Rápido y vidrioso

 

Alejandro Radetic salió del penal de Ezeiza unos minutos después de la madrugada del miércoles. Lejos del perfil exhibicionista que mantenía en las redes, donde se lo veía en rodeado de mujeres en bikini en la pileta, manejando un vehículo con los pies, entrando marcha atrás en un peaje o derrapando sobre la vereda, el piloto esquivó las cámaras y los micrófonos y se subió a la camioneta en la que lo esperaba su abogado. Unas horas antes había asumido la responsabilidad por manejar su Porsche Cayenne a 240 km por hora por la Avenida 9 de Julio. La confesión le garantizó la libertad -ya no hay riesgo de entorpecimiento de la investigación- pero también aceleró los tiempos procesales: según confirmó Enrique del Carril, director de investigaciones judiciales de la Fiscalía de la Ciudad, es probable que haya “un juicio abreviado en breve”.

Radetic pagó una fianza de 100 mil pesos, perdió la licencia de conducir, se debe presentar en la fiscalía cada vez que lo citen y no puede salir del país. El castigo más importante para el piloto es la prohibición de participar de cualquier actividad relacionada con autos, ya sea de manera pública o privada.

Desde hace un tiempo Radetic lucha por convertirse en una celebridad. Su perfil público es la imitación burda de la vida del hijo de un capo narco. En las cuentas de Instagram y Facebook aparecen todos los clichés de la narcocultura: la utilización del cuerpo femenino y el auto como un objeto de deseo y la exhibición de armas y dinero como símbolo de éxito y poder.

Su modelo público es Dan Bilzerian, el “Rey de Instagram”, que tiene 22 millones de seguidores. Lo de Radetic siempre fue más de cabotaje: si bien era conocido en el ámbito del automovilismo, sus intentos de postularse como cantante o millonario excéntrico no habían tenido mayor éxito hasta ahora. Solo alcanzó las primeras planas cuando lo detuvieron luego de subir a Internet un video corriendo picadas por el centro porteño.

secuestro

Fortuna vidriosa

Igual que la mayoría de las celebridades de su tipo, Radetic es un heredero. Tenía apenas 6 años cuando su padre, Baltazar Antonio Radetic, fundó la constructora Marcalba S.A. El empresario tuvo sus quince minutos de fama en 1998, cuando estuvo prófugo de la justicia por una millonaria defraudación a la administración pública en compras y refacciones del Servicio Penitenciario Bonaerense. En esa época Alejandro tenía 18 años y daba sus primeros pasos en el mundo del automovilismo preparando vehículos para exposiciones. Después se especializó como piloto acrobático en la categoría drift, una disciplina japonesa que consiste en hacer piruetas derrapando con autos preparados.

Marcalba S.A creció a partir de jugosos contratos con el Estado en la construcción de terraplenes y desagües en la zona centro y sur de Buenos Aires. En 2007, el año en que falleció su fundador, la empresa fue denunciada por el entonces juez federal Guillermo Montenegro por la utilización de facturas truchas por casi 4,5 millones de pesos en el caso Skanska. La AFIP lo investigó por los mismos motivos. Cuatro años después, le facturó 150 millones al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en sociedad con otras empresas. Ese mismo año, la Coalición Cívica denunció a la Marcalba por una sobrefacturación del 160 por ciento en la obra de los trenes urbanos de Buenos Aires.

Según figura en los registros públicos, Alejandro no participó en la empresa hasta 2016, a casi diez años de la muerte de su padre, cuando asumió como director. El concejal de Junín Santiago Aguiar denunció que después de aportar casi medio millón de pesos a la campaña de Mauricio Macri a presidente, la constructora ganó como única oferente la licitación por 85 millones de pesos de la obra de repavimentación de la avenida Circunvalación de Junín, el municipio gobernado por Pablo Petrecca, de Cambiemos.

 

cara-radericCasi famoso

En su camino a la fama, Alejandro intentó codearse con estrellas de la farándula. Apenas logró participar en un videoclip de reggaetón en el que también hizo unas cameos Charlotte Caniggia, apareció en el programa de Ivo Cutzarida, se sacó fotos con Cristian U. y manejó el auto para un programa de fierreros en el que la ex participante de Bailando por un Sueño Ailén Bechara intentaba contestar preguntas mientras él derrapaba a toda velocidad.

