Nietas y nietos que restituyeron su identidad

Ignacio Montoya Carlotto

El amor por la música tejió lazos más allá del tiempo. Ignacio creció en el campo, en un hogar humilde, cerca de Olavarría. De niño, en un club de pueblo, intuyó que de las melodías de los instrumentos salía algo parecido al deseo y a la verdad. Muchos años después, en un encuentro de Música por la Identidad, el testimonio de otro nieto, se le impregnó cómo una canción conocida. De regreso en Olavarría le puso letra y la tituló “Para la memoria”.

Sus padres de crianza cuidaban un campo. Cuando el dueño del campo, un hombre de fuertes vínculos con los militares y las “fuerzas vivas”, falleció, una persona cercana a su entorno le confesó lo que era un secreto a voces: era adoptado. Ignacio escribió un correo electrónico a Abuelas. Se hizo los análisis. El 5 de agosto de 2014 recibió el llamado de su tía, Claudia Carlotto, directora de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad: era el hijo de su hermana mayor, Laura, y de Walmir Montoya, militantes de Montoneros, secuestrados en noviembre de 1977. Walmir había tenido una banda y tocaba la batería, su padre había sido saxofonista. Compañeras de cautiverio del centro clandestino La Cacha contaron que Laura había sido llevada a otro sitio a parir en junio de 1978. Era el nieto de Estela, la Abuela que había recorrido el mundo buscándolo.

Carlotto Montoya IgnacioMariana Zaffaroni Islas

Uruguayos y militantes, Emilia y Jorge tuvieron a su primera hija en Buenos Aires. Mariana nació el 22 de marzo de 1975. Emilia cursaba el tercer mes de un segundo embarazo cuando los secuestraron en su casa de Florida, en el marco del Plan Cóndor. Los tres fueron vistos en el centro clandestino “Automotores Orletti”. Hasta ahora no se supo nada del bebé que debió nacer en cautiverio.

Mariana fue apropiada por un agente de inteligencia, Miguel Ángel Furci, y su esposa. Durante mucho tiempo tuvo pesadillas con olas gigantes y sintió miedo al ruido de los baños. Abuelas la localizó en 1983, los apropiadores se fugaron con la niña. En julio de 1991 los encontraron. Los análisis confirmaron lo que sospechaban: era Mariana Zaffaroni Islas. Su abuela María Esther Gatti de Islas la había buscando 16 años con Abuelas y Madres. “Cuando tuve a mi hija, pude empezar a entender la relación de ella con mi mamá. ¿Qué no haría yo por mis hijos?”.  

1 Zaffaroni Islas MarianaMacarena Gelman García Iruretagoyena

Sus padres eran porteños, María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, militantes de Montoneros. Los secuestraron en agosto de 1976. Su mamá estaba embarazada de siete meses. Sobrevivientes contaron que los vieron en el centro clandestino de tortura “Automotores Orletti”. Su padre fue asesinado y sus restos, hallados años después en un tanque de 200 litros en el canal de San Fernando. María Claudia fue llevada a Uruguay, donde dio a luz.

La madre de Marcelo, Berta Shuberoff se unió a Abuelas de Plaza de Mayo para buscarla. En 2000 el abuelo, el poeta Juan Gelman, encaró nuevas gestiones ante el gobierno uruguayo. La investigación avanzó. Macarena había sido entregada a un comisario y a su esposa. Macarena fue localizada ese año.Gelman  verticalGonzalo y Matías Reggiardo Tolosa

Sus padres esperaban mellizos. María Rosa Tolosa fue secuestrada el 8 de febrero de 1977 en Florencio Varela, con un embarazo de seis meses y por partida doble. Enrique Reggiardo, al día siguiente, en su trabajo en Lanús. Los vieron en el centro clandestino La Cacha. Cerca del parto, María Rosa fue llevada a la cárcel de Olmos. El 27 de abril de 1977 dio a luz a dos bebés. Sus apropiadores falsearon su fechas de nacimiento para anotarlos.

Familiares y otras secuestradas hicieron correr la voz. Abuelas de Plaza de Mayo investigó: el subcomisario Samuel Miara tenía mellizos ¿eran los bebés desaparecidos con su madre? En 1985, apenas el juez ordenó análisis inmunogenéticos, Miara se fugó con toda la familia a Paraguay.

A partir de la extradición, regresaron a la Argentina. Se les hizo una pericia genética en el Banco Nacional de Datos Genéticos. En octubre de 1989 no hubo dudas: los mellizos eran hijos de María Rosa y Enrique. La batalla judicial y mediática fue una carnicería. La relación incipiente entre los mellizos y su familia biológica materna se dificultó. Vivieron con una familia sustituta hasta alcanzar la mayoría de edad.

El día que declararon por el cautiverio de sus padres en La Cacha, en 2014, Gonzalo pidió si podía agregar algo: “Espero justicia por mi padres. Este es un día bisagra en la historia de mi vida”, dijo; y un largo aplauso llenó la sala.

Reggiardo Tololsa Matias Ángel* Los cuatro textos son de María Eugenia Ludueña

 

Nietas y nietos que restituyeron su identidad

La muestra tiene como intención que al mirar a los ojos de cada persona retratada, digamos “es ella”; luego de transitar un camino dificultoso pero el único posible para llegar a la libertad. Tiene como un sueño la anhelo de representar a la verdadera persona.

Son 39 vidas, muy distintas entre sí: cada mirada se encarna a sí misma en su autenticidad, ya sin el ocultamiento del delito, ajeno, gravísimo y continuo al que estaban atados.

Se trata de un conjunto de retratos sencillos, despojados de esteticismos, de Nietas y Nietos que restituyeron su identidad, que les había sido robada durante el Terrorismo de Estado en la década del 70.

Esto fue posible gracias al enorme trabajo colectivo de un conjunto de organismos liderados y gestados por la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo para recobrar la historia de cada Nieta y cada Nieto.

Al nacer, o en sus primeros años de vida, han sido víctima del terrorismo de Estado en una de sus expresiónes más condenable, el falseamiento de su identidad. Su ser en el mundo, no físico sino el tramado de afectos, el universo social y comunitario, el conjunto de representaciones y significados les fueron sustraídos en nombre  de supuestos valores auténticos y superiores.

Esta horrible paradoja nos tiene que interpelar en el corazón mismo de nuestras creencias: ¿en qué conjunto de certezas y argumentos somos capaces de creer? Nadie nace odiando, se aprende. También  lo contrario, y sólo perdura el amor.

Como es sabido, Abuelas denunció en la Justicia más de 500 casos de la práctica sistemática de robos de bebés. 121 ya están resueltos. 380 personas siguen siendo buscadas, en Democracia y con Justicia, por sus familiares y Abuelas.

* Texto de Alejandro Reynoso, autor de los retratos de la Muestra Fotográfica Nietas/os.

Hasta el 31 de octubre se puede visitar en el Centro Cultural de la Cooperación.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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