Quiénes son los sospechosos del crimen de la militante travesti

sacayanJulia Muriel Dominzain – Cosecha Roja.-

Diana Sacayán era militante, bardera, revolucionaria, travesti, tucumana, una generadora de  vínculos. Fue pobre, tenía 15 hermanos. Se convirtió en abolicionista, peleó por los derechos de sus compañeras y reivindicó sus raíces indígenas. Así se definía ella y así la describen sus amigos. La policía la persiguió, la golpeó y la metió presa varias veces. Cuando encontraron su cadáver el 13 de octubre en su departamento de Flores, tenía 27 heridas: 13 eran puñaladas. “Fue un travesticidio. Si usáramos otra categoría volveríamos a matar a Diana, si de algo ella se enorgullecía era de ser travesti”, dijo a Cosecha Roja Lohana Berkins, militante, amiga y fundadora de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT). Por el crimen, hay dos jóvenes detenidos y procesados y la justicia espera los resultados de ADN para confirmar la autoría.

La causa está en el Juzgado de Instrucción 33 y fue caratulada como un homicidio agravado por violencia de género. A David M. y a Félix R. (los procesados) los encontraron porque siguieron los datos de los testimonios, los cruzaron con las cámaras de seguridad, la información de las antenas de celulares y una rueda de reconocimiento. Según los testigos, Félix entró al departamento a las ocho de la noche y David, diez y media. Los dos se fueron juntos, pasada la una de la mañana, y le tuvieron que pedir a un vecino que les abriera la puerta para salir porque no tenían llave. De la puerta del cuarto de Diana -donde estaba el cuerpo- los investigadores levantaron una huella dactilar y todavía se esperan los resultados de ADN.

Aunque encontraron el cuerpo el martes, los peritos determinaron que el crimen fue entre el sábado y el domingo. La autopsia indicó que Diana se intentó defender, que la ataron de manos y pies y la amordazaron. Tenía lesiones en todo el cuerpo. De la escena se secuestró un cuchillo con restos de sangre, una tijera y un martillo. Para Berkins, “es un crimen de odio, es el odio hacia lo diferente”. La gran pregunta es qué intentaron matar. “¿El asesino está matando a una travesti o está matando su propio deseo? Mata lo que le enseñaron a odiar, lo que consume de manera clandestina, lo que no puede hacer público”, dijo.

Uno de los artículos periodísticos que escribió Diana en la revista El Teje (“el primer periódico travesti latinoamericano”) es sobre un caso policial: el asesinato de Rubí, una chica trans a la que la policía interrogó cuando ya agonizaba en el suelo, antes de llevarla al hospital. Es que Diana vio morir a muchas compañeras. En el Informe Anual sobre crímenes de odio de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) figura que, durante 2014, se asesinaron a 5 personas trans y 2 gays. El documento se presentó poco más de un mes antes del asesinato de Sacayán en Flores.

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Antes de mudarse al departamento en Rivadavia al 6700, Diana vivía con dos hermanas en Laferrere, la localidad a la que llegó muy chiquita desde Tucumán:

– Quédense a dormir conmigo – les decía cuando alguna había tenido un mal día.

Así se acurrucaban, las tres, en su cama. “Éramos más que hermanas, éramos compañeras, cómplices, una especie de madres e hijas entre las tres”, dijo a Cosecha Roja Sasha Sacayán. La casa era un centro de reunión, de militancia, de ayuda. “Nosotras siempre supimos de los crímenes de odio. Cualquiera que necesitaba ayuda nos venían a buscar y ahí salíamos las tres, militábamos, hacíamos la denuncia, llamábamos a los medios, escrachábamos la comisaría, hacíamos cosas para que se enteren de que las chicas no estaban solas”, contó. Diana siempre tuvo una visión estratégica y supo construir puentes, vínculos sólidos. Articulaba con organizaciones, sumaba gente. “Sabíamos que a nosotras solas no nos iban a dar cabida”, dijo Sasha.

Uno de los cuñados de las hermanas Sacayán se enteró del asesinato de Diana por la radio, cuando viajaba en colectivo. El sobrino le decía que debía estar equivocado, pero no: el crimen de la militante rebalsó los medios y las redes sociales. “Por las características del hecho, está claro que hubo un ensañamiento específico, fue brutal”, dijeron a Cosecha Roja Nahuel Berguier y Gabriela Carpinetti, los abogados querellantes en representación de Sasha. Son parte del equipo jurídico junto con Abosex, que se reúnen con las organizaciones, la familia y los allegados. Además de la hermana, el INADI ya es querellante y buscarán que también se sume ALITT.

El fiscal Matías Di Lello trabajó con el protocolo de investigación y la colaboración de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) y los abogados destacaron el aporte de la Procuración General. “Fue fundamental, tanto para la reconstrucción del hecho como para el encuadre jurídico del caso en tanto crimen de odio”, explicaron. De hecho, en la reunión anual de fiscales del jueves, la Procuradora Alejandra Gils Carbó eligió la investigación del asesinato de Sacayán como uno de los temas centrales de la agenda del encuentro. Además, en el caso trabajó el equipo de la Dirección General de Acompañamiento, Orientación y Protección a las Víctimas (DOVIC).