También intentó hacer pie en el ambiente de los Youtubers locales. Participó de algunos videos donde adolescentes que se graban en la red social se acusaban mutuamente plagiar una canción. En algunos de esos videos lo llamaban “el amigo multimillonario” de tal o cual Youtuber.

En un video que circuló mientras estaba detenido, Radetic muestra los festejos en su “Mansión Drift” del country Nordelta. Como dice el clip, “así vive el equipo AGR competición”: música, bebidas y una pileta con acceso al lago a la que le agregaron un inflable gigante desde el que las chicas en bikini se tiran al agua.

En el allanamiento de la “Mansión Drift”, la policía encontró autos, motos y un arsenal: carabinas, fusiles, escopetas, pistolas y balas de distinto calibre. Todas estaban registradas. A nadie sorprendió el hallazgo. Los vehículos y las armas aparecen en las fotos que él mismo subía a Instagram y Facebook y en las que se lo ve rodeado de chicas jóvenes en bikini. El video que grabó mientras corría picadas con su amigo Alejandro Biscardi -hijo de un comisario retirado de la Policía Federal- fue la principal prueba que tuvo en cuenta el juez Pablo Casas para ordenar su detención preventiva por los delitos de conducción riesgosa y daño agravado (por destruir los conos del Metrobús).
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El cliché del cliché

Radetic intentó construir una imagen de hipermasculinidad a través de los estereotipos clásicos. Su mansión de Nordelta tiene vista al garage, donde descansan 24 autos de lujo.

“El templo mayor de las herramientas viales, el taller mecánico, es un ámbito típicamente masculino, decorado con imágenes de mujeres hermosas tapizando sus paredes, recordando esa suerte de polaridad cósmica que opone y une los géneros. Hay grasa, hay suciedad, y los cuerpos son sujetos a grandes esfuerzos físicos. El mundo de los vehículos parece pertenecer a la esfera simbólica de lo masculino, en donde las mujeres, para decirlo exageradamente, juegan de visitantes, o se transforman en objeto de deseo”, escribe Pablo Wright, el antropólogo que estudia los comportamientos del tránsito en Argentina.

Desde la estética, Radetic podría ser considerado una imitación de cabotaje de Iván Archibaldo Guzmán – hijo del famoso capo narco mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán – que se hizo famoso por mostrar en las redes la vida lujosa del heredero de uno de los cárteles más importante del mundo. Fiestas en mansiones, jóvenes modelos, pistolas y ametralladoras enchapadas en oro y leones y tigres como mascota. El Broly Banderas, de Los Caballeros Templarios o el Chino Ántrax, del cártel de Sinaloa, son otros ejemplos de los narcojuniors que explotan su imagen en las redes.

“Los grupos del crimen organizado aprendieron tempranamente a utilizar la web como boletín de difusión y como espacio para amenazar a adversarios y a autoridades”, explica la antropóloga Rossana Reguillo. Ya no solo utilizan las redes para infundir miedo, con fotos de degollados o cabezas cortadas desangrándose. La nueva generación busca transmitir glamour y demostrar riqueza. “En internet se refleja lo que acontece en el día a día. La cultura narco tienen una importancia central en los imaginarios: el consumo suntuario, el poder sin límites y el desprecio a la vida”, sostuvo Reguillo.

Las publicaciones de Raderic tienen el sello del amateur: fotos hiper retocadas y muy posadas, situaciones forzadas, videos con estética de canal de cable, ostentación permanente. Una especie de porno-riqueza clase b que no llega ni por asomo al estilo  de su inspiración,  Dan Bilzerian, el “Rey  de Instagram”.  En su cuenta, Bilzerian aparece en una tabla de wakeboard con una chica abrazada a su cuerpo, en un jacuzzi o arriba de un jet privado rodeado de mujeres en bikini o en topless, rodeado de billetes, disparando una ametralladora o sentado en un trono junto a un león.

Algo sí tienen en común. Igual que Radetic, Bilzerian heredó la fortuna de su padre, un empresario acusado de estafar al fisco por 62 millones de dólares.

En las fotos de su detención, Raderic aparece esposado y con una sonrisa. Quizás porque al fin logró lo que se proponía: que lo miraran. El chiste -que podría haberse cobrado la vida de cualquiera- le puede salir caro. Podrían condenarlo por conducción riesgosa y daño agravado a siete años de prisión. O a una pena menor en caso de que acceda a un juicio abreviado.

 

 

 

Sebastián Ortega
Sebastián Ortega

Periodista

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