protección de mis vecinos, no sé que podría pasar”. Dice que el mismo día que velaban a Braian, Alejandro, uno de sus hermanos, estaba jugando en la vereda de su casa con unos amigos cuando pasó el móvil 89 de la comisaria 16. Dice que el patrullero frenó frente al chico de 17, bajo el vidrio, le dijo un tipo con la placa brillando al sol: “Si tu vieja no se calla, vos vas a terminar como tu hermano: con un tiro en la cabeza”.

La noche que asesinaron a Braian todos los chicos que iban con él en la coupé Fuego terminaron detenidos en la Comisaria del Menor. “¿Porqué pensas que Damián y Cristian pedían llorando que no dejen que los lleven?” Mientras estaban detenidos los golpearon. Los agarraban del cuello y les daban la cabeza contra la mesa mientras les repetían: “Haganse cargo guachos, su amiguito está muerto por culpa de ustedes”. “Querían que se echaran la culpa entre ellos, que dijeran que estaban comprando drogas, que admitieran que el arma que les habían plantado era suya” -dice Elizabeth. “Dale pelotudo, hacete cargo. Por vos está muerto tu amigo, les repetían. Yo y otro padre esperamos a los chicos toda la noche. no querían dejarlos libres porque decían que estaban tan drogados que no se podían parar. Cuando los liberaron, a las 8 de la mañana, no tenían nada e insistían en que les hagan una análisis de sangre para demostrar que no se habían drogado”.

Elizabeth temió por la vida de los chicos: esa noche de enero. También la tarde de la pintada. Cree que si no hubieran sido porque estaba la gente de la Multisectorial y la de Zainuco, la suerte de los chicos no hubiera sido la misma. “Nosotros denunciamos el abuso policial. Logramos meter en cana a Salas gracias al testimonio de ellos. Pero tengo miedo porque ellos, como yo, no tienen ningún tipo de protección más que la de los vecinos. Y los policías son muchos y no le tienen miedo a nada”.

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