justicia por paola acosta - CBA24Cosecha Roja.-

“Yo no asesiné a Paola y no generé ninguna lesión a mi hija”. Esas fueron las últimas palabras de Gonzalo Lizarralde antes de escuchar la sentencia. Después de más de siete horas de alegatos, un jurado popular lo condenó a la pena de prisión perpetua por el “homicidio calificado por alevosía” de Paola Acosta.

Los integrantes de la Cámara 11 del crimen de Córdoba no reconocieron el agravante de violencia de género y la familia de la víctima adelantó que van a apelar para que la justicia lo considere como un femicidio. Lizarralde -que el 17 de septiembre de 21014 apuñaló y tiró a una alcantarilla a Paola y a la hija que tenían en común- llegó al juicio acusado de “homicidio calificado por la relación de ex pareja de la víctima mediando violencia de género y alevosía” y “tentativa de homicidio calificado por el vínculo contra una niña mediando violencia de género y alevosía”.

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Aquel día de septiembre, Lizarralde iba a llevarle por primera vez la cuota alimentaria a Paola Acosta por la hija que tenían en común. Las pasó a buscar y no las vieron más. Las encontraron apuñaladas en una alcantarilla. Paola estaba muerta y Martina deshidratada y con un cuadro de hipotermia: había sobrevivido 80 horas sobre el cuerpo de su mamá. “El único móvil para lo que le pasó a Paola y a Martina era su mera existencia”, dijo a Cosecha Roja Maru Acosta, hermana y tía de las víctimas.

El juicio por el femicidio de Paola y el intento de homicidio de la nena comenzó hace dos semanas. En la primera audiencia, y ante un jurado popular en Córdoba, el acusado se negó a declarar y comenzó la etapa testimonial.

Una de las testigos de la primera jornada fue Maru. Contó el desprecio que vivió su hermana durante su relación con el acusado y cuando le reclamaba que reconociera a la beba. “Nuestro objetivo a través de los distintos testimonios es demostrar su culpabilidad y que se considere femicidio. Es violencia de género, no la mataron por otra cosa. Por eso pedimos que se incorpore el agravante y la fiscal (Eve Flores) lo tomó cuando elevó el juicio”, contó.

El fiscal Diego Albornoz dijo que “hay una secuencia importante de indicios” que inculpan a Lizarralde: el testimonio de los vecinos, muestras de sangre en el asfalto, la casa de la Acosta y la camioneta de Lizarralde.

“Evaluamos como positivo que el juicio sea por jurados. Creemos que la sociedad se conmovió mucho por lo que pasó, no es fácil pero creemos que van a saber valorar lo que escuchen y que van a terminar concluyendo lo mismo que nosotros”, dijo Acosta.

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Paola tenía 36 años. Había trabajado en un call center pero la echaron porque faltaba mucho: tenía un embarazo de riesgo y pasaba muchas horas en las audiencias en Tribunales haciendo trámites para que Lizarralde reconociera a su hija. Después vendió juguetes y ropa en una plaza en Córdoba. “Era una chica muy alegre, generosa, buena, feliz y siempre le transmitía eso a sus hijos”, contó Maru.

El 17 de septiembre de 2014 la mujer y su hija desaparecieron. Lizarralde las había pasado a buscar por el departamento del barrio San Martín en el que vivían. Después del análisis de ADN positivo, la justicia había determinado que él debía pagar 1400 pesos de la cuota alimentaria y habían acordado ese día para que él hiciera el primer pago.

Cuatro días después, el 21 de septiembre, una vecina del barrio Alto Alberdi escuchó llorar a la beba, llamó a la policía y las encontraron tiradas en una alcantarilla: Paola estaba muerta y Martina viva, aferrada a su cuerpo. La beba de un año y nueve meses tenía un cuadro de hipotermia y golpes y estuvo internada en terapia intensiva en el Hospital de Niños de Córdoba durante varias semanas.

Desde el crimen de Paola, Maru se hizo cargo de la beba, que tenía un año y nueve meses. “Parece que lo que hizo mal fue reclamarle la paternidad. Él no lo quería aceptar, ni siquiera cuando tuvo el ADN, no tuvo intenciones de asumir su paternidad y la quiso tirar a la basura”, dijo. Y agregó: “Fueron muy finas las formas en las que la despreciaba, nunca nos imaginamos que iba a terminar de esta forma”.

La nena se recuperó y tuvo que aprender a vivir sin Paola. “Tiene una fortaleza muy grande. Mis tres sobrinos nunca más van a tener su mamá y Martina para siempre va a tener las cicatrices en el cuerpo”, dijo la tía.

El año pasado 277 mujeres murieron en manos de varones machistas y 330 hijos perdieron a sus madres. Según datos del Informe Anual del Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, en los últimos siete años, 2196 hijos se quedaron sin mamá y un 64 por ciento tienen menos de 18.

Foto:  Cba24

Nota publicada el 7 de octubre de 2015.