Diana y uno de los procesados se conocieron en el Hospital Nacional En Red, donde hacían un tratamiento por un consumo problemático de drogas. El vínculo fue corto, porque a él le habían dado el alta el 9 de septiembre, poco más de un mes antes del asesinato. Diana llegó a presentarlo en algunos lugares como su chongo y el día del crimen lo recibió en el departamento de Flores con un beso en la boca. Por eso a varios les llamó la atención la ausencia de David en el velatorio de Diana, en la Asociación Boliviana de Laferrere.

“Las situaciones, los vínculos y las vidas de las chicas travestis son diferentes. Por eso, las violencias también son distintas”, dijo a Cosecha Roja Iñaki Regueiro, de Abosex. Él y Emiliano Litardo son parte de un colectivo que defiende los derechos sexuales y de diversidad. Entienden al travesticidio como una de las expresiones de la violencia de género que “sucede en un marco de discriminación estructural de las identidades travestis y transexuales”. Litardo se preguntó: “¿Cuál es el motivo de que haya una matanza?, ¿qué se activa? Al asesinar se quiere reubicar cierta ‘normalidad’ en la relación entre el cuerpo y la identidad”.

Regueiro insistió con reflexionar sobre los patrones de violencia para poder pensar medidas de prevención, teniendo en cuenta la concepción de subhumanidad que tiene el agresor, la poca expectativa de vida de las personas trans, la violencia institucional que sufren de las fuerzas de seguridad, la exposición que provoca la prostitución y el homicidio como la última etapa de la exclusión.

Para Lohana Berkins, el travesticidio desnuda la precariedad estructural de sus vidas. “Cuando decimos que somos pobres, es porque somos pobres, por más instancias de visibilidad pública que logremos tener. Insistimos en el uso del término como un modo de ampliar y poner en evidencia la matriz de la opresión, la desigualdad y la subordinación que atravesamos”, dijo.

Para Sasha, la cotidianeidad de las chicas es “vivir como esperando la muerte”. Una vez, cuando volvía del colegio, vio un tumulto en la zona cerca de la estación en la que paraba su hermana. Entre la gente, se veía un cadáver tapado por una sábana y policía. Se bajó del colectivo corriendo, estaba segura de que era Diana. Pero no: había sido un accidente de tránsito.

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Diana se subió a una silla, se levantó la remera, mostró las puñaladas y heridas de su cuerpo y gritó:

– ¡Esto hace la prostitución! ¡No me digan que es un trabajo!

Fue hace años, en un encuentro en Europa, frente a un grupo que defendía el trabajo sexual. Para ella, generar revuelo era normal: cada vez que hacía algo se encendía un torbellino. Revolucionaria, terrenal, rebelde, combativa, consecuente, guerrera y provocadora: así la definen sus amigos y compañeros de militancia.

“Tenemos una sexualidad construida en el mundo prostibulario y la construcción de nuestro cuerpo es de manera violenta, ¿cómo van a desear nuestros cuerpos si la sociedad ni siquiera se atreve a imaginar nuestros cuerpos?”, dijo Berkins.

Diana nació en Tucumán en 1976 y a los 17 tuvo que irse de su casa en La Matanza y dejar la secundaria. Varias veces intentó terminarla. El año pasado, el propio director del Centro de Estudio de Nivel Secundario (CENS) le hizo una propuesta para que le pusiera el broche.

– Dale, sí, pero insistime porque si no yo me cuelgo – respondió Diana.

El hombre cumplió: cuando ella volvió de Cuba le mandó otro mensaje. Fue en julio de este año y ella había viajado a la isla por la VIII Jornada contra la Homofobia y la Transfobia. Ella misma contó la experiencia en Página/12:

“Las chicas me miraban extasiadas, ven a Argentina como paraíso travesti. Hay una diferencia grande entre las travestis argentinas y las cubanas. Estas últimas, aun sin nuestros avances, cuentan con una gran ventaja: tienen un nivel educativo maravilloso. Te discuten todo y de todo saben. Todas las travestis que conocí tenían el secundario completo”.

Como no tuvo preparación para competir en el mundo del trabajo, durante mucho tiempo la única alternativa fue la prostitución. Pero siempre que podía, Diana denunciaba que la prostitución no podía ser la única opción para las personas trans. Por eso con sus hermanas estaban armando un proyecto de bachillerato. Después de que murió, la idea renació: varios docentes y compañeros de estudio de Sasha le ofrecieron colaborar. “Sigue generando cosas”, dijo Sasha.

En el procesamiento, dice que la muerte de Diana fue “motivado en su calidad de miembro del equipo del Programa Diversidad Sexual de INADi, impulsora de la lucha por los derechos de las personas trans, líder de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays y Bisexuales (ILGA) y dirigente del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL)”.

“La Justicia ha construido víctimas de primera (estudiante, joven, pura e inocente) y de segunda (las travas, las prostitutas, los villeros, los bolivianos). Mató a una trava, no mató a una mujer. Hay que concederle a las víctimas la dignidad de la muerte. En mi lápida me encantaría que diga ‘Lohana Berkins, travesti’ porque daría cuenta de cómo he vivido, qué camino he recorrido”, dijo la militante.

Publicado el 4/12/2015

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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