Nos están matando

La noche de Navidad, la mendocina Belén Mirallas caminaba por Playa del Carmen, en México. Un hombre se acercó, empezó a hablarle e intentó violarla. Lo primero que pensó ella fue en las mochileras de Montañitas. “En ese momento pensé que iba a matarme”, contó en un video que circula en las redes sociales. Belén se pudo defender y el hombre escapó. La policía mexicana la quiso convencer que había sido un intento de robo. “Es evidente que si hubiese sido hombre nadie me hubiese atacado”, dijo ella en el relato. Este es su testimonio.

“Se me acerca un tipo que se veía sumamente normal. Empieza a caminar a mi lado sin que yo se lo pidiera, empieza a intentar conversar conmigo. De hecho me dice algunos datos de él. Me cuenta que trabaja haciendo guías de turismo en Playa del Carmen, que hace tours con motocicletas y otras cuestiones”. Luego el hombre intentó desviar la conversación, dijo “que estaba separado de su mujer, que tenía una hija y también me pregunta si tenía novio. Yo le respondo que sí, que ya llevaba seis años de novia, que al regresar a la Argentina iba a casarme. Obviamente era mentira”.

“Cuando veo que lleva la conversación hacia esa dirección, le digo que me disculpe, que tenía que realizar una llamada telefónica. A todo esto yo caminando no me di cuenta que había pasado la calle que era mi posibilidad de escapar hacia donde había más gente. Lo llamo a Capu que es mi amigo y que no se ha movido de mi lado desde que esto pasó. Y cuando estaba distraída hablando por teléfono con él (…)el tipo me ataca por la espalda, me tira al piso, me sostiene del cuello y me tapa la boca. Cuando sentí el impacto empecé a gritar. En ese momento el tipo me tapa la boca y me dice ‘callate perra’”.

“Cuando pude liberar una de mis manos, le agarré la traquea y cuando logré hacerle el suficiente daño el tipo intentó soltarse, me pegó un puñetazo. (…) En ese momento se alejó y empezó a correr. La verdad es que no se si lo que lo alejó fue le hecho de que yo respondí el ataque, si fue el hecho de que yo gritara o que estaba viniendo un chico de seguridad con una linterna. De verdad en ese momento pensé que iba a matarme. En lo único que pude pensar cuando logré incorporarme fue en las chicas de Montañitas”.

“El tipo de seguridad intentó interceptarlo. Grité ‘es él’ para que lo atraparan, pero se escapó. Cuando me incorporé encontramos su mochila, vimos que había algunas de sus pertenencias, hilos de colores y cosas para hacer pulseritas. No encontramos ninguna identificación, lo que fue una segunda frustración. En ese momento sentía ira, estaba muy enojada porque no había podido pararme y perseguirlo. Si lo agarraba lo cagaba a piñas”.

“Cuando reviso a mochila y le pedí al chico de seguridad que me acompañara a revisar el lugar donde me había atacado, él encontró tirada unas tijeras. Ahí fue cuando me termina de caer la ficha de que el tipo quería violarme y de que me había salvado de casualidad”.

“Toda la vida practiqué artes marciales o hice cosas con intención de divertirme. Nunca pensé que me iba a servir para salvarme de un ataque de un ser humano. Y de todas maneras no es el punto. No podemos seguir pretendiendo que las mujeres sepan defenderse. No tenemos por qué saber defendernos. Nadie debería atacarnos a ninguna hora ni por lo que llevamos puesto, ni por las ideas que tengamos, ni por el hecho de estar en un lugar. Ningún lugar debería ser el lugar incorrecto”.

“No podemos seguir dejando que todo el mundo ande con miedo, porque yo no andaba con miedo. He estado viajando por México, he estado en la Ciudad de México, he estado por muchos lugares. Nunca tuve miedo de otra persona. Y en este momento yo ya no quiero salir de mi casa, yo no voy a querer viajar más, no voy a querer estar sola. Yo disfrutaba de mi propia compañía. A mi me gustaba estar sola. Y ahora ya no voy a poder hacerlo, al menos por un tiempo”.

“Solamente quería dirigir mi frustración en la dirección correcta. (…) Yo no estoy dentro de un círculo violento, pero también soy consciente de que hay muchas mujeres a las que golpean todos los días, a la cuales violan todos los días, a las cuales obligan a hacer cosas que no quieren, a las cuales las enajenan de su propio cuerpo”.

“Y el sistema de justicia no está preparado para recibir a este tipo de víctimas. Yo después de haber sufrido ese acoso, esa tentativa de violación tuve que estar peleando con policías. Evitaban usar la palabra violación. Me preguntaron al menos cinco veces si no había querido robarme. De verdad creo que lo más frustrante es la falta de apoyo por parte del sistema, al menos acá. Yo soy consciente de que me pasó en México, pero puede pasarte en cualquier lugar del mundo. Probablemente en la mayoría de los países no haya ningún organismo que se acerque a ayudarte”.

“Solo hago esto para generar conciencia. Es como si no nos tocara a nosotros no fuéramos conscientes de la situación. Y repito. No se trata de saber defenderse: no deberíamos tener que que saber defendernos. Solamente hay que educar y educar desde todos lados. Yo creo que mas allá de que siempre haya marchas y de que tengamos muy en claro que significa #NiUnaMenos y que de yo ya discutí esto miles de veces con muchas personas, realmente me frustra que sigan planteando dicotomías, que sigan planteando el “Nadie Menos” cuando es evidente que si hubiese sido hombre, nadie me hubiese atacado. (…) Las mujeres en general no estamos bien en la sociedad. No estamos en una situación cómoda, ni mucho menos. Nos están matando”.

Cosecha Roja
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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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