Un crimen de odio en Cartagena

Cosecha Roja.-

La historia de amor de Carolina y Samir Ramos terminó el domingo en la madrugada. Conversaban, se abrazaban, avanzaban por la Vía Perimetral, en el camino hacia su casa en el barrio La María. Les faltaban unas cuantas cuadras para llegar cuando dos hombres les cerraron el paso y comenzaron a disparar. A ella le dieron seis balazos, pero sobrevivió. Él no pudo correr y murió de inmediato.

La Policía dijo que fue otro hecho de inseguridad en Cartagena. Que dos ladrones quisieron robarle una cadena de oro a una mujer, y que su novio trató de defenderla. Pero Carolina, de 24 años, es transexual, y cree que fue un crimen de odio. A ella y a su pareja los atacaron dos hombres con el rostro tapado, sin haber cruzado una palabra.

Samir Virgilio Ramos Blanquicett, de 28 años, conoció a Carolina en un boliche. Bailaron, se gustaron, y comenzaron a salir. Llevaban más de dos años juntos y por eso decidieron, hace tres meses, que era el momento de convivir bajo el mismo techo. “Era un muchacho de su casa, no tenía problemas ni se metía con nadie”, le dijo ella a El Universal de Cartagena.

Carolina es estilista y tiene clientas fijas. Samir trabajaba haciendo changas. Vivían sin lujos, pero de vez en cuando podían salir al parque y tomarse unos aguardientes. El sábado en la tarde, él le pidió que lo acompañara a un centro comercial. Ella no tenía muchas de ir, pero a última hora decidió darle el gusto. “Hicimos unas compras y él cobró una plata. De ahí me mandó en una moto para la casa. Como yo no tenía llaves, me quedé ahí en la esquina hablando. Él llegó después a pie y me dijo que saliéramos, que quería tomar, pero yo no quería ir. Cuando él ya se iba, decidí irme con él”, relató.

Eran las nueve de la noche. Samir compró una botella de aguardiente y se sentaron en un parque, al pie de la Ciénaga de la Virgen. Tomaban despacio, sin afán de nada porque el domingo sería un día para descansar. “Cuando ya iba media botella, eran como las 3 de la mañana. Le dije que nos fuéramos pero él no quería. Lo convencí y nos devolvimos caminando”, dijo Carolina.

No era un trayecto muy largo y la noche estaba fresca. “Ya habíamos avanzado gran parte del camino cuando salieron dos hombres morenos de la nada. Uno estaba todo vestido de negro y el otro tenía un buzo blanco. Los dos llevaban camisas negras envueltos en la cara. Tenían revólveres, uno era de cacha blanca. No dijeron nada, solo empezaron a disparar”, contó la chica. Con su versión, contradice lo que informaron los policías.

A Carolina la rozaron seis balazos. La hirieron en la espalda y en el brazo izquierdo. Cuando los hombres comenzaron a disparar, ella echó a correr y se escondió en unos matorrales, junto a la ruta. Supo que Samir no había escapado cuando siguió oyendo disparos. Los vecinos del barrio La Esperanza, cerca de donde los atacaron, la llevaron a un centro médico. Su novio murió en el puente de la calle 42. Lo habían alcanzado tres disparos.

Sin punto final

La corporación Caribe Afirmativo sigue de cerca el caso, por la posibilidad de que la muerte de Samir y las heridas de Carolina hayan sido un ataque por prejuicios homofóbicos. Wilson Castañeda, activista, dijo a Cosecha Roja que grupos criminales han distribuido panfletos contra integrantes de la comunidad LGTBI en distintos municipios de la Costa Atlántica.

Desde el 2007, esa organización ha denunciado 64 crímenes de odio en el Caribe colombiano. En lo que va del 2012, han contabilizado 13; de ellos, 7 han sido contra mujeres transexuales.

Además del peligro de muerte al que están expuestas, las personas de la comunidad LGTBI son blanco constante de agresiones y apremios: en Soledad, a una mujer trans trataron de prenderle fuego cuando estaba en su peluquería; en Santa Marta, una pareja gay que visitaba las playas de Taganga fue agredida por particulares; en Sincelejo, una mujer trans fue violada y golpeada.

La misma Policía ha sido denunciada en varias ocasiones por atacar a travestis y mujeres trans: “las retienen ilegalmente, las asustan en las patrullas dándoles vueltas por las ciudades, las golpean, las intimidan y les cobran dinero por dejarlas libres”, contó Castañeda.

Cuando Carolina se dio cuenta de la muerte de su novio y de cómo había ocurrido, su primera reacción fue irse de Cartagena. Viajó a Barranquilla, a dos horas en bus, para refugiarse donde otros familiares. La madre de Samir era la única que quedaba en la ciudad para pedir justicia por su hijo y aclarar el crimen. Desde las páginas de los medios locales, le pidió a la joven que volviera para contar su versión de los hechos. “Ella es la principal testigo y si no viene, nos da miedo que todo quede en la impunidad”, dijo Glenis Blanquicett.

Fue por eso que Carolina volvió a Cartagena, aunque sigue temiendo por su vida. Hasta el momento, las investigaciones judiciales, como en los casos denunciados por Caribe Afirmativo, no han avanzado: no hay sospechosos, no hay capturados, no hay móviles conocidos. La Policía dijo que “pudo ser un atraco”, pero de nada hay certezas.

Con información de El Universal.

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